
«Pedimos
al mundo más coherencia moral»
Oswaldo Payá Sardiñas, líder
del Movimiento Cristiano Liberación, advierte
que tres años después de la primavera
negra, hay que hablar de 'represión en
presente'.
Michel
Suárez, Madrid
17 de marzo de 2006
A juicio de los activistas de derechos humanos,
Cuba es el país del mundo con más
presos políticos de acuerdo con el tamaño
de su población. Tres años después
de la última redada masiva contra opositores,
el estado de cosas —lejos de reformarse en positivo—
empeora: la cifra de prisioneros ascendió
a 333 en el segundo semestre de 2005 y la brutalidad
contra la disidencia adquiere tintes nunca antes
observados.
Por
otro lado, los opositores, en consonancia con
la gravedad de los hechos y ante la inamovilidad
del régimen y la distancia de la comunidad
internacional, han acudido a fórmulas desesperadas
para llamar la atención sobre lo que sucede
en la Isla, desde ayunos totales hasta coserse
los labios. En el primer caso aparecen actualmente
los nombres de Guillermo Fariñas, Noelia
Pedraza, José Ramón Gabriel Castillo,
Juan Carlos Herrera y Jorge Luis García
Pérez (Antúnez). En el segundo,
Léster Sánchez, quien renunció
a continuar autoflagelándose por problemas
de salud y por el silencio de la prensa extranjera
sobre su protesta.
En
este escenario, y a propósito del tercer
aniversario de la ola represiva de marzo de 2003,
Encuentro en la Red acude a Oswaldo Payá
Sardiñas, coordinador del Movimiento Cristiano
Liberación (MCL), para pulsar la situación
política del país.
A
día de hoy, ¿en qué fase
estamos?
Ya
hacen tres años de aquella jornada que
se ha mantenido. Porque no fue un evento que terminó
en aquel momento, sino que se ha extendido hasta
ahora, puesto que nuestros compañeros están
en prisión. No se puede hablar de eso como
pasado, sino como un presente que sigue siendo
cruel. Ahora, hay que hablar de la represión
también hacia todo el pueblo de Cuba.
En
primer lugar, porque estamos en un momento de
regresión y en los últimos meses
se han recrudecido los actos de repudio, es decir,
esos actos fascistas comunistas donde se aterrorizan
familias y se golpea.
Además,
las visitas de la Seguridad del Estado, casa por
casa, a todos los firmantes del Proyecto Varela,
para amenazarlos con expulsarlos del trabajo,
con negarles salidas del país y con todo
lo que pueda amenazar el totalitarismo. Y presionarlos
para que se retracten. También sobre los
miembros del MCL; creo que no queda casi ninguno
—especialmente en las provincias— que no haya
sido visitado por comisiones de terror para amenazarlos
de muerte, de cárcel, con asaltarles la
casa, con declararlos enemigos públicos.
A
algunos, especialmente a mujeres, las han golpeado
en la calle, las han literalmente arrastrado cientos
de metros; a otros les han hecho actos de repudio
colocándole bocinas frente a la casa durante
horas; les han dicho que tienen que irse del pueblo,
como ocurrió en Puerto Padre, Las Tunas,
hace sólo unos días.
Es
una represión para asfixiar y liquidar
al movimiento cívico cubano, recordando
también lo que ha ocurrido en la provincia
de Villa Clara contra mujeres y otros activistas.
En
una situación como ésta, ¿qué
habría que pedir a la comunidad internacional?
Hay
que pedirle movilización, no solamente
a los gobiernos y diputados de los partidos políticos,
sino a la sociedad civil, los estudiantes, trabajadores,
comunidades religiosas, ciudadanos, que se sensibilizan
con otros sucesos o con otras situaciones que
consideran injustas en el mundo, pero que, sin
embargo, frente a esta situación en Cuba,
frente al hecho de que hayan prisioneros políticos,
personas que están presas sólo por
defender los derechos humanos, permanecen en silencio
o indiferentes.
Lo
que hay que pedir a la comunidad internacional
es que apoye la liberación de los presos
políticos cubanos, que la pida, que la
demande en las calles, en actos públicos
—especialmente a los artistas—, y que apoye las
alternativas de cambio pacífico en Cuba,
porque el régimen está cerrando
las puertas del futuro. Le está dando sólo
como opción: o permanecer en esta situación,
o la muerte. Eso es lo que dice la frase "socialismo
o muerte".
Pedimos
solidaridad y más coherencia moral. ¿O
es que a Cuba la van a seguir viendo sólo
a través de un frente ideológico?
