
Permiso para quejarse
MANUEL VAZQUEZ PORTAL*
Cuando un gobernante no tiene nada que brindar
a su pueblo. Y siente miedo. Cuando un bronco
rumor, ininteligible para él, pero audible
para todos, viaja en los rostros hoscos y las
miradas torvas, el gobernante se inquieta, se
atemoriza. Y entonces trata de canalizar esas
brumosas energías a su favor. Da permiso
para las quejas y usa las trácalas necesarias
para que una explosión inesperada no
le desgaje el poder.
En
un país enfermo, arruinado, poco tiene
Raúl Castro que brindar. En una tierra
hastiada de promesas incumplidas, poco tiene
Raúl Castro que augurar. En una nación
desdibujada por la incuria interior y el desarraigo
exterior, poco tiene Raúl Castro que
conciliar. La suerte está echada. Ese
erial, económico y moral, que es ahora
mismo Cuba no admite promisiones, plazos ni
explicaciones. No es con parches ni cataplasmas
que sanará el desgarrón. Se impone
la cirugía a fondo, la amputación
de las partes gangrenadas.
Y
Raúl Castro no es el cirujano para tamaña
operación. El tiene algunos conjuros.
Sabe algunos rituales de brujo menor. Conoce
algunos hechizos populares entre practicantes
inexpertos. Pero su mano inhábil, envejecida
y torpe no alcanza para la incisión certera,
la sutura precisa. Guarda, eso sí, y
con mucho celo, el cetro transferido. Que si
bien no sabrá usar para el bien, está
dispuesto a enarbolarlo para reprimir con fiereza.
Los
que esperan de él una reestructuración
que se avenga con los intereses nacionales,
más que soñar, deliran. Es demasiado
pragmático, demasiado familiar. Intuye,
o alguien se lo dijo en ese largo camino del
permanentismo político, que si mueve
una vértebra se le derrumba el esqueleto.
Y no dejará en la inopia a sus herederos
y a sus fieles.
Sus
generales o sus ujieres aguardan socarronamente,
con frasecitas ambiguas y poses de meritorios
incomprendidos, ser convocados para acompañarlo
nuevamente y emprender el nuevo reto, olvidan
que el tiempo es un bicho voraz y sin partido
y que sus antiguos peldaños ya están
ocupados por otras alimañas tan leales
como ellos. Es triste. Lo siento. Pero las añoranzas,
a veces, enceguecen y hacen creer que el cartero
llamará dos veces. Uno es el tiempo de
la siembra y otro es el tiempo de la siega.
No volverán las oscuras golondrinas.
Hay un pueblo entero esperando cosechar aunque
sea un sitio digno donde caerse muerto.
Los
que aspiran a un gesto de nobleza por parte
del uterino (perdón, quise decir interino,
pero como los dos son hijos de la propia Lina
y solo en las monarquías se transfiere
el poder por vía sanguínea, pues
me equivoqué) hacen tabula rasa del pasado.
Suspendieron historia desde la escuela primaria.
Nadie renuncia al poder sin batallar. Los dictadores
mucho menos. Para sofrenar esos instintos es
que las democracias instituyen la reelección
y limitan su número. Raúl Castro
no pasará de ese permiso para quejarse
que acaba de otorgar.
El
pueblo, aunque algo suspicaz, descreído,
le ha seguido la corriente, como lo hizo en
la década de los 90, y, como en el diván
de un invisible Sigmund Freud, hace catarsis
colectiva de todo lo que lo agobia. Habla sobre
la manquedad de la moneda nacional. Reprocha
la insuficiencia de los salarios en relación
con el coste de la vida. Critica el incumplimiento
de los planes de construcción de viviendas.
Despotrica contra el deterioro de los servicios
médicos internos en pos de compromisos
externos contraídos por el gobierno.
Machaca sobre la escasez del transporte público.
Puja contra el apartheid turístico y
social que padecen los nacionales frente a los
extranjeros. Solicita un mínimo de libertades
para la creación de pequeñas empresas
privadas que suplan la incapacidad productiva
y de satisfacción de servicios de la
economía centralizada. Todo muy a la
manera raulista: en el marco apropiado, el momento
indicado y desde una posición revolucionaria.
En
estas terapias de grupo no participan, por supuesto,
los representantes de la disidencia interna,
la prensa independiente y los grupos de derechos
humanos porque esos ya están totalmente
locos, no tienen remedio y se pondrían
a pedir la libertad de los presos políticos
y de conciencia, libertad de asociación,
libertad de prensa, elecciones libres y pluripartidistas.
Y ese no es el sentido que se le quiere dar
a estas consultas populares propiciadas por
las autoridades cubanas para expresar ''libremente''
cualquier preocupación o sugerencia.
Hasta ahí no llegan los cambios ''estructurales''
y de ''conceptos'' de que hablara el uterino
en su discurso del 26 de julio pasado. Esto
es nada más que para medios locos: militantes,
cederistas, federadas y otros casos menos graves.
Y
para que no quede dudas del alcance de estos
debates para los cuales el propio Raúl
ha dado su consentimiento, ya los heraldos oficiales
como el ministro de Cultura, Abel Prieto, andan
diciendo por España que la gente está
pensando en términos socialistas y que
la revolución cubana tiene una gran capacidad
para renovarse. Ha de ser por eso que en su
séptima infancia Fidel Castro se postulará
otra vez para las próximas elecciones
del Poder Popular.
*Periodista
cubano exiliado en Miami. Fue condenado a 20
anos por escribir cronicas y comentarios sobre
la realidad cubana, de los cuales cumplio dos,
gracias a la presion internacional y a su decision
de seguir escribiendo desde su celda en la Carcel
de Boniato en Santiago de Cuba.