
«Una cultura fracasada no da un Tropicana»
Entrevista con Rosa Lowinger, autora, junto a
Ofelia Fox, de 'Tropicana Nights. The Life and
Times of the Legendary Cuban Night Club'.
Néstor
Díaz de Villegas, Hollywood
5 de abril de 2006
Rosa Lowinger, coautora de 'Tropicana Nights.
The Life and Times of the Legendary Cuban Night
Club'.
En su edición del 16 de enero de 2006,
la revista Times reportaba el fallecimiento, "a
los 82 años de edad, en Burbank, California",
de Ofelia Fox, "administradora y 'primera
dama' del famoso cabaret habanero Tropicana, que
en su época de gloria, en los años
cincuenta, contó entre sus clientes a Marlon
Brando y Joan Crawford. Sus casinos, vedetes y
suntuosos espectáculos lo convirtieron
en el lugar de moda antes que Castro tomara el
poder en 1959".
Rosa
Lowinger habló con Encuentro en la Red.
¿Cuándo
empezó este libro?
Hace
tres años. Hace cinco que el periodista
cubano Reinaldo Taladrid me dio el teléfono
de Ofelia Fox. Demoré en llamarla, y después
que nos vimos pasaron muchos meses antes de volver
a hablarnos y ponernos de acuerdo. Creo que fue
en 2002.
¿Qué
tiene que ver Reinaldo Taladrid con Tropicana?
Lo
conocí en un café de La Habana Vieja…
Era uno de los cafés preferidos del director
de cine Humberto Solás. Estábamos
sentados en el café, conversando, y Humberto
me preguntó en qué estaba trabajando.
Le dije que cuando terminara la novela que estaba
escribiendo quería escribir algo sobre
Tropicana, y sobre los cubanos en Las Vegas. Casualmente
Taladrid se encontraba ahí, en una mesa
vecina, y Humberto me dijo: 'ah, ¿sabes
que su tía abuela estaba casada con el
dueño de Tropicana?'.
Taladrid,
el de las Mesas Redondas de la televisión
cubana, es quien le conecta con Ofelia Fox, la
esposa de Martín Fox…
Hay
dos ironías al respecto. La realidad es
que cuando terminé mi novela todos los
agentes de Nueva York querían representarme,
pero al final no se vendió. Yo estaba con
el ánimo en el piso. Cuando fui a ver a
Ofelia me di cuenta de que la historia tenía
fuerza, que me caía del cielo en un momento
en que lo necesitaba mucho. Había conocido
a Taladrid como un mes antes de lo de Elián
González, él todavía no estaba
en las Mesas Redondas… Inmediatamente me dejó
entender que quería hacer algo.
¿Algo
como qué?
Como
todos los cubanos en posiciones altas, él
representa dos papeles, y parece que veía
la posibilidad de algún proyecto para HBO,
y me empezó a explicar lo que quería
que escribiera: algo sobre una showgirl, con un
jugador y un tipo de [Fulgencio] Batista. Más
bien como la película de Andy García
que va a salir ahora. Bien hollywoodense. En principio,
no me interesó como colaborador. Además,
me di cuenta de que era un personaje un poco atrevido,
metiéndose en mi mundo intelectual. Después,
cuando se involucró en las Mesas Redondas,
me dije: 'Oh, espérate, yo no quiero ser
parte de esto'.
Taladrid
me dio el teléfono de Ofelia Fox y me dijo
que ella vivía en alguna parte de Estados
Unidos, aunque no sabía dónde. Reconocí
el código de área, porque era el
mismo mío. También me advirtió
que tuviera cuidado con ella, que era una persona
muy difícil y que me iba a pedir dinero.
Fue todo lo contrario. En ese momento, Ofelia
buscaba a alguien que la ayudara a contar su historia.
Ya tenía cincuenta páginas escritas.
Cinco páginas de anécdotas y cuarenta
de reflexiones, "¿Qué nos pasó?",
"¿Qué va a pasar?", y
cosas por el estilo.
Y
Taladrid, ¿supo que finalmente usted escribió
un libro sobre Tropicana?
Me
imagino que puede haberse enterado; él
se entera de muchas cosas. Hace tres años,
cuando estaba iniciando el proyecto, me escribió:
'¡Óyeme!, ¿tú estás
haciendo algo con lo de Tropicana?'.
¿Cómo
decidió el tratamiento que iba a darle
al libro?
Soy
novelista primero, pero también trabajo
en restauración. Si tengo que hacer un
informe sobre un jarrón cuarteado, digamos,
eso ya es un cuento, tal y como pasó, porque
si no, nadie podría entenderlo; sería
como leer un libro de texto. Toda mi vida ha estado
dedicada a entretener con un cuento. Igualmente
mi editor, Tim Bent, comprendió que aquí
había una historia muy humana sobre Martín
y Ofelia, y se dio cuenta que a través
de esta historia se podrían entender muchas
cosas de Cuba. Fue él quien me animó
a hablar en el libro de la historia del ballet
cubano, de la historia del béisbol, e incluso
de la lepra, por el caso de Rodney, el coreógrafo
de Tropicana.