¿Cómo
califica la actuación de los diplomáticos
acreditados en La Habana ante esta situación?
No
haré juicios porque no es uniforme. Nosotros
no creemos que los diplomáticos tengan
que tomar actitudes que corresponden al pueblo
cubano, que es quien tiene que solucionar esto.
Y eso hay que decirlo con justicia.
Por
otra parte, hay embajadas que mantienen una fluidez,
una comunicación, sus puertas abiertas.
Hay otras que son, y no voy a señalar nombres,
más cautelosas. Algunas casi hasta la frialdad
y la distancia. Esos son los hechos. A veces,
en contraste con las políticas que anuncian
sus propios gobiernos de promoción y defensa
de los derechos humanos para Cuba.
También
hay que decir, y no es la primera vez que lo digo,
pero es algo que decirlo a la prensa es difícil,
y mucho más difícil que la prensa
lo publique: yo veo una inhibición muy
fuerte y muy significativa en la prensa extranjera
acreditada en Cuba. Eso es algo que pone en desventaja
no sólo a la disidencia, sino a todo el
pueblo de Cuba; porque para el mundo lo que ocurre
en Cuba es lo que dice la prensa internacional,
que se supone que es libre e imparcial; pero tampoco
ésta se libra de la enorme presión
que recibe.
¿Se
sienten abandonados por las embajadas?
Tengo
que hablar desde nuestra mentalidad, desde el
estilo del MCL. Nunca hemos puesto expectativas,
ni nos hemos apoyado en las actitudes o acciones
de las embajadas, que a veces son bastante variables
y sólo dependen de un cambio de personal
para que haya un radical cambio en el trato.
Lo
que sí creo es que en algunos hay mucha
cautela, distancia y frialdad para mantener el
diálogo abierto que sus propios gobiernos
(por ejemplo, los europeos) han anunciado. Con
las embajadas latinoamericanas, el MCL no tiene
ninguna relación, porque nosotros tenemos
diálogo con las embajadas que se interesan
y que abren sus puertas.
Seguro
que nosotros no vamos a tocar sus puertas. Y es
el caso de que ninguna embajada latinoamericana,
a nuestro juicio, se ha interesado por nuestra
realidad, por tener un diálogo con nosotros.
No somos de los que visitamos embajadas todas
las semanas, ni empleamos todo nuestro tiempo
en esto, excepto para esta cuestión que
consideramos un deber: explicar al mundo la situación
del pueblo cubano y de los prisioneros.
¿Cree
usted que la Base Común, anunciada meses
atrás para identificar temas afines, ha
tenido poco eco en el resto de la disidencia?
Empezamos
hablando de la situación represiva que
hay en Cuba. El resto de la disidencia no, toda
la disidencia está bajo un verdadero asedio.
Y ya que estamos hablando de la disidencia, quiero
enviar este mensaje: estamos en un momento diferente,
en que quizás algunos criterios que eran
aplicables hace sólo algunos meses hoy
ya no tienen ni sentido.
Hay
todo un proceso enfocado a la aniquilación
de nuestro movimiento, en particular, y de toda
la disidencia, en general. Y si podemos hablar
de que en algún momento había pequeños
espacios dentro de la persecución, hoy
casi todos esos espacios han sido liquidados.
El disidente vive hoy con asedio para moverse,
para trasladarse, para reunirse, para comunicarse,
en la casi totalidad de los casos.
Entrando
en la Base Común, te diré que es
un logro que permanece, porque un grupo importante
de disidentes, sean organizaciones o personas,
logramos en un proceso democrático de consulta
y reflexión profunda componer entre todos
una versión auténtica de nuestro
pensamiento y nuestros ideales, los caminos que
queremos recorrer y la visión de cambio
que tenemos.
Hay que decir que la prensa extranjera acreditada
en Cuba, aunque se lo enviamos, no le dio eco.
Tampoco algunos medios de comunicación
donde hay más participación de cubanos
fuera de Cuba, le dieron mucho eco. Aunque creo
que la mayoría del exilio tendría
mucho interés en conocer esto, si se divulgara,
que está en gran sintonía con lo
que quiere y siente la mayoría del exilio
cubano. Pero no tenemos medios de comunicación
para llegar a ellos.
Dentro
de la disidencia, la Base Común no fue
hecha con el interés de formar un bloque
o alianza. Eso se decía claramente en aquel
documento llamado Babel o Pentecostés,
y creo que ha dado un fruto de acercamiento sereno
y sincero entre muchas agrupaciones. Pero repito,
estamos en un momento de asedio y represión,
creo que como nunca antes.
