Roberto Luque Escalona
Miami.-
º Perico es un pueblo de la provincia de
Matanzas situado entre Colón y Jovellanos.
Ignoro de dónde le viene el nombre, que
ha estado en uso mucho antes del auge de la cocaína.
Quizás se deba a la abundancia de aves
sitaciformes o tal vez sus habitantes sean muy
locuaces. Lo cierto es que Perico se llama.
Es un pueblo pequeño. “Pasarás por
Perico sin saber que pasaste”, no dijo, pero pudo
haber dicho José Angel Buesa; sin embargo,
a pesar de su insignificancia, es relativamente
célebre. Allí nació Orestes
Miñoso. Además, es famoso por una
frase relacionada con nuestras lides políticas.
Sucedió que, poco antes o poco después
del nacimiento del gran pelotero (que ya anda
por los ochenta), tuvo lugar en ese pueblo un
meeting del Partido Liberal. Estaba el acto en
su apogeo cuando una turba de conservadores lo
interrumpió con una bronca de espanto.
Ante la espectacular piñasera, el orador
que hacía uso de la palabra se irguió
y con gesto tribunicio (tenía que ser:
estaba en una tribuna) gritó a toda voz:
“¡Liberales de Perico..., a correr!”. Por
uno de esos extraños avatares de la Historia,
los izquierdistas americanos, que no son, pero
se hacen llamar “liberales”, y que en su vida
han oído hablar de Perico, parecen haber
adoptado como lema la frase inmortal de aquel
asustadizo orador de pueblo, pues para todos los
conflictos internacionales en que interviene Estados
Unidos tienen una misma solución: correr.
Esa fue la solución que reclamaron (y obtuvieron)
para la guerra de Vietnam. Entonces, como ahora,
hablaban de “parar la matanza”, aunque la retirada
de las fuerzas americanas propició la mayor
matanza ocurrida en el mundo después del
Holocausto Judío: un millón de muertos
solamente en Cambodia costó aquella bochornosa
huída que tan feliz hizo a Jane Fonda,
John Kerry y toda la patulea de farsantes pacifistas.
¿Por qué farsantes? Porque si usted
clama por la paz y esa paz propicia el asesinato
de un millón de personas, usted es un farsante.
Ahora, vuelven a hablar de “parar la matanza”.
¿A qué matanza se refieren? ¿A
las bajas mortales de soldados americanos? Tras
dos años de conflicto, no son ni la mitad
de las sufridas por los marines en Iwo Jima, una
isla del tamaño de Key Biscayne, o a los
muertos durante la primera hora del desembarco
en Normandía el Día D. En cuanto
a las provocadas por los asesinos terroristas,
a quienes los liberales llaman “insurgentes”,
no pueden sino aumentar si las tropas americanas
se retiran ahora.
Eso de las palabras es algo de sumo interés.
“Insurgente” no es siquiera una palabra neutra;
es elogiosa, en algunos lugares honorífica.
Decir “insurgente” en México es como decir
“mambí” en Cuba. Lo mismo sucede con eso
de llamar “indocumentados” a los inmigrantes ilegales,
a los que entran en los Estados Unidos violando
la ley. Así es la prensa liberal. Y la
comunista. En Cuba, cuando Richard Nixon era lo
que hoy es George W. Bush, el nombre de ese presidente
aparecía siempre, siempre, con una cruz
gamada, el símbolo adoptado por los nazis,
en lugar de la x. Es el mismo principio: repetir
una y otra vez una mentira para hacerla creíble,
y mientras más grande sea, mejor. Dicho
sea de paso, uno de los teóricos principales
de esa forma de amarillismo periodístico
fue Joseph Goebbels, Ministro de Información
de Hitler.
Ahora, el enemigo es Bush. Ha transcurrido un
año desde la paliza de noviembre del 2004
y aún sangran por la herida. Ahí
tienen a Andrés Reynaldo (¡De los
poetas fracasados líbreme Dios, que de
los exitosos me libro yo!). Ante todo, aquí
el que manda es Dick Cheney, dice. En realidad,
si Cheney continua de Vicepresidente es porque
a Bush le dio la gana de que así fuera,
pues si algo debe tener el que ocupe ese cargo
es buena salud, por lo que pudiera pasar, y Cheney
no la tiene.
