Los
continuos ataques de corsarios y piratas a las
poblaciones cubanas obligaron a los españoles
a fortificar las principales ciudades costeras
de Cuba. Particularmente La Habana, que era codiciada
por los piratas.
Se
construyeron varias fortalezas para proteger la
cuidad como el Castillo de los Tres Reyes del
Morro, el de la Punta y la fortaleza de San Carlos
de La Cabaña. Además, un gruesa
muralla que rodeaba a La Habana.
La
muralla tenía varias puertas llamadas de
tierra, que la comunicaban con lo que se llamaba
la población de extramuros. Las puertas
permanecían abiertas durante el día,
pero se cerraban por la noche sin que se pudiera
entre o salir de la ciudad desde las nueve de
la noche en que se cerraban, hasta las cinco de
la mañana en que se volvían a abrir.
Para
indicarle a los habaneros que las puertas de la
muralla se cerraban, se disparaba, a las nueve
de la noche, un cañonazo desde la Fortaleza
de La Cabaña. La muralla fue derribada
hace ya muchos años; pero quedó
la costumbre de disparar cada noche lo que los
habaneros llaman "el cañonazo de las
nueve".