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Los Puestos de Frita Maria Argelia Vizcaino

ESTAMPAS DE CUBA

Por MARIA ARGELIA VIZCAINO

«La frita era el socorrido 'después' de los que habían bebido y bailado o los que habían tocado danzones...» FAUSTO MIRANDA («El Nuevo Herald» /26 de febrero/1994)

Los Puestos de Frita

Una de las tradiciones de la Cuba de ayer que más han discriminado en el régimen tiránico de Castro y en el exilio, ha sido la humilde «FRITA», siendo uno de los bocadillos más originales de la patria de Liborio. Son pocos los autores que le hayan dedicado unas cuartillas, ni siquiera los llamados folkloristas o especialistas en arte culinario, mucho menos historiadores de comida cubana la incluyen en sus estudios, ni hay casi libros con recetas auténticas cubanas que la tengan. He revisado minuciosamente la mayoría de las páginas cibernéticas auspiciadas por el gobierno de Castro que dan recetas de nuestra cocina y no he encontrado nada que diga cómo se elabora la misma, ni tampoco la venden en sus lugares turísticos.

Indagando leí en el Diccionario de Cubanismos más Usuales de Pepito Sánchez-Boudy que dice que la frita es una «especie de bisté cubano». José Pardo Llada en su Diccionario de Nostalgias Cubanas explica que es una «comida popular, hamburguesa cubana a base de carne, cebolla picada y papitas fritas muy finitas». En el Diccionario de Cubanismos del Dr. Dario Espina Pérez la tiene como cubanismo: «Búscate la frita. Buscársela, ingeniarse para subsistir.» La RAE (Real Academia de Español) aunque es el diccionario que más prestigio le dan, casi siempre ignora o confunde los términos de nuestra América, así que no tiene la acepción de Frita.

Posiblemente los cubanos derivaron ese vocablo de 'fritada' que es conjunto de cosas fritas, o de 'fritillas' (de frito) una masa frita especial, o de 'fritura' del latín frictúra que es igual a conjunto de cosas fritas. Por más que busqué no encontré el origen de esta, así que no sé si los pintorescos «Puestos de Frita» nacieron para vender frituras y ahí crearon la frita del picadillo que les sobró de las croquetas y las papas rellenas que vendían, o fue que vendiendo Fritas inventaron otras frituras.

El «Puesto de Frita» consistía en un pequeño quiosco o local portátil, como un carro de los que venden en Estados Unidos los 'hot-dogs', con sus ruedas, su techo, un fregadero con su agua y espuma para lavar, un paño limpio para secarse las manos, un fogón con una olla grande que en abundante manteca se freían además de las papas rellenas, croquetas, minutas de pescado, frituras de bacalao, de malanga, bollitos caritas, tortilla de huevos al gusto, boniatos, papas, mariquitas, todo a la orden.

La especialidad era la Frita cocinada a la plancha, que servían en un pan cubano redondo o pan suave de Toyo, que también era redondo (como el que se usa para las hamburguesas), se le ponía en una tapa del pan cebollitas crudas bien picaditas y en la otra un poco de «capsut» con papitas fritas a la Juliana. En la década de 1950 todo eso costaba $0.10. Otro bocadillo de importancia que vendían en estos puestos era el pan con bisté, que costaba $0.20, e incluía igualmente cebollitas y papitas fritas (nunca tomates ni lechuga que sólo había en Cuba en temporadas de cosecha) y se servía con pan cubano.

Lo más curioso es que este bocadillo tan «socorrido», como dice el veterano escritor Fausto Miranda, jamás se vendió en cafeterías, ni fondas, ni restaurantes, era exclusivo de sus Puestos, y estos se estacionaban principalmente en las afueras de una cafetería o de una fonda y todos inexplicablemente sobrevivían. El secreto consistía tal vez en que después de una Frita hay que tomar algo, y la mejor combinación era un batido de frutas, que hacían en la cafetería conjunta, o una champola, o una malta Hatuey, quizás una cerveza. Muy pocos de estos puestos eran los que vendían refrescos o Guachipupas.

