
París,
2 de agosto de 2006
Querida
Ofelia,
Aprovecho
esta mañana nublada parisina, para escribirte
sobre el gran pintor holandés que a ti
tanto te gusta.
Vicente
Van Gogh nació el 30 de marzo de 1853 en
el pueblo de Zundert, era el mayor de los seis
hijos de un pastor protestante. Pero como tenía
tres tíos comerciantes de obras de arte,
desde muy pequeño se vio en contacto con
la pintura.
A
los 16 años comenzó a trabajar como
empleado en la Galería de Arte Goupil en
La Haya. Desde allí fue trasladado a Bruselas,
después a Londres y a París en 1875.Al
visitar el Louvre, quedó fascinado por
los cuadros de Corot, Millet y Delacroix.
Perdió
el empleo un año más tarde y decidió
seguir el ejemplo de su padre. Comenzó
los estudios de teología en Amsterdam,
pero los abandonó sólo dos años
después para ocuparse de los mineros pobres
de Borinage en Bélgica.
Criticado
por la jerarquía eclesiástica ,
que lo encontraba poco dotado para la evangelización
y quizás demasiado místico, tomó
la decisión de dedicarse al arte. En una
carta a su hermano Théo del 24 de septiembre
de 1880 escribió: “No sé como explicarte
lo feliz que me siento al volver a pintar.”
Entre
1881 y 1886, Vicente vivió en el pueblo
de Nuenen, Holanda, ayudado económicamente
por Théo y su primo Anton Mauve, dedicándose
cuerpo y alma a la pintura. Es la época
de sus cuadros sobre la vida campesina y también
de sus penas en amores.
En
1886 se fue a París, donde Théo
administraba la Galería Goupil en el barrio
de Montmarte, gracias a lo cual conoció
personalmente a grandes pintores y entró
en contacto con el Movimiento Impresionista. Pero
cansado por la intensa vida parisina y sobre todo
ante la perspectiva de la boda de su hermano,
Vicente decidió ir hacia el gran sur francés.
Se instaló en la bella ciudad de Arles
el 1888, en la hoy célebre Casa Amarilla.
El intenso sol y la naturaleza mediterránea,
espléndida para ese hombre del norte de
la Vieja Europa, hicieron que se transformara
y se comenzara a apartar del impresionismo.
“Para
triunfar en la vida hace falta tener ambición,
y la ambición me parece algo absurdo. (...)
Me retiro en algún lugar del sur, para
no ver a tantos pintores que me repugnan como
hombres”- Carta a Théo en el verano de
1887.
El
23 de diciembre, después de haber pintado
con Paul Gauguin, se cortó una oreja como
consecuencia de una desavenencia con su amigo.
Fue hospitalizado y arrojado a la soledad, la
gran soledad que lo acompañaría
hasta el final de su vida.
Después
de haber sido hospitalizado de nuevo a inicios
de 1889, en el mes de mayo Vicente se presentó
en el hospital psiquiátrico de Saint- Rémy
en Provence, implorando para que lo ingresaran
para que le impidieran suicidarse.
En
1889 gracias a un artículo elogioso de
Albert Aurier publicado en “Le Mercure de France”,
Van Gogh logró vender su primer cuadro-
nunca más vendería otro-, a la artista
belga Anna Boch.
En
el mes de mayo, por iniciativa del pintor Pissarro,
Vicente fue tratado por el doctor Gachet en Auvers-sur-Oise.
Pero convencido de que estaba perdiendo la razón,
Van Gogh se disparó una bala en pleno pecho.
Murió dos días más tarde,
el 29 de julio de 1890, a su lado se encontraba
Théo. Este último morirá
un año más tarde.
Tres
días antes de suicidarse, en una carta
a Théo, escribió: “En lo que me
concierne, yo me aplico en mi pintura y trato
de hacer tan bien como algunos pintores que he
querido y admirado mucho.”
Abierto
en 1973, el Museo Van Gogh de Amsterdam aparece
al exterior como un bloque de cemento, obra de
Gerrit Rietveld (1888-1964). Es una arquitectura
típica del Movimiento holandés de
Stijl (Estilo). Pero la sorpresa es grande al
pasar el umbral, gracias a la lumiosidad y al
espacio. Los espléndidos cuadros han sido
colocados en forma muy didáctica, los butacones
y banquetas permiten contemplar las obras de arte
en una atmósfera muy cómoda y agradable.
Siete
carnets de croquis, 200 cuadros, 580 dibujos y
750 cartas de Van Gogh, a los cuales hay que agregar
numerosas obras de arte de artistas contemporáneos
(siglo XIX): Manet, Toulouse-Lautrec, Bernard,
Laval, Gauguin, Pissarro, Picasso, etc., son los
fondos con que cuenta el museo.
Algo
muy impresionante son los 18 autorretratos de
Van Gogh, por medio de los cuales se puede apreciar
la evolución artística y psicológica
del artista que padecía de epilepsia.
Bellísimos
son los cuadros: “Botes de pescadores en la playa
de Saintes-Maries-de-la Mer”, (playa que se encuentra
cerca de Arles, en el Mediterráneo); “El
cuarto de Vicente”, que evoca la paz a la que
aspiraba el pintor, fatigado a causa de tanto
trabajar al aire libre bajo el sol; “El sembrador”,
y sobre todo “Los Girasoles”, flores que simbolizaban
el agradecimiento según el pintor, este
cuadro hace ilusión a los que decoraban
la habitación de Gauguin en la Casa Amarilla.Otro
cuadro espectacular es “Los Lirios.
La
colección termina con tres obras de arte
pintadas en 1890, absolutamente dramáticas
con atmósferas que presagian la tormenta:
“Campo de trigo con cuervos”, “Campo de trigo
bajo un cielo tempestuoso” y “El Castillo d’Auvers.”
En
una carta que no fue enviada, Vincent escribió
a Théo: “¡Pues bien!, nosotros no
logramos hacer hablar de nuestros cuadros(...),
te lo digo de nuevo (...), tú formas parte
de la producción de algunos lienzos, que
incluso en medio de la derrota, conservan la calma.”
Querida
Ofelia, mientras recorría las espaciosas
salas del Museo Van Gogh, pensaba en lo que te
hubiera gustado hacerlo conmigo, quiero que sepas
que tú estabas allí espiritualmente.
Para
mí Amsterdam es Ana Frank, Van Gogh y Rembrandt.
Me falta sólo escribirte sobre éste
último. Será la cereza sobre la
tarta, como dicen los galos.
Un
gran abrazo desde estas viejas tierras europeas
que respiran el Arte.
Te
quiere siempre,
Félix
José*.
* Félix José Hernández
es un exiliado cubano residente en Francia. Es
profesor de Civilización de América
Latina en la Université de Marne-la-Vallée
y fue redactor de Les Cahiers d'Histoire Sociale.
Pintura:
La Silla de Van Gogh