Como es el que manda, hay que atacarlo, y para
ello es necesario exaltar a sus últimos
contendientes. Ahí tenemos al senador McCain,
“minuciosamente torturado durante años
por los vietnamitas”. Sólo que John Kerry,
por quien Reynaldo hizo una apasionada campaña,
ignoró esas torturas cuando se dedicaba
a denunciar crímenes de guerra en Vietnam
y la publicación de una foto de Fernando
Vecino que podía servir y sirvió
para identificarlo como torturador fue vetada
por Carlos Castañeda, entonces director
de el Nuevo Herald, periódico al que Reynaldo
siempre ha servido con estomacal lealtad. En cuanto
a John Murtha, que pidió la retirada inmediata
de Irak, “se trata de otro héroe de guerra...
un viejo y condecorado marine”. ¿Cómo
se sentirán otros combatientes de la guerra
de Vietnam que en los 60' y 70' eran tratados
de baby killers en plena calle por gente de la
misma calaña de Reynaldo? ¿Así
que Cheney evadió cinco veces el llamado
al servicio militar? Pues superó ampliamente
a Vil Clinton, que a la primera llamada salió
que jo jo jo, dijo Santa Claus, y no paró
hasta Inglaterra. Clinton también pide
retirada inmediata, exactamente lo que ordenó
hacer él en Eritrea después que
los cadáveres de soldado americanos fueran
mutilados y arrastrados por las cochambrosas calles
de Mogadiscio.
Otra desvergonzada pejiguera es la de las armas
de destrucción masiva. Saddam Hussein no
las tenía ya, qué las iba a tener;
las había utilizados todas contra iraníes
y kurdos Durante meses “jugó a los escondidos”
con los comisionados enviados por la ONU (organización
corrompida a través del Programa Petróleo
por Alimentos) para verificar su destrucción.
“Pueden revisar aquí, pero no allá,
esos cuarteles sí, pero mis palacios no”.
¿Qué buscaba? ¿Acaso poner
a buen recaudo sus armas químicas y, quizás,
bacteriológicas enviándolas a Siria?
De ninguna manera. ¿Cómo se le ocurre
semejante cosa? Lo que Saddam quería era
hacer pensar a Bush que todavía conservaba
tales armas para que George W., hombre de muy
pocas luces, lanzara contra él las tropas
americanas, desbaratara en dos patadas su ejército
y su régimen, y terminara por encanarlo.
Aunque ustedes no lo crean, Saddam Hussein tiene
vocación de mártir, y además
de sádico, es masoquista Dicho sea de paso,
un recipiente de 55 galones lleno de cualquier
gas letal u otro mucho más pequeño
lleno de gérmenes patógenos son
armas de destrucción masiva.
El problema de esta gente es que no se resigna
a que, pese a tener en contra al 80% de la prensa
escrita y de la televisión, al mundo académico
y a las estrellas de Hollywood, Bush le pisara
la cabeza a Kerry y, de paso, a ellos. Por eso
hay que describirlo como “un hombre de muy pocas
luces y mucha menos honestidad”.
Ahora, echemos una ojeada a las luces y la honestidad
de Andrés Reynaldo, reflejadas en sus propias
palabras sobre temas trascendentes o intrascendentes,
locales o internacionales, políticos o
literarios, y en negritas, para que resalten.
“Benny Moré debía ser nombrado Padre
de la Patria”. Supongo que, de haber recibido
tal distinción en vida, Benny hubiese hecho
valer su influencia para legalizar la marihuana
y suprimir la obligatoriedad en el cumplimiento
de los contratos.
“Todo lo que no sea La Habana es la Patria Enemiga”.