Había algunos Puestos de Frita que se hacían famosos por su sabor y por su higiene. En mi pueblo, Guanabacoa, se decía que el mejor estaba a la salida del cine Carral que al dueño le apodaban El Colorao, que junto a sus hermanos tenían otros dos puestos (uno en el Parque Las Madres y otro en las Cuatro Esquinas delante del restaurante de los Morales). Mi hermano me recuerda el puesto del Químico en la esquina de Coco y Palo Blanco. He leído que Fausto Miranda (en El Nuevo Herald, 26 de febrero de 1994) nombraba los puestos de frita «a la salida del Cabaret Pennsylvania o el Niche Night Club, ...aquel centro de la Avenida de Zapata y Paseo, en El Vedado», pero asegura que «la frita cubana tenía especialistas cocineros en la Playa», después de divertirse en el baile toda la noche «la frita bien caliente y cocinada era lo obligado». Por lo que entiendo que esos puestos estaban abiertos casi las 24 horas del día. Mi padre me ha contado que el Mercado Unico de La Habana estaba lleno de lugares donde comer bien y barato, y allí también había alrededor de 40 puestos de frita. Y no es para menos, si en un lugar mucho menos concurrido y pequeño como la famosa Cuatro Esquinas de mi pueblo (en Palo Blanco y Corralfalso) hubo temporadas de tener de 4 a 6 puestos de fritas.

Al principio del castrismo, cuando la escasez comenzaba, a las fritas le decían «miracielo», porque le ponían tanta harina a su masa para que la carne rindiera que se pegaba al cielo de la boca. Aquello era una falta de respeto a nuestra típica y sabrosa frita, tal es así que muchos la comenzaron a odiar y no quisieron oír hablar más de ella.

Si en los años capitalistas la comida china fue llamada «el pito de auxilio», la Frita fue el tentempié de los trasnochadores, de los trabajadores apurados, y gracias a ella ningún pobre se acostaba sin comer. Por eso la desaparecieron con el castrismo, para que no quedara la mejor testigo que desmentiría la infamia de la propaganda comunista.

Parte II

«Sin dudas, la frita ha recorrido un largo camino desde sus comienzos en los puestos callejeros de La Habana de los 40 y 50». BLANCA SILVA («El Nuevo Herald» 25/nov/1993)

Los Puestos de Frita

Entre las mejores investigaciones que encontré sobre las primeras fritas que se vendieron en el exilio cubano de Miami, la escribió Blanca Silva para El Nuevo Herald el 25 de noviembre de 1993, incluso da la receta más auténtica y mejor que conozco: «Coja un poco de picadillo y póngale unos dientes de ajo triturados, sal y pimienta al gusto, una pizca de comino y otra de orégano y, sobre todo, bastante pimentón»...

El pimentón es el causante de que los que nunca degustaron verdaderas fritas, y si la comieron, no averiguaron el contenido, hayan creado el mito de que la frita se hace con chorizos. Si la frita fue el bocadillo más barato de la población cubana, imposible que estuviera confeccionada con chorizo español. Esa tesis abunda especialmente entre las generaciones que no pasan los 55 años. Realmente una frita que tenga chorizo puede ser muy sabrosa, pero no resulta una receta auténtica, de ahí que cueste más y a muchas cafeterías no les sea factible venderlas.

Seguimos ilustrándonos con la receta que proporciona Blanca Silva: «Mezcle la masa muy bien con las manos hasta que todos los ingredientes se unan. Divida la carne en porciones del tamaño de una bola pequeña de helado. Páselas por la sartén con un mínimo de grasa, aplastándola con una espátula hasta lograr un medallón muy delgado»... Así que esas gruesotas y medios crudas que sirven en algunos lugares aunque se vean deliciosas no son las más autóctonas, como las que se ven a través de la Net en La Casa del Pan con Bisté, www.bistelandia.com, igual a las que venden en Doña Arepa en la ciudad de Miami.

