
Por: Adrián Leiva
LA
HABANA, Cuba - Por mis manos habían circulado,
como casi siempre entre la prisa por la espera
de otras personas deseosas de leer, alguna que
otra revista donde entre los artículos,
crónicas y noticias de otros periodistas
también se publicaban los del periodista
independiente Omar Rodríguez Saludes. Debo
confesar que en aquella época la mayoría
de los escritos de la prensa independiente que
llegaban a mis manos surtían un efecto
extraordinario, al saber que en medio de un sistema
totalitario existían hombres y mujeres
que se atrevían a desarrollar tan noble
tarea desde Cuba mostrando el verdadero rostro
de la realidad cubana.
Lejos
estaba yo de pensar que años más
tarde transitaría por esa misma ruta y
así comprender que no se trataba de desafiar
el poder de un estado totalitario, sino todo lo
contrario, asumir el riesgo de ser deshumanamente
aplastado por el simple hecho de ejercer un derecho
que tiene toda persona en el mundo, escribir y
publicar sus escritos.
Así
comencé a conocer del actuar cívico
y del ejercicio al derecho de la libertad de cubanos
como Omar y otros tantos que hoy guardan prisión
por ejercer el periodismo alternativo dentro de
Cuba.
Un
día de verano a finales de los noventa,
cuando me dirigía a la casa de Oswaldo
Payá, coincidí con un joven montado
en un "frankestein", especie de híbrido
artesanal de bicicleta con motor, autopropulsado
con gasolina y a ratos con los pedales, donde
era difícil establecer donde terminaba
la bicicleta para dar comienzo a la motocicleta,
uno e los inventos criollos que a muchos le resolvió
el problema de transporte en los años más
duros del Período Especial. En uno de esos
artefactos conocí a Rodríguez Saludes.
Ese día me lo presentaron y tuve la posibilidad
de conversar algunas palabras con él sobre
periodismo independiente en Cuba.
A
partir de ese momento nos encontramos con más
frecuencia, lo que me permitió conocer
más sobre su vida. Así supe de su
matrimonio de 19 años con su adorable esposa
Ileana Marrero, fruto del cual existen tres hijos:
Osmany de 17 años, Yohandry de 9 años
y Patricia, la menor, con sus dos años
recién cumplidos. A pesar de las limitaciones
materiales con que vivimos los humildes en este
mundo, ambos supieron crear una riqueza de amor
y felicidad en compañía de sus tres
hijos, realidad de la que son testigos sus vecinos
en la barriada habanera de Lawton. Pero en la
mañana del 19 de marzo de 2003 el amor
y la felicidad de este hogar se vio alterado por
los rigores de un prolongado registro y el arresto
de Omar Rodríguez Saludes por parte de
la policía política cubana, para
se condenado días después a veintisiete
años de prisión en la conocida causa
de los 75.
Cuando
se produjo el secuestro de Omar en el seno de
su hogar y a la vista de su familia, bajo el amparo
de la injusticia vestida de ley, su hija menor
sólo tenía tres meses de edad. Desde
entonces el foto reportero ha conocido tres prisiones.
En la última a la que ha sido trasladado,
la prisión de Agüica en Matanzas,
a casi 200 kilómetros de su lugar de residencia,
es visitado cada dos meses por su esposa y en
ocasiones por sus hijos, visita que se realiza
atravesando por las penurias que pone de la difícil
situación del transporte y la economía,
lo que ocasiona gastos en los que sólo
por concepto de equivalencia supone casi cinco
veces el salario promedio de un trabajador cubano.
Por
ejercer el derecho a la libertad de expresión
otro hogar cubano vive el dolor de ver a un ser
querido sometido al sufrimiento injusto y a tres
menores de edad privados del calor paterno.
Omar Rodríguez Saludes es hoy uno de los
cubanos que con dignidad cumple una injusta condena,
donde sus acusadores son los verdaderos acusados
ante la historia contemporánea de Cuba.