
Por:
MGuatyMarrero
Cancún,
México,
09/05/2006
Hace
muchos, pero muchos años, en Matanzas,
Cuba, ocurrió el suceso que les voy a narrar.
Allá por la primavera del año 1795,
y muy cerquita del rió San Juan -río
que atraviesa Matanzas-. Vivía Julia Rosa
con su abuela María Teresa, en una pequeña
casucha de madera y guano. Julia Rosa era una
bella jovencita de 17 años, de piel acanelada
y hermosos y profundos ojos verdes. Su abuela
María Teresa, era una negra esclava. Según
decían las malas lenguas la niña
Julia Rosa, tenía los mismos ojos del amo
de su abuela: Don Sebastián.
Doña
Rosario, la hermana de Don Sebastián sabía
que la niña era hija de Julia, la difunta
hija de la vieja esclava. Julia había muerto
al dar a luz a una niña casi blanca, con
profundos ojos verdes, 17 años atrás.
Don Sebastián lloró mucho en el
entierro de Julia.
A
Doña Rosario le incomodaba la idea de que
en un futuro, probablemente su hijo Felipe tuviera
que compartir la herencia de su tío con
su prima Julia Rosa.
Felipe
tenía 25 años y había pedido
en matrimonio a Elvirita, una niña bien
de la ciudad. El planear ese matrimonio, y mantener
su posición económica y social,
constituían una obsesión para Doña
Rosario. Era necesario ocultar la verdadera identidad
de la niña de los ojos verdes.
Un
día llegó a oídos de Doña
Rosario y de Doña María Elvira -
mamá de Elvirita, y futura suegra de Felipe-,
que el joven llevaba dos semanas visitando la
choza del río. ¡Las dos mujeres estaban
enfurecidas con la noticia!, y se pusieron de
acuerdo para utilizar las dotes de brujo deTata
Mongo, el viejo esclavo de Doña María
Elvira.
Tata
Mongo declarábase jefe brujo con grandes
poderes mágicos, adquiridos a través
de su herencia africana, y manifestaba que los
dioses le hacían favores. El brujo, aseguró
categóricamente a las dos mujeres, ¡que
él, Tata Mongo!, ¡separaría
a la niña Julia Rosa del niño Felipe!
El hechicero comenzó a rondar la choza
del río, hasta que se cercioró que
Julia Rosa se encontraba sola, llegó cuando
ya atardecía, y le ofreció un extraño
dulce de coco a la jovencita. Julia comió
el dulce de coco, estaba muy sabroso, aunque ocultaba
un extraño sabor que ella no reconocía.
Mientras
la jovencita comía, el hechicero hablaba
y hablaba, narrándole extrañas historias
de los poderes de los grandes brujos en África,
uno de los grandes poderes era el darle vida eterna
a las mujeres después de convertirlas en
aves
Julia
Rosa estuvo muy interesada en las historias que
el negro le contaba, también le dio un
poco de miedo, pero su curiosidad la venció,
y le preguntó: ¿Tata Mongo puedes
tú convertirme en ave? , claro que si mi
niña, le respondió el brujo............
¡y vivirás para siempre!
Todos
buscaban a Julia Rosa, Matanzas no dormía,
la gente se juntaba para registrar hasta el último
rincón de la ciudad, ¡había
desaparecido como por encanto! nadie la había
visto. ¡Don Sebastián actuaba como
enajenado!, ¡la vieja María Teresa
no paraba de llorar!, ¡Felipe buscaba desesperado!,
la pequeña se había esfumado.
Pasaron muchas horas y muchos días, hasta
que una noche la vieja María Teresa reunió
a todo el pueblo, Don Sebastián, Doña
Rosario, Doña María Elvira, su hija
Elvirita, y Felipe incluidos. Les anunció
con voz temblorosa que su nieta había sido
victima de un maleficio. ¡Que la habían
convertido en gaviota! Todos miraban a la vieja
esclava desconcertados, ¡la vieja María
Teresa, se había trastornado!
Felipe,
merodeaba noche y día junto al río
cerca de la choza, ya no lloraba, sus ojos no
tenían lágrimas. Habían pasado
muchos meses desde que Julia Rosa había
desaparecido. Una tarde en que el sol descendía
hundiéndose en el río, Felipe vio
una extraña gaviota que volaba hacia él,
la insólita ave se posó en una piedra
cercana, y ladeando la cabeza lo miró............:
con unos profundos ojos verdes.
Felipe
no tenía otra ilusión que la de
ver a la gaviota del río, existía
para verla, para estar cerca de ella, y así
pasó un año o quizás menos,
y el pobre enamorado enloqueció.
Y
a pesar de del tiempo transcurrido, y de que mucho
ha acontecido de esa fecha a nuestros días,
relatan los lugareños que la gaviota de
ojos verdes sigue sobrevolando el río San
Juan, dicen que busca a Felipe, y que es eterna.....
¡
Que no puede morir!.