La Frita en el exterior de Cuba se ha degradado bastante perdiendo en algunos casos su verdadera esencia. En el «Latina Café» de Houston, Texas, la sirven con mariquitas en vez de con papitas a la Juliana; en el restaurante «Havana» de Vancouver, Canadá, la sirven con algo menos cubano que consiste en un 'spicy peanut coleslaw', y se anuncian como «The way hamburguers were served in Old Havana in the 1940's and 50's» (la hamburguesa que se sirvió en la La Habana vieja de los años 40 y 50), además le agregan tomate y mostaza y cuesta la bicoca de $8.50; en el restaurante «Habana», de Ridgefield Park, en New Jersey, al picadillo de res lo mezclan con picadillo de puerco y hay que pagar $3.25; en el restaurante «Rancho Luna» de Chicago la hacen pequeña, pero dicen que además de picadillo de res le ponen chorizo, que por el moderado precio que cobran de $2.75 no lo parece; el Sr. Raúl Musibay en su vademécum de Sabor Cubano que anuncia en la página cibernética www.icuba.com/food/cuban_frita.html, da una receta de fritas que parece que es para hacer albóndigas o pulpeta, porque además del picadillo de res le pone de puerco, le agrega chorizo, huevos batidos, ralladura de pan y se olvidó de las papitas fritas y que la cebolla no se mezcla en la masa con la carne. Nada que ver con la verdadera frita cubana. Pero lo que más me sorprende es lo que encontré en el libro de Cocina al Minuto, Ediciones Cubamerica, una rara receta totalmente diferente a la legítima pues a la carne de res o de puerco se la une con migas de pan mojadas en leche y huevos batidos, sal, pimienta, cebolla molida, salsa inglesa y pimentón, y lo peor es que a la hora de servirla dice que se le pone mostaza y salsa de «catsup» o chili. ¡Que horror!.

Mejor concluyo de una vez con la receta genuina que nos da Blanca Silva: «Ponga el medallón en un pan redondo. Salpíquelo de cebolla cruda picadita y catsup más un montón de papitas fritas a la Juliana».

La señora Silva recomienda como la más original la que se vende en El Rey de las Fritas en el 1177 SW, 8th St., Miami. El comercial es gratis porque se lo merecen, aunque en la página que tienen en la Internet la anuncian con queso opcional y eso me huele a «cheeseburger», pero se lo perdono porque la venden con cerveza Hatuey, como se usaba en Cuba, y porque además es la marca de bebidas que más daño le hace a la tiranía (www.elreyfritas.qpg.com) La autenticidad de este lugar se debe a que su fundador tuvo un puesto de fritas en Cuba, de ahí la diferencia con otros friteros del exilio que muchos no la conocieron y no se tomaron la molestia en averiguar el contenido y se pusieron a inventar desacreditando uno de los bocadillos más simples y sabrosos de nuestro país.

En ese estupendo artículo la autora cuenta que las fritas empezaron a ser populares en La Habana después de la Segunda Guerra Mundial. Yo siento que nacieron antes, quizás en el Machadato cuando se impulsaba, como diría Sanchez Boudy «el espíritu nacionalista y el progreso basado en nuestra propia voluntad». Y debe ser, pues cuando el poeta español Federico García Lorca llegó a La Habana el 7 de marzo de 1930, según escribió el historiador de La Habana Emilio Roig de Leuchsenring, solía visitar bares y cafés bien entrada la madrugada en compañía de su coterráneo el musicólogo Adolfo Salazar, terminando sus noches en «las fritas de Marianao.»

Los Puestos de Frita desaparecieron igual que el café cubano, el tamalero, el churrero, el frutero, el manisero, el dulcero, el botellero, y tantas otras cosas que el comunismo en afán de control absoluto eliminó, cuando comenzaron la llamada Ofensiva Revolucionaria entre 1967-68. Con los Puestos de Frita se llevaron la última luz de progreso de un pueblo que se negó cientos de veces a ser esclavo, a vivir de la caridad ajena, un pueblo que ha pagado muy caro la equivocación de creer en quien no lo merecía.

No sé como Pepito Sánchez Boudy que ha escrito la «Filosofía del cubano.. y lo cubano», no ha incluido en su fabulosa análisis de los barberos, de los parques y los cafés, a nuestros puestos de frita, porque también tenían su filosofía. Si el parque para él fue «el palpitar de la vida nacional» y «el café el centro de la vida», el Puesto de Frita debió ser la sensibilidad cubana, que no creía en clases, estaba siempre ahí para auxiliar cualquier estómago estrujado, testigo de una ciudad alegre que no dormía. Su mejor aliado era el viento que nos invitaba a comer y deleitarnos con su sabor único que nos quedó para siempre en el paladar.-

Críticas y comentarios bienvenidos en mariaargelia@hotmail.com

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