
Por
Arturo Pino Navarro, Ingeniero Agrónomo
Uno
de los aspectos que más se ha discutido
en el exilio y también en el pueblo cubano
de la isla y que ha provocado en el primero situaciones
tensas y sobre lo cual se ha escrito en extenso,
es el relativo a la propiedad, tanto industrial
como agrícola, sobre todo esta última.
Sin embargo, estas ideas no han sido expuestas
con claridad a nuestro pueblo, provocando reacciones
adversas, que a la vez han sido explotadas políticamente
con tensiones al “exilio de Miami”, tergiversando
las opiniones y dando lugar a un clima de temor
y descontento a los que pudieran ser afectados
principalmente la propiedad urbana y dentro de
ésta, las viviendas.
Aunque
esto último es un tema de vital importancia,
no lo desarrollaremos en este trabajo, pero sí
estamos en el deber de exponer nuestro criterio
de que no habrá despojos en la propiedad
urbana, las viviendas, que hoy en día son
ocupadas en su mayoría por personas de
escasos recursos, con los cuales habrá
que llegar a acuerdos y de ser necesario sustituirse
su dueño legal en lugar y grado del Estado,
analizando en cada caso las medidas adoptadas
para tomar una decisión lo más justa
posible. Esto sobre todo en la vivienda urbana
pequeña y modesta, ya que otra cosa sería
en las viviendas provenientes de la clase media
alta o alta que puede estar mayormente ocupada
por altos funcionarios del régimen, por
oficiales de jerarquía del ejército,
consulados, embajadas, representantes de esos
gobiernos en que parte de los mismos aparecerían
desocupados por aquellos funcionarios del régimen
que no han mantenido una conducta adecuada y que
serían los más.
Volviendo
al tema que más nos interesa en este trabajo,
de la propiedad rural, es conveniente que fijemos
nuestra posición como defensor del derecho
a la propiedad privada, del respeto a la misma
con las limitaciones que pudieran señalarse
en la propia constitución de 1940; que
rinda un beneficio tanto en lo económico
como en lo social y que la no puesta en producción
de parte de dichas propiedades, obedezca a principios
económicos y técnicos y que estén
de acuerdo con la política agrícola
del país.
A
partir de 1959 con la llegada del Castro Comunismo
al poder y haberse dictado las leyes de Reforma
Agraria que constituyeron un gran fraude y engaño,
hubo una gran transformación de la propiedad
privada, pasando esta totalmente al Estado, trasformándose
el régimen de tenencia y tamaños
de propiedad y con la adopción de medidas
arbitrarias, excediéndose en lo dispuesto
por las propias leyes agrarias, lo que provocó
que solo quedarán como de propiedad privada,
las fincas no mayor de dos caballerías
que aparecen registradas y controladas por la
Asociación Nacional de Agricultores Pequeños
(ANAP) , que son aquellos precisamente que han,
actuado en forma más eficiente en la producción
de los llamados “frutos menores” en la producción
del café y sobre todo en el tabaco. Las
fincas con una extensión de más
de dos caballerías (1 caballería=13.42
ha), con las naturales excepciones, pasaron todas
a control del Estado y aunque originalmente su
destino era repartirlas a agricultores, no se
hizo, afortunadamente por un lado y creándose
una serie de formas de explotación, siempre
bajo las condiciones y manejo del Estado, aunque
enmascarado en ocasiones estas acciones con la
constitución de Cooperativas, que en realidad
son pseudo-cooperativas de Producción y
las Cooperativas de Créditos y Servicios
que han sido forzadas a unirse con el Gobierno
al objeto, según ellos, de tener un mejor
aprovechamiento de las tierras y de los recursos,
con obligación de cumplir metas de producción
fijadas por el Estado, la obligación de
entregar su producción a los Centros de
Acopio y con los precios previamente fijados por
la autoridad, luego las llamadas”fincas del Estado”
o Empresas del Estado, generalmente de más
de 100 caballerías dedicadas principalmente
a los cultivos de caña de azúcar,
arroz, cítricos, etc. y pastos y forrajes.
Estas fincas fueron transformadas en las llamadas
Unidades Básicas de Producción Cooperativa
(UBPC) que también se han tratado de enmascarar
y enmarcar bajo el régimen de Cooperativas,
pero que son las mismas fincas del Estado bajo
un régimen de administración siendo
las modalidades de su manejo, planes de producción
y venta, totalmente controlados como se ha dicho
antes, en forma directa o indirecta por el Estado,
en las mismas no hay cesión de tierra,
se entregan en usufructo y que por propio reconocimiento
del Gobierno han sido un fracaso ya que los agricultores
no tienen el más mínimo estímulo,
no pueden tener iniciativa y persiste el control
de la producción.
