
Reinaldo
Cosano Alén, Lux Info Press
LA
HABANA, Cuba - - Corín Tellado, una de
las mujeres más famosas de Cuba en todos
los tiempos desafía el cerco oficial.
Recientemente,
mientras hojeaba libros viejos que venden clandestinamente
ancianos de escasos recursos en La Habana, una
mujer llegó a la humilde habitación
del librero. En voz baja, matizadas sus palabras
con un toque de misterio, preguntó: "¿Tiene
a Corín Tellado?"
En
igual tono misterioso, enfatizado por la penumbra
de la improvisada librería, el viejo respondió:
"No, señora, no tengo a Corín
Tellado".
Un
turista extranjero, quien también hojeaba
libros empolvados, llevado por la curiosidad y
haciéndose partícipe del misterio,
preguntó: "¿Secuestrada? ¿Quién
es esa dama tan importante que todos buscan y
no aparece por ninguna parte?"
Aunque
difícil de encontrar, Corín Tellado
está en todas partes. Lo mismo en la capital
que en el más recóndito paraje de
la Isla. En ómnibus y camellos atestados;
en oficinas, salas de espera; en los hogares,
hospitales, parques, comercios y hasta en la cola
para comprar la mínima ración de
pan.
Lectura
atractiva principalmente para mujeres, las novelitas
rosa de Corín Tellado, lo mismo que las
historietas masculinas de cowboys, cambian de
manos de una generación a otra. Sus amarillentas
páginas desgastadas por el uso, remendadas,
cosidas, han resistido los embates del tiempo:
humedad, insectos, mala calidad del papel y la
impresión, y hasta el acoso oficial.
Los
escribas del régimen hacen severas criticas
a estas publicaciones. También de la poesía
de José Ángel Buesa, de quien en
más de cuatro décadas no han publicado
siquiera parte de su obra.
Los
críticos oficialistas aducen que estas
obras no son productos culturales, sino engendros
cursis, de mal gusto, cuya temática revela
valores capitalistas que amenazan la catedral
ideológica del marxismo injertado en Cuba.
Folletines rosas y novelitas de vaqueros que,
ciertamente, circularon mucho en Cuba antes y
unos años después de 1959.
Los
censores hacen burla del contenido de esa literatura
barata y popular, porque en sus páginas
el pobre príncipe azul enfrenta grandes
obstáculos y férreas trabas sociales
para llegar a los brazos de su amada princesa,
que también lo espera y sufre. O la humilde
secretaria o criadita que ama en silencio a su
apuesto galán. Sucesión de suspiros,
tristezas, lágrimas, sobresaltos y dichas
de personajes y lectores, con el imprescindible
happy end.
Excusando
las diferencias de época, contexto social
y calidad literaria, es justo decir que La Cenicienta
y La Bella Durmiente, entre otros clásicos
de la literatura infantil; lo mismo que Otelo
y Romeo y Julieta, de Shakespeare, y Mariana Pineda,
de Lorca, en escalón dramático superior,
tratan temas, en esencia, semejantes a los folletines
de marras, cuyo único objetivo era entretener.
Sin
embargo, no es secreto que los edulcorados retratos
retocados, pero sencillos, contienen un elemento
de "diversionismo ideológico"
que los condena: esa producción folletinesca
recrea la sociedad capitalista pasada, y no concuerda
con el patrón único del régimen,
que no permite palabras de alabanza y ni un suspiro
siquiera por ese pasado.
Por
lo mismo, la condena a la hoguera de la obra de
Corín Tellado y sus congéneres novelitas
de vaqueros, va mucho más allá del
alquiler de las mismas y la persecución
de bancos de vídeo no autorizados, donde
los ciudadanos alquilan una película por
cinco pesos, con el propósito de escapar
del aburrimiento que produce la programación
de la televisión cubana.
Si
bien son discutibles las novelas de Corín
Tellado en cuanto a su factura literaria, es curioso
que con tanta fama y demanda de su obra, que no
mengua, sino que se acrecienta con el paso de
los años, no haya sido galardonada con
un Nobel de Literatura, o tal vez Nobel de la
Paz, por haber juntado a tantos en el amor, a
pesar de mantenerse como best seller en Cuba,
y también en otros países del continente.