¿Se
propuso escribir un bestseller?
Mi
propuesta original fue hacer un non-fiction bestseller,
pero sin dejar de lado nunca el hecho de que Tropicana
es un producto ciento por ciento cubano. Me propuse
explicarles a los americanos qué cosa es
ser cubano. Hablo de todo: de la música,
del tabaco, de la pelota, de los dictadores. De
todo lo que somos. ¡Y por supuesto que quiero
que mi libro sea un bestseller!
Dice:
"Explicarles a los americanos…". Sin
embargo, entre los americanos existe la percepción
de que los tiempos de Tropicana fueron muy desgraciados.
Estados
Unidos tiene hoy miles de problemas. Tiene un
gobierno que, para mí, es bastante desagradable.
Nuestro presidente no es un dictador como Batista,
pero hay muchos problemas graves: guerras que
no hacen falta, y todo lo que ya sabemos. Pero
eso no quiere decir que nos toque lo mismo que
le pasó a Cuba. Quizás este libro
es una metáfora de Estados Unidos hoy en
día.
En
Cuba, teníamos menos de sesenta años
de ser país; estábamos en el principio
del proceso de ser un país. La cuestión
económica estaba bien. Para mis padres
funcionaba, a pesar de que estaban muy en contra
de Batista y le tenían mucho miedo a los
dictadores y a lo que pudiera pasar. Pero la idea
de que todo era ciento por ciento un fracaso…
para mí era importante representar que
no era así. Porque no era así. Tropicana
no surge de una cultura que es un fracaso.
¿Pensaba
esto antes de escribir el libro, o lo comprendió
mientras lo escribía?
Lo
pensaba antes. Nada más tienes que ver
la arquitectura. Ciudades importantes tienen edificios
importantes, y edificios importantes siempre pertenecen
a lugares de importancia. La Habana fue un lugar
sumamente importante. Y en el siglo XX, durante
la República, esos edificios fueron muy
significativos. También entendía
que la historia de Cuba era como la historia de
toda América Latina: un dictador detrás
de otro. Pero ese es un proceso que ahora está
cambiando en el resto de América Latina,
y que hubiese cambiado también en Cuba.
¡Quizás mucho antes!
Yo
quería mostrar que el problema se inicia
con Batista, que el golpe de Estado de Batista,
como dice el historiador Hugh Thomas, fue una
crisis nerviosa de la que el país nunca
se recuperó. Humberto Solás me dijo
un día, caminando por esa Habana que está
tan sucia, (¡y el cubano que es tan limpio
y le importa tanto la limpieza!): 'Esto nos pasó
por orgullosos'.
¿De
dónde son sus padres?
Mis
padres nacieron en Cuba. Mis abuelos nacieron
en otros países. Por parte de padre, húngaros;
por parte de madre, uno ruso y otro polaco. Ellos
no tenían nada de lo que se considera la
"sangre tradicional" cubana, a pesar
de que yo no veo la diferencia entre Hungría
y España. Somos todos europeos.
Llegaron
en el año 1921. Mi abuelo materno se fue
a La Habana Vieja, donde vio aquello, la gozadera
de La Habana Vieja, y dijo: 'Perfecto, esto es
perfecto para mí'. Y mi abuelo paterno
se fue a Santiago de Cuba, y en un par de años
tenía una tienda en Camagüey. En el
año 1932 mandó a pedir una esposa
a Europa, como era la tradición entre judíos.
Le pidió a su mamá que regresara
con una esposa, y le mandaron a mi abuela. Mi
papá nace en ese año, cuando ya
mis abuelos tienen dinero; dejan a alguien a cargo
del negocio y se van de nuevo a Europa. Al llegar,
se dieron cuenta de que había que regresar
a Cuba enseguida. Mi abuelo trató de convencer
a su familia de Hungría de que se fuera,
pero imagínate, Cuba, el Caribe, les parecía
algo absurdo. A todos los mataron.
¿Qué
opina de los juegos de azar?
Aquí
en Estados Unidos les llaman "juegos de números"
y suena mal. En Cuba, en cambio, fue y siempre
ha sido algo normal. Ahí está la
cuestión: la idea de que La Habana de los
cincuenta era un antro de mafiosos parte de un
doble malentendido. Por un lado, estaba la gente
considerada como la "mafia" —entre comillas—
americana, tratando de poner casinos en La Habana.
