Huber
Matos A.
Agosto 8 de 2006
San José, Costa Rica
Si algo inmediato y concreto puede lograrse de
la presente crisis en Cuba es que el destierro
cubano aproveche la oportunidad para convertirse
en un factor decisivo en la democratización
del país, papel que le corresponde por
ser parte del pueblo de Cuba y por su esfuerzo
permanente a favor de la libertad de la patria
durante más de cuatro décadas. El
poder económico y político de dos
millones de exiliados, y el respaldo que podrían
recibir en todo el mundo, representan una posibilidad
incalculable. Pero sin unidad la oposición
democrática cubana es irrelevante. Si los
demócratas queremos ser eficaces, tenemos
primero que afrontar con sinceridad la realidad
brutal.
El castrismo está agotado ideológicamente,
con un fracaso económico muy difícil
de revertir y con una dirigencia desacreditada
pero maquiavélica. Sin embargo, no se le
puede subestimar. Está en el poder con
todos los recursos represivos de un estado totalitario.
Cuenta con el financiamiento de Hugo Chávez,
la indiferencia o simpatía de gobiernos
como el de España, y el respaldo entusiasta
de la izquierda demagógica en el mundo.
La dictadura aspira a transitar sin problemas
los dos últimos años que le faltan
al gobierno de Bush para llegar, según
ellos creen, al puerto seguro de un gobierno demócrata
en los Estados Unidos. La población en
la isla, como cualquier pueblo sometido a un sistema
totalitario por largo tiempo, está semiparalizada
por el temor y por una represión atenta
e implacable.
El destierro cubano no ha podido fortalecerse
con los fracasos del castrismo. La presente crisis
lo ha demostrado con amplitud. Hemos actuado casi
como espectadores por no contar con los recursos,
los planes y la coordinación necesaria
para actuar. El exilio está lejos de alcanzar
su potencialidad política y económica.
Sin unidad, la oposición democrática
no tiene credibilidad, y sin ésta no hay
un proyecto que pueda motivar a los cubanos y
a otros ciudadanos de todo el mundo que quieran
ayudar a propiciar un cambio en Cuba. Una maquinaria
de desinformación internacional ha aprovechado
las posiciones radicales de una ínfima
minoría exiliada, para presentarlo como
una comunidad reaccionaria, agresiva y llena de
resentimientos. Por otra parte, la oposición
en la isla, sin recursos ni medios de comunicación,
tiene una limitada capacidad de convocatoria.
Sobrevive acosada por la infiltración,
las amenazas y la represión.
El gobierno de Bush está empantanado en
Iraq y a pocos meses de las elecciones, en las
que luchará por mantener una pequeña
mayoría en el Congreso. A solo dos años
de las elecciones presidenciales, su prioridad
es presentar al electorado norteamericano un progreso
creíble en la lucha contra el terrorismo
y la estabilidad en Iraq; tarea nada fácil
en tan poco tiempo. El actual presidente estadounidense
quisiera una Cuba libre, lo quisieron quienes
le precedieron, pero no pudieron o no dieron prioridad
a la cuestión cubana. Bush ha puesto a
disposición de la democratización
de Cuba 235 millones de dólares para los
dos últimos años de su gobierno,
que es una fracción del apoyo equivalente
a cuatro mil millones de dólares que dará
Hugo Chávez a la dictadura castrista. Durante
sus seis años de gobierno, Radio y TV Martí
han sido interferidos sistemáticamente,
evitando que la programación cumpla su
objetivo y brindando a la tiranía una victoria
diaria. El avión Commando Solo, que presuntamente
evitaría la interferencia a las transmisiones
de Radio y TV Martí, ha comenzado a transmitir
con dos años de atraso. Una muestra de
que, a pesar de haber ayudado a elegir dos veces
al actual presidente y teniendo influencia, no
hemos podido articularla.
En el escenario cubano y sin pretender excluir
otros factores de importancia, pienso que estos
son determinantes:
1) El subsidio venezolano
2) Los ingresos de la industria turística
3) Los envíos de remesas del exilio
4) La continuidad del pacto migratorio
5) La división entre los cubanos
6) La voluntad del gobierno de Bush
7) La habilidad de Raúl o Fidel
8) La fe del pueblo cubano en su futuro
Ante ellos es necesario meditar, planear y actuar.
Sugerencias al exilio cubano:
a) Tiene que unirse, sin que esto signifique que
las organizaciones abandonen su enfoque ideológico
y su capacidad organizativa.
b) Tiene que crear un fondo que le dé independencia
y canalice recursos a los proyectos encaminados
hacia la democratización de Cuba.
c) Tiene que conseguir que se cierre la válvula
de escape (el pacto migratorio).
d) Tiene que presionar a la administración
Bush para que, en los dos años que le quedan,
se rompa definitivamente el bloqueo de información
de la tiranía.
e) Tiene que hacer una campaña profesional,
sistemática y permanente en todo el mundo
a favor de una nueva imagen, solicitando respaldo
y pidiendo que no se viaje a Cuba hasta que se
liberen los presos, se respeten los derechos humanos,
etc.
f) Tiene que insistir en su apoyo a la reconciliación
nacional y su papel de respaldo al cambio interno.
Hay que levantar al pueblo de su postración,
y para eso hay que entenderlo, en lugar de estigmatizarlo
porque no se enfrenta al régimen. Hay que
dejar de hablar del castrismo y proyectarse al
futuro.
El exilio debe unirse alrededor de principios
fundamentales y hacer un planteamiento de transición
en Cuba. Adicionalmente, debe formular las reglas
para que cada organización presente proyectos
que pueden ser financiados por los fondos recaudados.
Estos serían evaluados por un grupo de
cubanos que estén por encima de las rivalidades
políticas y que hayan sido seleccionados
por su capacidad, patriotismo y honradez. Estos
“notables” tienen que renunciar de antemano a
posiciones políticas en un gobierno de
transición.
El exilio debe apoyar política y económicamente
a la oposición interna. Debe insistir con
prioridad en la reconciliación nacional
y la transición democrática. Persuadir
con hechos y palabras a los cubanos en la isla
de que las diferencias de criterio, la pluralidad,
en lugar de paralizar a los demócratas
los enriquece.
La unión entre los cubanos no es fácil.
Nos falta madurez política. Padecemos de
excesivo protagonismo y poca flexibilidad. Hay
intereses creados, y la dictadura siempre ha dedicado
importantes recursos y esfuerzos a la tarea de
alimentar la división entre los cubanos.
La unidad, planes sensatos y concretos que sean
debidamente ejecutados, ayudarán desencadenar
las energías y aspiraciones del pueblo
cubano. Si el exilio asume su responsabilidad
histórica puede salvar a Cuba. De lo contrario,
la tiranía se perpetuará. Sin unidad,
la oposición democrática cubana
es irrelevante.
Huber Matos A.
Agosto 8 de 2006
San José, Costa Rica