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¿Sucesión, una alternativa posible?

Por Pedro Corzo


El poder omnímodo, el abuso sistemático y permanente de un sector de la ciudadanía contra los herejes e indiferentes, aquellos que no se incorporaban al nuevo orden, ahondo la brecha estableciendo un sistema en el que los victimarios depredaban a su antojo y las victimas sufrían del ostracismo y la discriminación, cuando no eran ejecutadas o encarceladas. El dominio generó riquezas y privilegios, una nueva clase celosa de sus prerrogativas que rechaza instintivamente cualquier cambio.
Después de años de esfuerzos, de lucha en soledad en la que muchos no querían ver ni escuchar, una fracción de la oposición planteó la necesidad de impulsar un diálogo con el gobierno, pero la nomenclatura permaneció sorda. Los requiebros para sostener una discusión que terminara con la crisis nacional no tuvieron respuesta. El régimen guardo silencio y los hombres de buena fe que propusieron una alternativa que excluía la violencia fueron fuertemente criticados por sus propios aliados, llegando a ser calificados, en el mejor de los casos, de ingenuos.

Esta situación se extendió por años y en tanto la familia se dividió y los amigos se perdieron. Un día cualquiera, el oficialismo siguiendo un guión con el que pretendían desmentir actuaciones pasadas, permitió recordar la familia hereje y admitió que el amigo podía volver a serlo, siempre y cuando se abstuviera de promover sus ideas o atentar contra el Paraíso. Este contacto y la voluntad de reducir los espacios que nos separan impulsó a muchos, mas allá del pensamiento político, a debatir sobre la posibilidad de una Reconciliación, de un encuentro en las diferencias que demandaba, eso sí, el reconocimiento de los errores y la admisión de excesos y abusos contra la dignidad humana.

La reconciliación propuesta no sería olvido, pero proponía incluir en el debate nacional la aceptación del concepto de rivalidad sin que significara que continuarían asesinándose lo unos a los otros. Sería estar conscientes que las diferencias deberían ser debatidas democráticamente y el resultado respetado por las partes. Llevaría implícito acatar que, aunque el tránsito de una sociedad de arbitrariedades, torturados, desaparecidos y fusilados a una de respeto, equilibrio y derechos es una tarea muy difícil, también era muy urgente iniciarla.

Sin embargo esa Reconciliación en la medida que la demanda el país continúa siendo una quimera. Las autoridades gubernamentales cubanas impiden el contacto necesario para que el pleno conocimiento del pasado posibilite la construcción de un futuro-presente donde todos y cada uno ocupemos el espacio que nos corresponde.

La reconciliación y la alternancia de poderes, la sustitución de las ideas dominantes y en consecuencia la constitución de otro sistema social no implica la transformación del hombre, pero si demanda que deje de ser victima sin convertirse en victimario. Procurar el cambio de nosotros mismos, explorar en la mejora de nuestra condición humana y aprender a vivir en una sociedad de respeto y derecho.

Arribar a esta certeza es fundamental. Sólo el esfuerzo por un entendimiento humano previo, como alternativa a un eventual proceso judicial, puede favorecer la gestación y desarrollo de cualquier otro proceso que demande la Cuba de mañana, evitando así reeditar errores históricos.

El pensamiento y la acción de un amplio sector del pueblo cubano que se opone al totalitarismo han ido evolucionando con el tiempo hacia pautas que establecen como premisa para la solución de cualquier diferendo, el dialogo y la concertación. Probablemente ese cambio es consecuencia de los fracasos de todas las fórmulas anteriormente usadas para acabar con el régimen, derivados quizás de una toma de conciencia de que la realidad moderna rechaza la confrontación, o simplemente el oportunismo ramplón de quienes creen que cualquier medio justifica los fines que hagan posible acabar con una pesadilla que ha marcado el ser cubano de forma indeleble.

El propósito inicial de la oposición al totalitarismo era la ruptura, destruir el sistema, por ese motivo en una época se opuso a la violencia oficial la violencia de los oprimidos. Cuando la violencia que promovía la oposición internamente no fue posible, tratamos de exportarla y generar así nuevas crisis al régimen, que al no concretarse hizo posible que el Poder asumiese el monopolio de la fuerza, la que ha usado en todas las variantes a su alcance de forma indiscriminada durante estos 47 años.

Estas generosas propuestas de Diálogo y Reconciliación que se originó en aquellos que no tenían poder político pero a los que paradójicamente la realidad histórica les daban toda la razón, no prosperaron, porque era imprescindible que las partes en conflictos se pusiesen de acuerdo para sostener aunque fuese un primer encuentro, lo que al no suceder demostró una vez mas que la voluntad de uno, nunca hace una pareja.

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