
Por:
Adrián Leiva
De que el hombre hace ver las estrellas sin precisar
de telescopios y que la necesidad es madre de
los inventos, son dichos que se cumplen a diario.
En eso de inventar para mitigar el hambre cualquiera
es capaz de hacer volar la imaginación,
echándole la mano a cuanto aparezca a su
alcance para elaborar, y quizás sin proponérselo
logrará el plato más inesperado
por tal de llevarse a la boca un poco de alimento,
convirtiéndose de paso en el creador de
un aporte al arte culinario.
Según
cuenta la historia esto es justamente lo que ocurrió
a un residente neoyorquino, cuando casi desfallecido
de hambre y sin un centavo en el bolsillo, agrupó
en un poco de arroz cocinado los restos de otros
productos conseguidos dando así origen
al famoso arroz frito, que no fue invento chino
como muchos creen.
En
Cuba, donde se extendió por toda la Isla
una amplia colonia de chinos desde el siglo 19,
también se hicieron famosos los restaurantes
propiedad de esos laboriosos emigrantes, quienes
hicieron las delicias de los comensales cubanos
con su diversidad de platos. A estos lugares,
conocidos popularmente con el nombre de fondas,
acudían las personas con menos recursos
económicos por los bajos precios de sus
comidas. Por ello, comer en las fondas de los
chinos era casi sinónimo de pobreza, aunque
no faltaban quienes con mejores posibilidades
económicas las visitaban para degustar
los platos elaborados con vegetales, carnes y
mariscos.
Los
lugares más recordados donde se expendía
alimentos eran las áreas aledañas
a la plaza de Cuatro Caminos y el Barrio Chino
de Zanja en La Habana, aunque existían
otros lugares ubicados en zonas cercanas a la
capital cubana. Entre los recuerdos de mi infancia
permanecen visitas realizadas a algunos de estos
restaurantes de comida china acompañado
de mi padre, antes de que fueran confiscados en
los finales de la década del sesenta.
Todavía
era posible consumir arroz frito, sopa china y
shop suey de mariscos o carnes, acompañado
de jugos, refrescos o cerveza, a precios que de
acuerdo a la época y aún en los
mejores restaurantes de este tipo de comidas,
estaban al alcance de cualquier trabajador sin
que ello provocara una fuerte mella en su bolsillo.
Han
transcurrido más de 35 años desde
entonces, pero el gusto por el arroz frito continúa
en la mayoría de los cubanos, con la diferencia
de que en la actualidad lo que antes era una comida
ocasional y barata hoy constituye todo un lujo
casi imposible para la economía de una
familia promedio del país.
La
elaboración de un arroz frito auténtico
para cuatro personas puede ocasionar el importe
del salario de un profesional de todo un mes.
La adición de pollo, jamón, huevo,
salsa china y otros ingredientes, sin pensar en
una elaboración más sofisticada
que añada camarones y langostas al contenido,
además de difícil adquisición
hacen que elaborar domésticamente este
plato se convierta en un sueño casi imposible
de realizar.
Por
otra parte se han abierto numeroso restaurantes
de comida china, todos vinculados a sociedades
de esa nación vigentes en el país,
sobre en todo en la capital, o que dependen de
alguna manera a la red gastronómica destinada
al turismo. En las del primer grupo se puede consumir
en divisa o en su equivalente en moneda nacional,
pero los precios de todas formas son excesivamente
elevados si se les compara con lo que costaban
estas comidas en otros tiempos, aún en
la actual etapa de gobierno. Un plato de arroz
frito, muy bien elaborado en estos centros del
Cuchillo de Zanja, puede llegar a costar el nada
módico valor de 25 pesos.
Así
el arroz frito, que surgió de la necesidad
imperiosa de aliviar el hambre que tenía
una persona sin recursos, y que ya popularizado
se consideró una comida de elaboración
barata, comida de pobres durante muchos años
en Cuba, hoy constituye una exquisitez casi fuera
del alcance de un trabajador.
Información
relacionada:
La
presencia china en Cuba
Cuba,
país forjado de la mezcla de diversas nacionalidades
y razas, siempre ha reconocido, amado y respetado
el legado de la presencia china. La primera evidencia
se remonta a 157 años, cuando el 3 de junio
de 1847 arribó a la bahía habanera
la fragata “Oquendo” con 206 culíes chinos,
provenient
e
del puerto de Amoy. Desde entonces, los chinos
se han integrado a la sociedad cubana, a su cultura,
a sus actividades económicas y comerciales
y, muy marcadamente a la historia
de las luchas por la independencia nacional.
La
comunidad china en Cuba llegó a ser una
de las más prósperas e importantes
de América. Sus miembros se agruparon en
asociaciones de carácter diverso ( fraternales,
regionales, profesionales, patronímicas,
comerciales, etc.), trece de las cuales, aún
existen, algunas de ellas con mas de 100 años
de existencia. También se mantienen en
activo una farmacia, un periódico, un cine
y varias instalaciones de servicios y comercio.
Actualmente,
la comunidad chino-cubana está integrada
sólo por unos 400 chinos que inmigraron
hace más de 40 años y por decenas
de miles de descendientes de primera, segunda
y tercera generación, preparados social
y profesionalmente para trabajar en el rescate
y enriquecimiento de los aportes legados por sus
antecesores al patrimonio y la nacionalidad de
los cubanos durante más de siglo y medio.
El
Cuchillo de Zanja considerado el corazón
del Barrio Chino, constituye la arteria comercial
mas importante de la zona. Con sólo 60
metros de largo, se encuentra ubicado entre las
calles Rayo y San Nicolás, albergando en
la actualidad toda una serie de establecimientos
comerciales de gran aceptación popularidad
y colorido.
Los
restaurantes de participación familiar
ha sido un proyecto que ha logrado alcanzar sus
objetivos. Son once los establecimientos que se
han propuesto hacer comercio al estilo chino y
reanimar el área. En estos restaurantes,
se ofertan platos típicos de la cocina
china conjugados con la amplia gama que ofrece
la culinaria criolla y la internacional.