Algunos
opinan que el recrudecimiento de la represión
se debe a una supuesta fortaleza del régimen,
ahora con apoyos de Venezuela y China, y en medio
de una nueva geopolítica en América
Latina. ¿Es esto exactamente así?
Interesante
pregunta, que mueve a destacar la paradoja, la
contradicción moral y hasta psicológica
que pudiera tener o tiene el régimen. ¿Por
qué? Por una parte, más petróleo,
más apoyo chino, que tienen mucha experiencia
en la esclavitud y el totalitarismo.
Sin
embargo, esto el régimen en Cuba no lo
utiliza para la apertura, sino para una regresión,
para comprimir más a la sociedad, para
liquidar los pocos grados de libertad que existían
en el plano económico, que no eran muchos.
Aunque no los ha liquidado totalmente, se nota,
incluso, un desabastecimiento. Sólo hay
que ir a las tiendas, incluso de dólares,
que son la mayoría de las tiendas donde
tiene sentido comprar algo.
Es
como si el régimen sostuviera la mentalidad
de hace medio siglo y que sostuvo durante todo
el estalinismo en los países comunistas,
de que el poder y los recursos hay que usarlos
para cerrar a los ciudadanos toda posibilidad
de expresión de sus iniciativas y de su
libertad. Los recursos, por grandes que sean,
nunca van a redundar en apertura ni en más
espacio para los ciudadanos. Ahora, esto también
refleja un sentimiento de inseguridad por parte
del régimen —y por eso hablaba de paradoja—,
que no tiene ninguna visión de futuro.
Por
otra parte, el cardenal Martino, enviado papal,
ha dicho en un mensaje, luego de visitar la Isla,
que "ya la Iglesia no está reprimida
en Cuba". Como católico, ¿comparte
usted ese criterio?
No
he podido leer ese mensaje y no voy a hablar ni
de mensajes ni de declaraciones de la Iglesia
local, ni del Vaticano. Te puedo hablar de mi
experiencia y de mi realidad. Esta opresión
no sólo alcanza a las iglesias y los creyentes,
sino que tiene un componente especial dedicado
a nosotros. Y si por una parte hay cierta libertad
de culto y ciertos espacios dentro de los templos
y de las instituciones religiosas, hay que destacar
hechos, para no estar hablando de criterios o
conceptos.
Por
ejemplo, Cáritas, que no es una organización
porque el gobierno nunca ha querido legalizarla
como tal, y es por tanto una actividad dentro
de la Iglesia para la asistencia a los pobres
necesitados, tiene un verdadero embargo por parte
del gobierno y muchísimas restricciones
para recibir donaciones y desarrollar proyectos.
Entonces, la víctima son los pobres y los
necesitados que requieren de esos auxilios.
No hay que olvidarse, porque en muchas comunidades
es palpable, de agentes que van permanentemente
a escuchar las misas, y en algunos casos a hacerse
visibles, y esto intimida a las comunidades. Aunque
esto no es público, tengo que hablar, porque
lo conozco, sobre cuántas religiosas y
religiosos son víctimas de amenazas, de
llamadas por teléfono, de chantajes.
Y
esto es actual. No hablo de un fenómeno
pasado. Y de la cantidad de restricciones y controles
que la llamada Oficina de Asuntos Religiosos tiene,
con una injerencia permanente en la vida de las
iglesias, en un intento de control sobre sacerdotes,
pastores, religiosas, a los que llama, entrevista,
cita… Y detrás de esto siempre hay una
intimidación.
¿Hay
dos Iglesias en Cuba? ¿Dos visiones de
una misma realidad sociopolítica?
No.
De ninguna manera. En general, dentro de la Iglesia
Católica hay más inquietud por los
temas sociales y políticos. Dentro de la
Iglesia hay una libertad muy grande, y así
somos educados. Hay algunos sacerdotes, religiosas
y laicos que tienen una visión y una actitud,
digamos, más abierta y comprometida.
Hay
otros que prefieren mantenerse más apartados
en este tema. Quiero decir esto con mucha claridad:
por una parte, hay que destacar la solidaridad
humana de comunidades religiosas, sacerdotes,
monjas, con los familiares de los prisioneros.
