
Biografía imaginaria, pero con personaje
real»
Antonio Orlando Rodríguez, premio
Alfaguara de Novela, habla sobre 'Chiquita',
la historia de una vedette cubana.
Armando
López, Nueva York
29 de febrero de 2008
Antonio
Orlando Rodríguez, premio Alfaguara de
Novela.
Chiquita, la novela, acaba de ganar el Premio
Alfaguara de Novela 2008. Pero esta novela es
también una entrevista. Antonio Orlando
Rodríguez es el periodista que intenta
desentrañar los límites entre
la verdad y el mito de Espiridiona Cenda, una
vedette cubana de 65 centímetros de altura
que alcanzó la gloria en París
y Nueva York en el siglo XIX.
La
novela es contada por esta pequeñísima
mujer en el ocaso de su vida. En remembranzas
recorre su infancia, en Matanzas, y los escenarios
de Estados Unidos y Europa, sus muchos amantes
—el tamaño no le fue impedimento—, hasta
la decadencia de la artista, que se resiste
a ser exhibida como una bestia de circo. Y todo
esto con la guerra de independencia de Cuba
como telón de fondo.
"Chiquita
es una novela elegante y llena de vida, reconstruye
la época de máximo esplendor de
los teatros de variedades, y logra traer otra
vez a la vida, en todo su genio, su crueldad
y su encanto, a un personaje inolvidable, con
una imaginación sin descanso, que despliega
como una inmensa partitura", destacó
el jurado, presidido por el nicaragüense
Sergio Ramírez.
El
autor, Antonio Orlando Rodríguez, nació
en Ciego de Ávila, pero a los seis años
sus padres se mudaron para La Habana, y ahí
se quedó. Vivía en La Puntilla,
cerca del mar. Por diez años escribió
literatura infantil, lo premiaron, publicó
una decena de historias fantasmagóricas,
de vampiros y dráculas, y hasta experimentó
a cuatro manos, con Daína Chaviano, Alberto
Serret y Cheli Lima, la telenovela Hoy es siempre
todavía.
¿Le
leían sus padres los cuentos de Poe o
Stevenson?
Fíjate
que no. No vengo de un hogar de lectores. Mis
padres no leían, no eran intelectuales.
Yo me fui haciendo del hábito de la lectura
por el camino, a medida que fui creciendo, me
fui haciendo un adicto a los libros.
¿Cómo
se enteró de la existencia de Chiquita?
Nancy
García, una amiga que vive en Miami,
es fanática de la internet, y en sus
búsquedas encontró una foto de
Chiquita, una liliputiense que medía
sólo 26 pulgadas, y me la envió.
Me quedé muerto, más cuando supe
que había sido una celebridad en Estados
Unidos.
En
Cuba jamás había oído hablar
de ese personaje. Y luego supe por qué
en la Isla nadie la conocía. Había
salido de Cuba siendo una desconocida, nunca
regresó, y en Estados Unidos se volvió
un ídolo, al punto que en 1901 el presidente
Mac Kinley la recibió en la Casa Blanca.
Quiere decir que, mucho antes de Gloria Estefan,
una cubana fue invitada a la Casa Blanca.
¿Cómo
hizo la investigación para saber la vida
de Chiquita?
La
primera parte de su vida transcurre en Matanzas,
entre la Guerra de 1868 y la de 1895. La segunda,
cuando llega a Estados Unidos. Su vida transcurre
básicamente en Nueva York, pero también
en París, porque tuvo una carrera internacional.
La
parte de Nueva York no me fue difícil.
Tú sabes: están los periódicos,
los museos, y todo está en archivos.
Requería tiempo, pero no era lo más
difícil. Lo peor era investigar la historia
de Matanzas, los pequeños detalles. Y
yo pensaba que encontrar todo eso, por lo menos
para mí, que vivo del lado de acá,
iba a resultarme imposible..jpg)
Sin
embargo, todo lo encontré en Miami, en
un centro maravilloso que se llama Colección
Herencia Cubana, una biblioteca que está
en la Universidad de Miami. Toda mi investigación
sobre Matanzas y las dos guerras de independencia
de Cuba, la hice en esa biblioteca.
¿Terminó
la investigación antes de comenzar a
escribir, o escribía en paralelo, a medida
que iba descubriendo los escenarios del personaje?