Puede
afirmarse que el dueño de todas las tierras
en Cuba, exceptuando los pequeños agricultores,
es el Estado, lo que podría permitir el
tomar medidas dentro de “un plan gradual acelerado”,
para la devolución de estas tierras, en
todos los casos en que sea posible.
Dado
la continuación en los fracasos, desde
hace algunos años y comenzando con la industria
azucarera, la participación del Ejército
ha sido cada día más notoria en
el campo agrícola, con vista a tratar de
superar los problemas evidentes, cada día
mayores, de la caída de la producción
y tambien el solucionar las necesidades de la
alimentación del propio ejército
y supuestamente de su familia, el aumento de la
producción y su intervención en
el control y distribución de la producción.
Es
posible, que dentro de tanta desgracia los miembros
del ejército vayan aprendiendo más
sobre la agricultura y sientan amor por ella,
lo que podría ser beneficioso en el próximo
futuro, cuando Cuba sea libre y retornen como
civiles al campo, hoy prácticamente despoblado,
contribuyendo así a su bienestar y el del
país.
Por
otro lado, este control del Ejército de
gran parte de la producción agrícola,
pudiera obedecer a planes siniestros de constituir
los altos cuerpos en dirigentes empresariales
y que tratarían de dirigir estas empresas
agrícolas, ya directamente, mediante concesiones
del Gobierno, llegando a “la gran piñata”
similar a lo ocurrido en Nicaragua.
A
principios de 1959, se contaban con recursos provenientes
del Fondo de Fomento Agrícola por $5,000.000.00
provenientes de una ley Especial para comprar
tierras y venta posterior a los campesinos. Este
fondo estaba en manejo por el Banco de Fomento
Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC).
En una operación conjunta del Gobierno
a través del Ministerio de Agricultura
y el BANFAIC, se adquirieron tierras de la Cuban
Land dedicadas al cultivo del Tabaco en Remate
de Guane, que a su vez fueron vendidas a parte
de los aparceros, extendiéndose los correspondientes
títulos de propiedad y firmas de las escrituras
legales. Esta fue una acción en que si
se hacián propietarios a campesinos. Este
acto se pensaba que sería el principio
de otros muchos, dentro del concepto de Reforma
Agraria en el país. Al mismo asistieron
altos ejecutivos del BANFAIC, del Ministerio de
Agricultura,de la Cuban Land y los campesinos
beneficiados. El mismo estuvo avalado con la presencia
del Comandante Fidel Castro, primera figura del
nuevo Gobierno, quien concurrió firmando
como testigo de honor. Creo que después
de este no se celebraron otros que tuvieran estas
características.
Mucho
se ha escrito y debatido sobre las medidas que
pudieran resultar más adecuadas, en la
eventualidad, que esperamos muy próxima
Cuba puede liberarse del comunismo y se reinicie
un gran proceso de democratización que
conlleve la devolución de las propiedades
agrícolas confiscadas o despojadas por
el régimen comunista. Algo similar ocurrió
en la década de los 90 con la caída
del bloque Socialista Soviético y la liberación
de los países que lo conforman. Así
se han producido estudios y adoptado soluciones
que varían de acuerdo con los problemas
y características de estos países
como son la propia Rusia, Bulgaría, Hungría,
Checoslovaquia, Yugoslavia y Alemania del Este.
Creemos que las situaciones en estos países
presentan diferencias entre ellos y mucho más
con relación a los problemas de Cuba. Si
es indispensable conocer el proceso que vivieron,
que medidas han adoptado o están adoptando
y que resultados se han ido obteniendo en la práctica,
para considerar su posible aplicación total
o parcialmente en Cuba. Pero nunca adoptar soluciones
de países que tienen otro origen, otros
problemas y otras culturas en su totalidad por
arriba de las realidades de nuestro medio.
Repetimos
que no existe una fórmula general y adecuada
de total aplicación en un país determinado.
Las condiciones de los países no son las
mismas, varían de unos a otros, no puede
aplicarse una medida porque ésta haya tenido
éxito en otro país.
Si
es aconsejable el estudiar los triunfos y los
fracasos ques puedan haberse presentado, en lo
que se refiere a la propiedad agrícola,
en los países liberados del yugo en la
vieja Europa, con el objeto de sacar enseñanzas
y para diseñar fórmulas adecuadas
para Cuba.
Por eso y dada las características especiales
de la agricultura en el amplio sentido de la palabra,
a la que la misma depende en parte de condiciones
no trazadas por el hombre, que obedece a las leyes
de la naturaleza, que tiene ciclos conocidos y
que no se pueden variar por más legislaciones
que se dicten, es aconsejable actuar con mucho
cuidado en aquellos cambios que se quieran y que
se deseen introducir.
