
ANDREA RODRIGUEZ
Associated Press
Olga Navarro, LA HABANA
Vestida
de seda celeste, enormes tacones, blonda cabellera
de peinado armado, uñas esmaltadas y labios
delineados de rojo, la compositora y conductora
de espectáculos, Olga Navarro, no dudó
un instante: "¿El bolero? "chica,
tú sabes... es la vida, es la muerte, es
licor, es alegría, fiesta, amor, una forma
de expresión con música", dijo
casi sin respirar.
A
metros de distancia, junto al pequeño escenario
con luces de colores giratorias, la esperaban
decenas de personas _en su mayoría con
más de 50 años como la propia Navarro_
que abarrotaban el Cabaret "Las Vegas",
un lugar legendario y este día dedicado
a homenajear el bolero, nacido en Cuba hace más
de cien años y de rápida propagación
continental.
"El
pueblo sigue oyendo boleros aunque en la televisión
o la radio ya no los pongan tanto. Para la gente
no morirá, porque el sentimiento seguirá
vivo para siempre", explicó con firmeza
a la AP.
La
suya es una de las por lo menos 50 "peñas"
dedicadas a cultivar esta viva manifestación
del sentir latino en la capital caribeña.
Basta
cerrar los ojos para imaginar la cálida
pasión que proyecta el clásico firmado
por Isolina Carrillo: "Dos gardenias para
ti/ con ellas quiero decir/ te quiero, te adoro
mi vida/ ponle toda tu atención /porque
son tu corazón y el mío".
Para
cuando les tocó subir a escena a las damas
del legendario Cuarteto de las "D'Aida",
los asistentes a "Las Vegas" deliraban.
"El
o la artista siente en su alma lo que está
cantando, por eso el público lo recibe
así: debe ser el clima tropical y porque
somos fogosos, sentimos con mucha intensidad",
exclamó coqueta la cantante Lilita Peñalver,
sucesora de una de las hermanas Portuondo en el
grupo femenino, gloria de los años 40.
Esta
fue una noche especial pues el local formó
parte de las subsedes del Festival Internacional
Boleros de Oro, un evento que lleva anualmente
el género a todo el país intentando
restituirle espacio a un canon con dificultades
de difusión, pero infaltable al final de
las fiestas cuando se impone la media luz y el
abrazo para bailar apretados.
Basta
cerrar los ojos para imaginar el drama de amor
que supone un clásico firmado por María
Teresa Vera: "¿Qué te importa
que te ame/ si tú no me quieres ya?/ el
amor que ha pasado no se puede recordar".
Lejos
de los escenarios los expertos buscan interpretar
la magia.
Aunque
no se conocen con exactitud sus fuentes, en general
los musicólogos coinciden en fijar el nacimiento
del bolero a comienzos de los 1880, cuando el
santiaguero Pepe Sánchez compuso "Tristezas",
una pieza para serenatas de tradición española
e hija del danzón en boga por entonces.
"Era
un mulato elegante, sastre", recordó
José Padilla Sánchez, nieto del
creador y él mismo saxofonista y productor.
Por
aquel tiempo, los prejuicios sociales no faltaban
y abundaba la necesidad de expresar los sentimientos
románticos y por qué no una excusa
para poder tocar a la mujer amada proponiéndole
un baile para deshacerse de chaperones.
Basta
cerrar los ojos para sentir el impulsivo deseo
que expresa un clásico firmado por Osvaldo
Farrés: "Toda una vida estaría
contigo/ no me importa en qué forma/ ni
cuándo, ni cómo, pero junto a ti".
Los
discípulos de Sánchez trajeron al
bolero aires de son, que se iniciaba con un tiempo
lento y luego se aceleraba; mientras los compositores
sofisticaron sus letras hasta llegar al "fílin"
(cubanización del término inglés
por sentimiento), un movimiento que a mediados
del siglo pasado hizo despegar la música
cubana llenándola de influencias estadounidenses,
del jazz y del blues pero sin que perdiera su
raíz.
César
Portillo de la Luz, Frank Domínguez, Elena
Burke y la Diva del Buena Vista Social Club, Omara
Portuondo, conformaron esa tendencia que no descartó
nutrirse de la música mexicana y puertorriqueña,
donde el bolero ya brillaba con luz propia.
Basta
cerrar los ojos para respirar el sabor de un clásico
firmado por José Antonio Méndez:
"Dios dice que la gloria está en el
cielo/ que es de los mortales el consuelo al morir/
Bendito Dios porque al tenerte yo en vida/ no
necesito ir al cielo/ sí alma mía...
la gloria eres tú.
Sin
embargo, pese a las inquietudes sociales de los
trovadores de los 70, el bolero con su romanticismo
melodramático no desapareció. Tal
vez Pablo Milanés fue un ejemplo del intimismo
con su "Yolanda" o "El breve espacio
en que no estás".
En
paralelo, el bolero más tradicional siguió
reeditándose cada día en los pequeños
espacios populares como los de Olga Navarro. "Debemos
reconocer a todos estos cantantes del 'undebolero'
(subterráneo). Hay cientos de voces que
cultivan el género pero que no graban discos",
lamentó el investigador musical Toni Basanta.
Pero,
en qué situación se encuentra actualmente
el género con relación al público
joven y los creadores más vanguardistas,
se le preguntó por su parte al experto
Roberto Zurbano, un treintañero que trabaja
para la Casa de las Américas.
"Lo
que pasó es que en algún momento
se rechazó el bolero por decadente, por
demodé", señaló Zurbano,
para quien la sobreactuación y la dramatización
alejó momentáneamente a la gente
de menos edad.
Paulatinamente,
los músicos renovadores volvieron a mirar
al bolero y no vacilaron incluso en fusionarlo
con ritmos tan revolucionarios como el hip-hop
o hacerlo parte de las mezclas de disc-jockeys.
A
la fecha la riqueza de este canon determinó
la maravillosa coexistencia de dos grandes vertientes:
"el bolero más tradicional de los
viejitos en las peñas y el género
pujante de los jóvenes que se renueva",
sentenció Zurbano.
Al
final de cuentas es como dijo Lino Betancourt,
uno de los mayores musicólogos de la isla:
"lo importante es que se cante el bolero
y se siga manteniendo vivo" y según
parece sus deseos se harán realidad...
"eternamenteeeeeeeee", como lo auguró
la canción.