
MGuatyMarrero
06 de marzo del 2007
Cancún, México
El Médico Chino.
1852
fue un año catastrófico para Santiago
de Cuba capital de la provincia de Oriente. En
agosto un fuerte terremoto sacudió la ciudad
ocasionando fuertes daños e infinidad de
víctimas. Temblores de menor magnitud continuaron
desencadenándose por semanas, con los subsecuentes
daños para la infraestructura de la localidad.
Obligado por la situación y sin contar
con personal adecuado,
La Capitanía General de la Isla envió
un contingente de 200 presidiarios con la orden
de reparar los daños producidos por los
sismos en las edificaciones, y recoger los escombros.
Al
mes siguiente en septiembre se desató una
terrible epidemia de cólera entre los pobladores.
Se calcula que a causa de ésta enfermedad
perecieron alrededor de 2,700 personas. Al principio
los más afectados fueron las clases más
pobres. Pero poco a poco se fue extendiendo el
mal a todos los habitantes hasta llegar a las
clases altas. Dos meses más tarde en noviembre,
el cólera abatía a toda la población.
En medio de la desolación y muerte causada
por los terremotos y los cientos de enfermos que
morían diariamente de cólera una
nueva tragedia le esperaba a la ciudad.
El
10 de noviembre otro sismo sepultó bajo
escombros a un gran número de pobladores
y a un sinfín de enfermos y encargados
de éstos. El caos se hizo presente cuando
el temor al contagio trajo como consecuencia que
los trabajadores de la Salud se rehusaran a trasladar
a las victimas al cementerio para ser enterrados.
Los cadáveres permanecían al aire
libre, el pánico reinaba en los pobladores,
se generó más contaminación
y con ello más muertes. Las autoridades
se vieron en la necesidad de obligar a los presos
que se ocupaban de la limpieza y reconstrucción
de la ciudad, a trasladar y enterrar a los muertos.
Era un tétrico escenario, la epidemia no
minaba, los médicos morían con sus
enfermos, la ciudad estaba destinada a desaparecer.
Asombrosamente
apareció en escena un extraño y
exótico personaje que nadie conocía
ni sabía de donde venía: Un Médico
Chino, Damián Morales (Chang Bu Bian).
Según cuentan éste galeno comenzó
a curar a los enfermos de cólera. Toda
la ciudad comentaba sobre el milagroso método
del doctor asiático que curaba el cólera.
El
tratamiento del doctor consistía en presionar
los tendones de las axilas del enfermo hasta que
vibraran, después halaba la piel que envuelve
la nuez de Adán hasta causar un gran moretón
en la piel. Inmediatamente con una moneda china
restregaba las corvas, los brazos, las paletas,
y el espinazo del enfermo con gran rapidez y fuerza.
El tratamiento era un verdadero martirio y el
infeliz enfermo quedaba en la peor de las condiciones,
pero sobrevivía, se decía que el
chino curaba.
De la noche a la mañana, el Médico
Chino se convirtió en el personaje más
famoso de Santiago de Cuba. Era solicitado de
un extremo al otro de la ciudad las 24 horas del
día siete días a la semana. Para
facilitar su traslado las autoridades le proporcionaron
un carruaje tirado por dos caballos.
En
realidad no sabemos si los golpes, tirones y magulladuras
que infligía el prominente doctor curaban
el cólera. Quizás la respuesta era
más simple, la enfermedad estaba cediendo,
la epidemia estaba llegando a su fin. Esta cadena
de trágicos acontecimientos y enfermos
graves dieron lugar a una frase muy conocida en
Cuba: « ¡A ese no lo salva ni el médico
chino!», que se usaba cuando se presentaba
un caso tan grave que nadie podía curar,
ni siquiera Chang Bu Bian.
«Médico chino»
Se especula que era descendiente de la segunda
dinastía de los ocho emperadores Chang
que gobernaron en Kitai a partir de 1766. También
se supone que fue ancestro del valeroso mambí
chino José Bu, comandante del Ejército
Libertador, fallecido en la mayor miseria en La
Habana durante la década del 30. En realidad
nada de lo anterior es digno de creerse ya que
no se ha podido comprobar.
Foto
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