Alguna
magia deben de poseer las novelitas de Corín
Tellado para haber sobrevivido a tantos avatares
del destino, como alimento espiritual frente a
la carencia de motivaciones existenciales.
Corín
Tellado parece recordar la gran suerte de que
el mundo no esté perfectamente cuadriculado
ni explicado, ni de que exista una línea
de pensamiento exclusiva, y quede aún espacio
para el libre vuelo de la imaginación.
¡Ese es el gran desafío e imperecedera
magia de Corín Tellado!
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Corín
Tellado: la vida en rosa
Rolando Gabrielli
Inocente pornógrafa, mercenaria, reina
de un erotismo patológico, obsesivo y tentador,
que subyace en las historias más triviales.
Así describen a esta pequeña asturiana
de 1.56 metros de altura, llamada Corín
Tellado, de 75 años y que ostenta el envidiable
récord de la más vendida en lengua
castellana con más de 400 millones de novelas
de amor.
Por décadas ha sido reina absoluta del
folletín rosado, del amor por entrega,
y con el seductor lenguaje de la intriga, de lo
inverosímil, pero que el corazón
humano ingenuo, vaciado en el supremo fracaso
del abandono, es presa fácil de la pluma
docta, como un bisturí que disecciona el
alma sobre el espejo de una felicidad prestada.
Literatura
cotidiana, basada en los ásperos caminos
del laberinto sentimental de mujeres y hombres
que buscan la felicidad del lector y se atropellan
en la trama por alcanzarla. En la sublime paradoja
de una nube rosada, se instala Corín Tellado
e hilvana con docto bisturí la ligera aventura
llena de deseos, súplicas, desaliento primario,
para en el piso, tramo desencantado muchas veces,
del alma de un lector confiado que somete su propia
historia y la confronta con las páginas
dulces, subterráneas, hábilmente
entrelazadas con dosis justas de dolor y gozo.
El folletín se refugia en la aventura cotidiana
de la mujer y el hombre común, y es ahí
donde entra la maquilladora de la realidad para
adormecer la psiquis conflictiva del lector. Con
hábiles pinceladas, la eximia encantadora
de corazones frágiles, trémulos,
macerados en el sufrimiento y la esperanza, retoca
el débil andamio de los sentimientos, los
frota con el esponjoso y sutil algodón
de la palabra cálida, afiebrada en las
sábanas más que en el cuerpo, en
el truculento sueño de la historieta que
pone a vivir a una habida lectora que busca retratarse
en ese espejo de aparente desencanto, pero que
concluirá con una milagrosa dosis de dicha
y felicidad. Es una Tía Corín, alcahueta,
trota conventos, verdadera Celestina de la palabra,
cómplice en las cruciales horas del desamor.
Es ahí donde ella entra, urde y resuelve
el puzzle de los sentimientos con astucia, en
el dorado encanto de una vida marchita, que tendrá
una salida feliz por lo general. Ella los casa,
cura, hace ver, transforma en millonarios, la
desgracia e infelicidad, la transforma en un epicentro
de batallas encaminadas al éxito. ¿Cuántos
príncipes nacidos en la pobreza y el desencanto
ha creado Corín Tellado y a cuántas
mujeres ha hecho feliz con sus finales happy?
Aventuras
livianas de casco, light, la vida en rosa, un
mundo etéreo, sentimientos con cuerda floja,
inasibles, en ocasiones, arraigados en la gracia
de la banalidad, en el pasillo sutil de lo exquisitamente
superfluo y deseado. Tantas historias dan para
otras historias, pero conformémonos con
que Corín Tellado también intenta
rescatar honras, aliviar las pesadas, frustrantes
horas del diario vivir, del ruinoso desencanto
en que suele poner la vida amorosa y sentimental
a las parejas, a la mujer y hombre de ayer, hoy
y siempre. Sus títulos son una delicia:
“Te odio por ser de otro”; “Tu pasado me condena”;
“Nunca te tomé en broma”; “A ti te quiero
más”; “No me basta tu ternura”; “Matrimonio
obligado.” “La Maestra” y “La Colegiala”, son
títulos genéricos. El arsenal de
libros editados supera los 4000 títulos.
La verdad es que el ejercicio del amor es el más
universal de todos, el más globalizado,
sin fronteras y es un tema que no tiene punta.