Por
otra parte, yo, como católico, siempre
he sido del pensamiento que a la Iglesia le corresponde
una actitud más comprometida en defensa
de los derechos humanos y en el profetismo, y
lo digo como católico comprometido. Pero
los laicos que quieran tomar esa actitud con la
sociedad y con su pueblo, sólo tienen que
hacerlo. Porque nunca he sido partidario de actuar
—aunque sea inspirado como cristiano— bajo la
identidad de la Iglesia, ni tomar la Iglesia como
trinchera política, ni hacer una identificación
entre un movimiento, un programa o personalidad,
por buena que sea su obra, y la Iglesia.
Siempre
he defendido esa distinción de plano, porque
todo en lo político y en lo social es opinable.
Y cuando una persona o un grupo quieren comprometer
a la Iglesia, o actúan desde la Iglesia,
ya sea abiertamente o no, entonces están
identificando a la Iglesia con lo que puede ser
una opción muy legítima, pero sólo
una opción que no tiene que ser la opción
de la Iglesia. Otra cosa es que no debe excluirse
a nadie, dentro de la Iglesia, que tome esta opción
comprometida de lucha por la liberación,
por la justicia en su país.
¿Qué
le pediría al exilio?
Al
hablar del exilio cubano, estamos hablando de
una parte inseparable del pueblo cubano. Y quiero
recordar, no por vanidad, sino por clarificación,
que fue nuestro Movimiento el primero, hace casi
ya veinte años, en proclamar esta realidad.
Es más, lo dije en el ENEC (Encuentro Nacional
Eclesial Cubano). Y aquello causó muchos
aplausos, pero también muchos disgustos
en algunos de los presentes, cuando le dije a
un sacerdote que hoy es obispo en Miami: 'Dígale
a los cubanos del exilio que son parte inseparable
de nuestro pueblo y que somos hijos de una misma
madre, la Virgen de La Caridad'.
Después,
nuestro Movimiento lo proclamó. Nunca hemos
hablado del pueblo de Cuba sin tener una conciencia
muy clara de que el exilio es parte de este pueblo.
Digo esto, porque hay que distinguir entre el
exilio siempre positivo, solidario, que es el
pueblo de Cuba que peregrina fuera de la Isla,
y las opiniones y posiciones de algunas personas
y de algunos grupos, que tienen mucho derecho
a tenerlas, pero que a veces hablan en nombre
del exilio como mismo el gobierno cubano habla
en nombre del pueblo de Cuba.
Cuando
tenemos alguna diferencia con esas personas o
grupos, dicen que yo estoy atacando al exilio.
Yo no puedo atacar al exilio porque no puedo atacar
al pueblo de Cuba. Conozco muy bien de nuestro
exilio. Entonces le pido que reconozca este nuevo
momento de peligro y esperanza en que está
el pueblo de Cuba.
De
peligro, por esta represión y por este
intento de cerrar definitivamente las puertas
del futuro. De esperanza, porque es un régimen
que termina y nuestro exilio tiene un rol muy
importante que jugar en la animación del
pueblo que está dentro de la Isla —con
tantas restricciones—, en el apoyo en ese momento
de cambio. Pero, sobre todo, este apoyo y solidaridad
deben estar basados en una sintonía y una
comprensión muy profunda de la realidad
que vive el pueblo de Cuba, dentro de este totalitarismo
que hace mucho más rígida y más
dura la represión.
Por
tanto, nosotros tenemos confianza en el exilio,
al que llamo diáspora porque nunca han
aceptado, y así debe ser, la situación
de vivir desterrados como normal y definitiva.
Este exilio, o diáspora, creo que también
debe ser mejor informado sobre la realidad cubana
y sobre el momento que está viviendo el
pueblo.
De
esta forma vamos a encontrar seguro la sensibilidad
y la solidaridad con el pueblo de Cuba, que quiere
recorrer un camino pacífico, que está
en una situación que nadie como los propios
cubanos del exilio, están llamados a comprender.
Este cambio, para decirlo de una manera más
directa, depende de lo que hagamos los cubanos
ahora. Todos los cubanos. El problema está
dentro y los cambios hay que lograrlos dentro.
Los
cubanos sienten que el exilio tiene esa comprensión
—y creo que la tiene—, creen en esa mayoría
que quiere cambios pacíficos, que no quiere
ni quitarle la casa a nadie, ni pone la recuperación
de propiedades por delante, ni mucho menos venganza…
¿Qué
le pedimos al exilio? Le pedimos que transmita
sus sentimientos más auténticos,
que son positivos, y eso es lo que puede darle
más confianza y esperanza al pueblo dentro
de la Isla.