La
teoría del “golpe súbito”, terapia
de choque o del cambio inmediato del sistema;
o la “devolución” también inmediata
de las propiedades, con desconocimiento y olvido
del estado o la fase que se encuentran las producciones
en proceso o actividades relacionadas con la avicultura,
porsicultura, ganadería vacuna, etc., toda
certeza agravaría aún más
la situación alimenticia del país,
con un caos extraordinario, causando daños
que luego serían muy difíciles de
reparar. Es por ello que como principio general
somos opuestos a que esta acción se torne
en el país.
Si
creemos, es más, estamos convencidos en
que lo más correcto es luchar porque se
produzca “un cambio gradual, acelerando el periodo
de transición”, correcto en este caso,
en que gradualmente mediante el estudio por actividades,
con acciones individuales, se vaya de un régimen
de propiedad del estado a un régimen de
propiedad privada”, Después de haber transcurrido
casi 42 años, no debemos precipitarnos
demasiado y seguir cometiendo errores costosos.
No olvidemos que no podemos interrumpir la producción
y tendremos que actuar en algunos sectores, en
forma lo más temporal posible, siguiendo
los lineamientos vigentes en ese momento.
Claro
está que coincidimos que debería
hacerse esfuerzos extraordinarios, para reintegrar
la propiedad a sus dueños en pleno dominio
o la posesión que resulte, mediante la
presentación de documentación fehaciente,
siempre y cuando los mismos, o sea sus dueños
o poseedores, se obliguen a la continuación
de actividades productivas, para lo cual debería
utilizar sus propios recursos o acudir en procura
de crédito presentando el proyecto de desarrollo
correspondiente. Para ello sería necesario
contar con un Banco Agrícola, siguiendo
los lineamientos del BANFAIC, que tan buenos resultados
dio en la década de 1950 a 1960.
Si
debe quedar muy claro, que no podrán permitirse,
la toma de acciones de ocupación de las
tierras en forma tanto individual como colectiva
y de invasión de predios, ya que para ello
se creará un organismo especializado, dotado
de suficiente poder, bien sea un Departamento
o División o Tribunales de Tierra, el nombre
es lo menos importante, que deberá contar
con facultades para encargarse de este importante
y complejo problema, cuyo inicio debe ser de inmediato,
en coordinación con el Ministerio de Hacienda,
tribunales de justicia o poder judicial y como
organismo financiero al nuevo Banco Agrícola,
para tratar de elevar la producción actual,
que es muy poca, en el menor tiempo posible, para
satisfacer las necesidades mínimas de consumo
de la producción agrícola del país.
Serán
muchos los problemas que se presentarán
en relación con el uso y la ocupación
actual o cambio de destino, como haberse dedicado
a fines de construcción de una represa
o área de embalse; si se hubiese construido
mejoras en el predio como obras de riego, control
de inundaciones, plantaciones permanentes, establecimiento
de poblados, construcción de carreteras
y caminos. En todo caso de haber mejoras en el
predio, estas deberán ser satisfechas mediante
una valoración de acuerdo con el Estado,
en que se fijarán las condiciones de la
operación o se tomarán decisiones
en cuanto a compra o venta, mediante la fijación
de un valor final por organismos competentes.
Podrán
existir otras modalidades para resolver estos
problemas, ya que la producción no podría
paralizarse, como el establecimiento en este período
de transición de formas tales como: arrendamiento,
administración, sociedad mixta y otros,
hasta llegar a soluciones definitivas. No olvidemos
y esto siempre deberán tenerlo en mente,
los que tornen las decisiones que la Agricultura
no espera y que la naturaleza tiene sus ciclos
establecidos y no pueden variarse por acción
del hombre.
En
este trabajo, se ha tomado en consideración
otras charlas brindadas por quien esto redacta
en distintas oportunidades, algunas conferencias
que aparecen en el Tomo I de Desarrollo Agrícola
de Cuba, entre ellos “Reforma Agraria, empresas
económicas y medidas inmediatas por el
fallecido Ingeniero Agrónomo Darío
Espina y “Régimen de Estructura Agraria.
Tenencia de la tierra y tamaño de las fincas
en la Cuba del futuro por el Ingeniero Agrónomo
Francisco M. Jiménez, también recientemente
fallecido, quienes fueron distinguidos profesionales
preocupados siempre por una mejor agricultura
y destino de nuestra patria.
En
futuras entregas de la Revista Guardarraya, órgano
de la Confederación Campesina de Cuba en
el Exilio nos proponemos seguir tratando sobre
este tema y otros similares.