Cuando
terminó la primera guerra mundial la industria
remolachera europea quedó casi destruida.
Se produjo entonces una escasez de azúcar
y el precio del mismo aumentó extraordinariamente,
llegando a cotizarse a 22 ½ centavos la
libra en mayo de 1920.
En
Cuba se desató una gran especulación
en la industria azucarera. Entre 1918 y 1920 se
fundaron 24 bancos, que prestaron dinero a manos
llenas a hacendados y colonos. Se construyeron
50 nuevos ingenios. Enormes extensiones de bosques
se convirtieron en cañaverales.
El
bienestar económico de los cubanos en todos
los sectores era tanto, que escaseaban los macheteros
para el corte de caña. Una popular tonadilla
decía: "Yo no tumbo caña /
que la tumbe el viento / que la tumbe Lola / con
su movimiento".
El
gobierno del general Menocal, apeló a la
fuerza para hacer trabajar a la gente y se popularizó
otra copla que decía: "Tumba la caña
/ anda ligero / que ahí viene el mayoral
/ sonando el cuero". Al final tuvieron que
importar braceros de Haití y de Jamaica.
Cuba
se llenó de nuevos ricos. Se construyeron
entonces los palacetes del Vedado y de Miramar
y muchas familias fueron de paseo a Europa y a
los Estados Unidos. La gente bautizó este
período de bonanza económica como
la "Danza de los millones" o de las
"Vacas gordas", que terminaría
unos años después durante el gobierno
de Zayas.