La
investigación me llevó todo un
año. Claro que a veces necesitaba ahondar
en una calle, un paisaje, pero era sólo
para redondear detalles. Luego, escribir la
novela me llevó cinco años.
¿Cómo
compara sus primeros libros para adultos, los
cuentos de Strip-tease, con Chiquita?
Aprendices
de brujo y Chiquita son mucho más ambiciosas,
complejas, atrevidas, burlonas, con todo un
trasfondo histórico, escritas con más
libertad creativa. En Cuba publique varios libros,
me premiaron, pero fuera de Cuba me ha sido
mucho más fácil abordar y publicar
todas las temáticas.
Un
total de 511 novelas inéditas se presentaron
para la edición XI del Premio Alfaguara
de Novela. De ellas, 120 de España, México
(102), Argentina (73), Colombia (57), Chile
(36), Estados Unidos (23) y Ecuador (22). ¿Pensó
alguna vez que podría ganar el concurso?
Jamás.
Estaba negado a mandar a ese o ningún
concurso. No creía en concursos. Lo que
pasa es que tengo un agente literario norteamericano,
especializado en autores latinos, que se llama
Tomás Colchie. Y él se paró
en tres y dos e insistió en que tenía
que mandar Chiquita al Alfaguara. Por mí,
no la hubiera mandado. Sabía que en ese
concurso participan cientos de novelas, y aunque
la mía sea buena, pensaba que tenía
que haber otras mejores. Nunca pensé
que me ganaría el premio. Ha sido como
un regalo.
Cuando
me llamaron para anunciarme que era el ganador,
eran las seis de la mañana, y claro,
no pude dormir más.
En
su novela, Chiquita se niega a ser reconocida
con un fenómeno de circo. ¿Hubiera
sido tan famosa de ser una mujer de tamaño
normal?
El
éxito de Chiquita, la artista, aparte
de su talento, tiene una explicación.
Cuando llega a Nueva York, Cuba está
en todos los titulares de prensa. Si tú
abres un periódico estadounidense de
finales del siglo XIX, encuentras dos o tres
artículos sobre la guerra en la isla
vecina. Cuba estaba en el tapete. Y Chiquita
se anunciaba como cubana.
Cuba
hoy vuelve a estar en los titulares, no sólo
en Estados Unidos, en los del mundo, con la
renuncia a medias de Fidel Castro. ¿Cree
que el éxito de Chiquita, la novela,
le deba algo a esta coyuntura?
No
creo. Es más una novela histórica,
de fantasía, de humor, de farsa, de situaciones
grotescas, de imaginación, más
que una novela cubana.
¿No
hay contradicciones entre una novela histórica
y, al mismo tiempo, de imaginación?
No,
para nada. Chiquita es una biografía
imaginaria sobre un personaje real. Son reales
los personajes que se mueven, que hablan, los
muchos telones de fondo de la novela. Y ese
trasfondo histórico refleja la época.
Incluí muchas cosas inverosímiles
que se ligan con la verdad. En Boston, Washington
y Nueva York recorrí los lugares por
donde Chiquita se movió. Rastreé
todo lo que pude y el resto lo rellené
con mi fantasía.
¿Reconoce
influencias de algún escritor?
Yo
diría ascendencia. Me siento muy afín
con el mundo de Virgilio Piñera. La lectura
de sus cuentos fue muy impactante para mí.
Virgilio utiliza efectos dramáticos que
yo he usado después. Su mundo narrativo
es muy afín al mío.
Autor
de la novela Aprendices de brujo (Alfaguara,
2002, Rayo/HarperCollins, 2005), de los libros
de cuentos Strip-tease (1985) y Querido Drácula
(1989), y de la obra de teatro El León
y la Domadora (1998), es usted un escritor profesional,
no puede negarnos la exclusiva. ¿Qué
está escribiendo?
Estoy
preparando la investigación de una novela.
Se desarrolla en Cuba a principios del siglo
XX. Pero te digo hasta ahí. Antes hablaba
de mis novelas, que escribía y las por
escribir, pero desde que le enseñé
las fotos de Chiquita a mi agente, me dijo:
"si dices una palabra sobre el libro, te
mato". Y claro, me acostumbré al
silencio.
Foto
2: Espiridiona Cenda (Chiquita), una vedette
de 65 centímetros de altura que alcanzó
la gloria en París y Nueva York en el
siglo XIX.
Tomado
de Encuentro en la Red.