Intuyo que esta rabia anti-provinciana va dirigida,
ante todo, contra los orientales. Eso de querer
“planchar” a Carlos Manuel de Céspedes
de su puesto, ¿será porque era bayamés?
Haré como dicen que hizo Raúl Rivero
en Puerto Rico y le atribuiré al asunto
un carácter sexual. ¿Acaso algún
desgraciado nacido más allá de El
Cotorro le quitó una novia en la escuela
a Andrés Reynaldo? ¡Por favor! Eso
le pasa a cualquiera. “La donna e mobile qual
piuma al vento”, dijo hace tiempo Peppino Verdi.
Sea cual fuere la razón, ese odio me parece
extraño en una persona aparentemente tan
cordial como este joven poeta de cincuenta años.
Aunque nunca se sabe. Recuerdo ahora una secuencia
de El Padrino en la que el productor de cine llama
a Tom Hagen “soft son of a bitch”. Dicho sea sin
ánimo de ofender.
“Martí no escribió nada”. Sobre
esto, la verdad, no sé qué decir.
Una de mis peores limitaciones consiste en una
especie de indefensión ante la bobería
llevada más allá de ciertos límites;
cuando los disparates alcanzan un alto grado de
estupidez, la capacidad de réplica que
algunos me atribuyen se va al zipote. Igual me
sucedió en el programa María Elvira
Confronta, cuando Gustavo Marín, otro de
la misma camada, afirmó enfáticamente
que en Irak se gastaban mil quinientos millones
de dólares diarios.
“Máximo Gómez cometió una
infamia al arrancar las páginas del Diario
de Campaña de Martí que tratan de
la entrevista con Maceo en La Mejorana”. Infamia.
Qué palabrita tan áspera, ¿verdad?
¡Qué agresividad la de Andrés
Reynaldo! No puedo dejar de preguntarme si, de
haber vivido en la misma época que Máximo
Gómez, se hubiese atrevido a llamarle infame
al bronco dominicano. Creo que no.
“El alcantarillado de Miami está a la altura
del de Bangla Desh”, dice el joven poeta cincuentón
en una crítica a las autoridades locales
que se ocupan del control de inundaciones. Lo
que elimina las aguas pluviales o marinas es el
sistema de drenaje, que las lleva los canales,
en Miami, o al mar, en La Habana, o a un río,
en otras partes. Las alcantarillas son para las
aguas albañales, que aquí desaguan
en las plantas de tratamiento. Para que me entiendan,
si Andrés Reynaldo va a parar a una de
esas hendiduras que hay junto a las aceras del
Malecón habanero y en algunas calles de
Miami, terminaría nadando en el sistema
de drenaje; si se mete en un inodoro y hala la
cadena (lo cual no sería mala idea), entonces
su destino sería el alcantarillado. Por
cierto, ¿habrá alcantarillado en
Bangla Desh?
“De niño fue autista”. La frase es parte
de un fuerte elogio dedicado a un escritor europeo.
Sucede que el autismo es una condición
permanente. Irreversible. Nadie es autista “de
niño” y escritor de adulto. Tengo la impresión
de que Reynaldo no sabe lo que es el autismo y
que utiliza palabras cuyo significado ignora,
lo que, por cierto, no me parece honesto, ya que
de honestidad hablamos. O habla él.
“Ese no es más que una cotorra que repite
las mentiras de su amo”. La frase es mía,
de mi época en Cuba, y el destinatario
era Carlos Aldana, llamado entonces “el número
tres” del régimen. Pero le viene bien a
Andrés Reynaldo. El, y todos los liberales,
sean amos o lacayos, hablan de honestidad, pero
mienten constantemente y engañan al público
de manera sistemática. Hablan despectivamente
de luces ajenas, pero no es fácil encontrarle
paralelo a sus disparates. En cuanto a política
internacional, su ideología se reduce a
un verbo, chaquetear, y no tienen otra cosa que
ofrecer más que humillaciones para este
país, victorias para la salvajina que lo
odia y quiere destruirlo, y opresión y
muerte para los que quedan a merced de ella una
vez que los americanos se retiran.