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Las Balsas de la Muerte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las Balsas de la Muerte


Por José Ignacio Rasco


Lo que está sucediendo con la desesperación de los que huyen por el mar tenebroso en busca de libertad y pan es algo que enciende indignación. Claro que la culpa fundamental es del sistema terrorista cubano que allá en el año 1959 predicaba como lema redentor pan con libertad y ahora le niega a sus hijos el pan y la libertad.
Por eso el primer culpable de esta tragedia ya casi cotidiana es sin duda el régimen absurdo que vulnera todos los derechos humanos de los cubanos y los fuerza a buscar caminos de solución que con frecuencia resultan suicidas.

No termina la culpabilidad tampoco en el arrojo inconsciente de los que ahogados por la necesidad se suben al primer vehículo que pueda flotar, ni tampoco con los que a veces tratan de lucrar con ese tráfico clandestino que debieran ser duramente sancionados. Y a todo esto añadimos las implacables decisiones de la política norteamericana especialmente las leyes de inmigración y la conducta del Servicio de Guardacostas.

En estos días han muerto víctimas de todo este entramado jurídico-político dos señoras que venían en una lancha con muchos familiares. Se trata de la señora Isabel Menéndez Machado de 74 años y Luisa Cordentey y Cordentey de 56, a pocas millas de la costa. Pero los 34 restantes "balseros" fueron llevados de vuelta a Cuba, sin ni siquiera permitirles ir al entierro de las dos familias. Entre los regresados iban algunos que habían trabajado en la oposición disidente y otros que ya habían sufrido prisión en Cuba.

Todas las rápidas gestiones del abogado Eduardo Soto resultaron baldías.

Independientemente de las circunstancias y responsabilidades que puedan haber en este caso, por los promotores o escapados, el hecho de haberlos devuelto a Cuba, por la Bahía de Cabañas, sin atender a los ruegos humanitarios y a las apelaciones legales, constituye una violación jurídica y una burla a los derechos humanos.

Bien hizo nuestra representante en el Capitolio, Ileana Ros, de protestar contra la política de Washington que mantiene un criterio inamovible en la cuestión migratoria y que no tiene la voluntad para cambiar. Por otra parte, Ileana sabe que existe actualmente una fuerte corriente anti-inmigratoria en este país. Se sabe además que el pueblo de los Estados Unidos no está plenamente consciente de la trágica situación cubana.

Pero yo quisiera agregar otro punto de vista muy personal. Creo que un pequeño grupo de cubanos exiliados, de poca visión política, por su pasión cubana y sus contactos en Washington, han forzado una política de cierre y aislamiento, de pies secos y mojados, de cordón de vigilancia permanente, fomentando así una muralla de agua que divide más la familia cubana.

El libre derecho de entrar y salir del país es primario en la Declaración de Derechos Humanos, aprobada y firmada por Estados Unidos y Cuba el 10 de diciembre de 1948.

Este derecho logrado para no limitar la capacidad de cualquier sujeto para entrar y salir libremente de su país es violado tanto por Washington como por la Habana.

Más de un líder de las naciones que vivieron detrás de la Cortina de Hierro me contaban que hubo momentos de cierta libertad para salir y entrar en algunos de esos países, y que esto les permitió "reconocerse mejor los del exilio y los del interior". Así se ayudó a formar planes y proyectos de toda índole. Igualmente la penetración radial con mensajes positivos unitarios de Radio Free Europa mucho evitó mayores aislamientos. Por eso creo tan necesario que Radio y TV Martí realmente puedan hacerse sentir bien en Cuba para que el pueblo de allá y el de acá sean capaces de dialogar sobre una estrategia común liberadora.

Se impone pues una política más coherente con la realidad de la situación cubana. Si de hecho -y aún de derecho- se admite el cambio de mercancías por dólares, no tiene sentido prohibir de modo tajante y arbitrario el entra y sale de cubanos dignos. Ahora parece que sólo los espías cubanos son los únicos que tienen derecho a entrar y salir de la Isla o los funcionarios del Departamento de Estado que trabajan con mucho celo y dignidad como Mr. Cason.

Es necesario pues que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba.

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