REINA
EN LA ADOLESCENCIA
Maestra en la dosificación, dueña
del escenario y de sus protagonistas, entra con
el viejo y sutil saco del enredo y se confabula
con su lector o lectora, mientras deja que la
soga de la maquinación anude la garganta,
conmueva, empuje hacia el pequeño precipicio
de lo aparentemente inevitable, fatal, y de paso,
para que en una nueva entrega, se resuelva en
parte y abra nuevamente el abanico del desenlace
infinito. Esa es Corín Tellado, la que
escarba en un laberinto amoroso, sentimental y
maneja su propio agenda, recorrido, ese que el
lector sigue como si necesitara un lazarillo para
cumplir con un periplo deseado. Difícil
no encontrar un hogar que alguna oportunidad no
haya tenido en sus manos una historia de Corín
Tellado, después de haber vendido más
de 400 millones de ejemplares. La más grande
y feroz hazaña en idioma castellano de
escritor alguno en la historia de la literatura.
Flota en el ambiente de muchos hogares, la atmósfera
romanticona, la sutil pomada que acaricia los
sueños de no pocas mujeres y que en algún
momento entrará el príncipe azul,
romperá el hechizo de la pobreza, de la
mala suerte, y la vida sonreirá para siempre
en el esplendor de las riquezas y en el amor eterno.
Lesbia
y Mariela, viven en un edificio de grandes cristales
en Paitilla frente al mar, mil metros cuadrados
refrigerados y alfombrados, pero no son del todo
felices, aunque nada les falta, ni siquiera el
aburrimiento. Se entretienen con juegos de video,
películas, recorridos a tiendas, peluquerías,
sauna, paseos por la ciudad donde las amigas,
hojean revistas y confiesan que a Corín
Tellado la leyeron entre los 10 y 12 años
de edad, tiempo de la fiebre romántica
y de las ensoñaciones en búsqueda
del príncipe azul. Lesbia dice que al poco
tiempo pudo comprobar que todas las historias
eran iguales y abandonó a esta sacerdotisa
de la adolescencia por aburrimiento en medio del
aburrimiento personal. ¿Pero quién
no ha leído alguna vez a Corín Tellado
se preguntaron?, sin dejar de hacer notar una
risa cómplice de jóvenes que quisieran
decir algo más.
Iván,
ecuatoriano, de paso por Panamá, la califica
de intrigante. No sabe de donde “sacaba tanto
enredo esa señora”. Yo tenía 20
años de edad, recuerda, cuando la leía.
“Eso marcó una época en nuestras
vidas”. Me enfrascaba, recuerda, en la casa, buses,
en distintos lugares, porque me atrapaba con el
cuento del engaño, y de las pequeñas
cosas que suelen suceder en la vida real, aunque
todo es según el cristal con que uno mire
el amor.
Damaris, recuerda sus días adolescentes
en Chiriquí, cuando Corín Tellado
captó su corazón, porque ella sabía
tocar las fibras sensibles de la incertidumbre
y volcar la página final hacia el happy
end sorprendentemente esperado. Hummm, recuerda
y parece soñar en el altar de sus propias
elucubraciones: era como fumar yerba pero con
las palabras, y aunque uno no se las cree, va
y cae, vuelve a leer.
Dania,
cubana, quien podría ser uno de los personajes
idílicos de Corín Tellado, dice
que leyó en La Habana viejos ejemplares
de bolsillo durante su adolescencia, y que se
trata de historias donde se mezcla la belleza
perfecta de los personajes con mucha intriga y
los resortes psicológicos, donde los menos
favorecidos y dotados por la naturaleza crean
suspenso y son elementos esenciales de un final
feliz.
Yraida,
panameña, capitalina, quedó para
siempre vinculada a las páginas de Corín
Tellado, ya que sus padres decidieron ponerle
el nombre de uno de sus personajes de una novela
llamada Yraida y Magaly. Su prima se llama Magaly.
Algo muy propio de esa época, recuerda,
porque nuestras madres leían esas novelas.
Toda una herencia, suspira, y le reclama a los
recuerdos un nuevo capítulo.
Adelita
tiene 65 años, aún cierra los ojos
para besar, comenta, se maquilla en una peluquería
atendida por unas dominicanas, “sin príncipe
azul no hay vida”, es una de sus máximas,
hace super con los rollos puestos, le gustan los
colores fuertes en la ropa, no deja de moverse,
es salsera, le gusta Rubén Blades y conversa
de todo lo que ocurre en la farándula.
