
Leyendas
y supersticiones cubanas.
"La Leyenda de La Milagrosa"
Maggie
Guaty Marrero
El
Cementerio de Colón, principal cementerio
de la Habana, cuenta con más de 130 años,
y está ubicado en el Vedado. Es famoso
por su arquitectura funeraria y grandiosos monumentos
en los que el mármol de Carrara, el granito,
y los vitrales, se han utilizado con profusión.
Es considerado uno de los más hermosos
de América, sus bóvedas están
cuidadosamente engalanadas con impresionantes
esculturas, muchas de ellas son verdaderas piezas
de arte. Este entorno ha dado paso a las más
diversas historias y leyendas.
La tumba más popular y sin duda la más
visitada es la de Amelia Goyri de la Hoz, una
dama de alta alcurnia en vida, conocida ahora
como "La Milagrosa". A esta tumba desde
hace u
n
siglo nunca le faltan las flores ni las visitas
de devotos. Era Amelia la sobrina preferida del
conde Balboa, y se le atribuyen poderes sobrenaturales
desde su muerte de parto en 1901. Esta tumba muestra
la estatua de una mujer con un bebé en
los brazos.
-Amelia-
Fue
Amelia Goyri de la Hoz, una joven aristócrata
nacida en la Habana el 29 de enero de 1877, Amelia
se enamora de su primo José Vicente, un
joven agraciado pero pobre, el noviazgo fue rechazado
por los padres de la joven, que aspiraban desposar
a su hija con un hombre de mejor posición
social.
José
Vicente parte a la manigua con las tropas mambisas,
regresando de la guerra en el año 1900
ascendido a capitán del Ejército
Libertador, y el noviazgo es finalmente aceptado.
Al año de casados, Amelia Goyri muere víctima
de un ataque de eclampsia en el transcurso de
su primer parto, el 3 de mayo de 1901, a la tierna
edad de 24 años.
La joven, que pertenecía a la aristocracia
habanera, fue s
epultada
con su niña entre las piernas, según
la costumbre española de la época,
en que se les daba sepultura de esa forma a las
madres fallecidas durante el alumbramiento.
José Vicente su esposo, sufre un desajuste
mental tras la repentina pérdida de su
amada. Comenzó a visitar hasta dos veces
al día la tumba , vestido de negro, para
''conversar'' con Amelia, a quien no creía
fallecida.
José
Vicente observaba un rito durante sus visitas:
sonaba una de las cuatro argollas de la tapa del
panteón, la de la izquierda, la del corazón
de su esposa, y le decía: ''despierta mi
Amelia'', y ''hablaba'' con ella un largo rato.
Cuando abandonaba el lugar, se ponía el
sombrero sobre el pecho y caminaba hacia atrás,
alejándose lentamente, cabizbajo, sin darle
la espalda.
Cuenta la leyenda que tiempo después muere
el padre de Amelia, al destaparse la tumba para
enterrarlo
en
ella, José Ignacio encuentra que Amelia
está intacta y la niña se encuentra
en los brazos de ella.
La escultura que adorna la tumba fue esculpida
en mármol de Carrara, en el año
1909 por
el artista y amigo de José Vicente, José
Villalta de Saavedra, y simboliza la maternidad.
El escultor se guió por una foto de la
fallecida. El brazo izquierdo de la estatua rodea
a un recién nacido y el derecho se apoya
en una cruz latina, considerada símbolo
del sacrificio.
Comienza
a despertar curiosidad la devoción de José
Vicente y las historias que cuenta sobre su amada,
el relato del bebé transportado a los brazos
de su madre e
n
la tumba, la impactante escultura que contribuye
al ambiente sacro, y comienza poco a poco a tejerse
la historia de santidad de "La Milagrosa".
La
tumba comienza a recibir innumerables visitas
bajo las protestas del viudo, que pide a las autoridades
detenga este flujo de visitantes.
Pero
la apasionante leyenda ya está en progreso,
se le adjudican favores a la difunta dama, el
brillo de santidad se extiende. Con el cursar
de los años llegan nuevos adeptos de todas
partes. Varios milagros son atribuidos por la
población a la nueva santa, desde el poder
co
ncebir
hijos hasta los buenos partos. Desde entonces,
son miles los que la visitan en su morada eterna
en busca del tan ansiado milagro, como lo atestiguan
las flores acumuladas alrededor del sepulcro,
y las lápidas con mensajes de agradecimiento.
La tradición consiste en saludarla, haciendo
sonar una de las cuatro argollas de metal que
adornan la bóveda, y tocando la parte inferior
de la imagen esculpida. Los visitantes le dan
la vuelta a la tumba y van solicitando su petición,
siempre cuidando no darle la espalda a la estatua
mientras se recorre el reducido espacio que ocupa.
Se le otorga a "La Milagrosa" grandes
y milagrosos poderes, al punto de que muchos han
pedido su canonización por parte de la
Iglesia Católica.
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