Qué pasa: aquí eran delincuentes,
porque su negocio era el juego, que se consideraba
ilegal. No te voy a decir que algunos no mataban;
pero no todos, aunque todos estaban metidos en
algo ilegal, que era el juego. Trasladándose
a Cuba, de pronto ya no eran criminales, eran
gente "del juego", e incluso manejaban
juegos más limpios que los de los cubanos,
sólo que en Cuba no era un delito.
Claro,
la "bolita" era ilegal, pero era "ilegal"
como ahora fumar marihuana. Eran, recuerda, los
valores de los americanos de los años cincuenta,
que tenían un comité de la Cámara
de Representantes para investigar a los mafiosos,
el Kefauver Committee. Era la misma época
en que Joe McCarthy perseguía a los comunistas.
Cuba
como un antro de perdición es una idea
muy americana. Sin embargo, cita en su libro a
Basil Woon, que en el año 1928, en pleno
machadato, dijo que en Cuba la libertad personal
había sido elevada a la enésima
potencia.
Efectivamente,
Basil Woon decía que Cuba era una tierra
de mucha libertad, en el mejor sentido de la palabra.
Entonces ni siquiera se podía tomar alcohol
en este país. Cuba era un paraíso,
para los negros, en comparación con Estados
Unidos. Luego, la revolución decidió
que los negros no necesitaban un movimiento de
libertades civiles. La revolución hizo
algo por los negros, pero el mismo nivel de separación
que siempre existió, aunque mucho menor
que en Estados Unidos, todavía existe,
a nivel político.
Entonces,
¿se perdió esa 'enésima potencia'
de la libertad personal?
Claro.
Lo que siempre me ha asombrado de la revolución
cubana es que nunca se tira con ciertos valores
morales. Por ejemplo, no hay ningún prejuicio
contra los divorcios ni contra los abortos. Ninguna
objeción a la sexualidad de la gente. Ni
al alcohol. Si tocas eso, te metes en problemas
con el cubano.
¿Cree
que los americanos conocen realmente Cuba?
Los
americanos debían conocer mejor, por ejemplo,
la historia de Vietnam, porque es parte de su
propia historia. Igual con Cuba.
¿Se
considera americana?
Llegué
a este país en 1961. Mis padres fueron
a Miami. Me crié en La Playa, porque los
cubanos judíos estaban allí. Aunque
mis padres no eran muy estrictos con la religión,
sólo querían que no me casara con
alguien que no fuera judío. Me casé
con un judío, el padre de mi hijo. A los
dieciocho años me fui a una universidad
en Boston, y después a Nueva York, a estudiar
restauración.
¿Cómo
empezó a escribir?
Mi
esposo era profesor universitario y fui a parar
a Charleston, South Carolina. Allí me relacioné
con escritores, sobre todo de teatro. Era muy
joven y nunca había escrito nada que no
fuera un texto académico. En Charleston
empecé a escribir, y mi primera obra se
produjo Off Broadway. Se llama The Encanto File.
Eran tres personajes que estaban haciendo un negocio
de bienes raíces, que consistía
en reproducir la famosa tienda El Encanto en el
downtown de Miami.
¿Alguien
recuerda todavía a Martín Fox en
La Habana?
En
Tropicana, la historia de Martín Fox está
eliminada. Hay muchas fotos en las paredes, pero
ninguna de Martín ni de Ofelia Fox. Están
los artistas que no se fueron de Cuba. Pero no
está Leonela González, no está
Celia Cruz, ni Olga Guillot. Está Rodney,
por supuesto, que se fue para México, pero
que no "se fue" oficialmente. En los
libros sobre Tropicana que se han escrito en Cuba
(el de Rafael Lam y otro de fotografías),
se dice que Víctor de Correa fue el creador
de Tropicana y que Martín Fox fue un gángster.
Pero quienes quedan en Cuba y trabajaron en Tropicana,
recuerdan a Martín como la persona más
generosa que existía en el mundo.
¿Se
considera de izquierda?
Si
no fuera por el problema de Cuba, yo fuera una
persona de izquierda. Pero los izquierdistas aquí
no ven que Fidel es un dictador. ¡Si me
pudieran conceder eso al menos! En Estados Unidos
la derecha es más peligrosa que en otras
partes porque se trata de una derecha religiosa:
no a los gays, no al aborto, no, no, no…
Sin
embargo, Ofelia Fox se declaró públicamente
"de derecha", y su historia, según
la cuentan en el libro, no encaja exactamente
en el molde de lo que usted describe como "derecha".
Sí,
me pasó con ella, que rompe con los clichés
sexuales… Pero también me pasó que
no comprendí cómo podía apoyar
al gobierno americano, a la gente de George Bush,
que está tan en contra de la vida que ella
vivió. Cómo se puede ser Ofelia
Fox y apoyar al Partido Republicano.
Tomado
de encuentroenlared.