No se traga todo como si viniera de fábrica,
advierte, pero Corín Tellado “me hace ver
pajaritos preñados”, algo así como
la ilusión al cuadrado. Siempre me fascinó,
y aún hoy me doy mis escapaditas, porque
soñar no es malo, aunque no sea con la
realidad y ya no suceda nada. Corín es
la fantasía de los pobres, porque cuesta
muy poco, aunque las ticas también se suben
a su pasarela, torea Adelita con el idioma que
asimila como si fuera un escombro lleno de brillantes.
Yo, relata, a veces cocinaba leyendo la historia
que revoloteaba por mi cabeza y me producía
cosquillas y quizás por eso sea que esa
señora haya vendido tantos ejemplares y
no se canse de escribir. Ahí está
la historia de algunas amigas, vecinas, de más
de alguna prima, de una niña pobre de provincia,
de la ricachona, porque el repertorio de la señora
Corín Tellado, comenta Adelita sin equivocarse,
es muy amplio y nos jamaquea el corazón
con algunas bobaditas que todas queremos leer
y que nos digan. Yo soy una entre esos millones
de millones de mujeres que han leído y
siguen leyendo sus historias. “He llorado como
una loca con algunas historias, pero ella se las
ingenia para encontrar la luz en el túnel.
Casi siempre está de parte de un final
feliz, donde todos los obstáculos, la adversidad,
el engaño, la maldad, son vencidos. Quizás
esa no sea la realidad, señala Adelita,
pero me gusta que así sea en la novela.
“Una mujer busca ser feliz. Gracias Corín.”
El
libro de Guiness la registra como la más
vendida, ya que ha editado más de 5 mil
novelas, una verdadera fábrica de sueños
e ilusiones, envueltas en papel celofán
para las amas de casa. Una receta para el diván
de los sueños.
El folletín tiene una historia y fue uno
de los estilos más populares en la literatura
alrededor de 1830, en el creativo mercado de la
prensa francesa, el cual vio en ese suspenso del
día a día, una venta asegurada y
un lector cautivo.
Eugene Sué era el autor de los novelones
de esa época y competía, nada menos
que con Balzac, Dickens y el rey del fo-lletín,
Alejandro Dumas, según lo calificara Víctor
Hugo.
LAS MIL Y UNA NOCHES
El patrón era tan simple como el que se
emplea en los clásicos relatos orientales
de Las Mil y una noches, (Abil Leylah wa leylah),
donde Scheherazada salvó su vida, tuvo
hijos y encontró la felicidad en Persia
a través del relato de historias, que le
impidieron al rey Schariar continuar con sus crueldades.
En
estas noches azarosas, el pueblo árabe
deja correr su prodigiosa fantasía, y estamos
ante una narrativa asombrosamente entretenida,
surgida en el siglo VIII y completada definitivamente
en el siglo XV, que cautiva adultos y niños
por igual, porque sus páginas contienen
la magia de la verdadera literatura y que para
algunos estudiosos constituye una “de las obras
maestras de la ficción humana”.
Los
siete siglos de la conquista musulmana en España
y Portugal, cautivaron finalmente al propio Alfonso
el Sabio, quien mandó a traducir el Corán,
entre otras obras, al tiempo que las leyendas
árabes influyeron a la propia Divina Comedia
de Dante Alighieri.
La
novela rosa, ha sido calificada de género
inmoral porque falsea intencionadamente la realidad,
situando la acción en planos sociales enfermizos
y artificiales.
EL FRIO ANDAMIAJE DE LA HISTORIA TRUCADA
Allí opera la española María
del Socorro Tellado López, desde su casona
en Gijón, con impunidad en el corazón
roto, ella construye el frío andamiaje
de la vida trucada, donde las almas infantiles,
siempre en vilo, se acomodan en el gran teatro
de la tragedia amorosa, pasional, al estilo Corín
Tellado.
Lectora
de Arthur Miller y Víctor Hugo, la anciana
patrona de este amor público de sollozos
y espinas, anclado en el diván rosa de
la vida común y corriente y anidado en
la patología de la ausencia de un mundo
propio, Corín Tellado desarrolla sin asco
su culebrón escrito para hacer estallar
las fibras menores de un amor tri-llado sobre
el vericueto de la intriga per se, esa que colinda
con el morbo y peina la desgracia en la peluquería
del asombro.
Corín, tan distante de ambos escritores
como de la literatura, escribe simplemente “novelas
de evasión para entretener”, unas 50 páginas
diarias, y sabe que no ganará el premio
Nobel de Literatura.
Ella
se considera una profesional que escribe por dinero,
y apuntó alto la cha-parrita, que ha hecho
un arte inigualable de la literatura de corazón
en el siglo XX, porque ha vendido ilusiones a
tutiplén, a mujeres que pueden ser de hielo,
fuego, fatales, lúbricas, perezosas, o
asesinas, porque para eso está la fábrica
de la imaginación de una “escritora” que
se montó en la maravillosa caja de la superficialidad
y le dio cuerda al morbo. Sí, ella puso
en vitrina sólo lo que hay de morboso,
cabalístico, de embrollo confabulador en
la Caja de Pandora de la psiquis humana y la epidemia
se extendió, haciendo público en
la ficción, aquello que en el mundo de
las pasiones pertenece al secreto universo de
cada pareja. Prendió, sobre todo, en corazones
juveniles, ávidos de aventuras, románticos
por excelencia, y también en otros más
maduros, pero igualmente adolescentes, solitarios
y en búsqueda de cupido, aunque sea prestado
por la novela rosa.
Hay
muchos excelentes medios para protegerse contra
la tentación, advirtió Mark Twain,
pero la protección más segura, recomendó,
es la cobardía. Jean Cocteau, fue más
lejos en esto de las tentaciones, de lo prohibido,
que tanto motiva al hombre y la mujer, cuando
sostuvo que Dios no habría alcanzado nunca
el gran público sin ayuda del diablo y
de sus tentaciones, por supuesto.
EN EL DOBLE FONDO DE LA PSIQUIS
La señora Tellado, ronda, busca y pone
el pie en el acelerador en el doble fondo de la
psiquis, el viejo resorte de la mente humana saturada
muchas veces por el vertiginoso tren del estrés,
el pozo de la frustración, el interminable
pasillo de la desorientación, de esa especie
de limbo al que se llega con el ocio, el no me
importa y la vagancia con pasaje expedito hacia
el horizonte, sin límite. Ella se ha atrincherado
en el lenguaje y las situaciones estereotipadas,
en la trama circular, en una suerte de pornografía
del alma, la más difícil de erradicar,
por la inocencia de su envoltorio y la fuerza
que tiene la historia, la palabra y la literatura
rosa.
La
realidad no hace soñar, por lo general,
pero el Manco de Lepanto, don Miguel de Cervantes
y Saavedra, que es la ficción misma, la
fantasía, imaginación, convirtió
El Quijote de la Mancha, en un texto para cultivar
la imaginación, la libertad y la reflexión,
ingredientes necesarios para un libro verdadero.
El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote y Sancho, perdurarán
en los tiempos, porque forman parte de la cultura
de los pueblos y su memoria. Son un prototipo,
el primer molde, en una palabra.
LIBROS: MAGICA PROLONGACION DE LA MEMORIA
Los libros, dijo Jorge Luis Borges, “son una mágica
prolongación de la memoria humana, guardan
los sueños, saberes y sentimientos de las
generaciones”.
La
diferencia está en haber leído en
la prima juventud estas Biblias literarias, verdaderos
e inagotables tesoros, como: La Isla del Tesoro,
Los Tres Mosqueteros, Tom Sawyers, Simbad el marino,
y más tarde Los Caminos de la Libertad
de Sartre, El Extranjero de Camus, La Metamorfosis
de Kafka Las Residencias en La Tierra y los Veinte
Poemas de Amor de Neruda, El Principito De Saint-Exupery,
Rimbaud, Baudelaire, Georg Tralk, Vallejo, T.
S.Eliot, Mistral, Borges, Rilke, Holderlin, Donne,
Artaud, Blake, Whitman, Lezama Lima, Prevert,
Pound, Cardenal, Kerouac, Hesse, Mann, Goethe,
Shakespeare, Lewis Carrol, y su maravillosa Alicia,
García Márquez, Cortázar,
Onetti, Bradbury y todos los libros clásicos
griegos, españoles y franceses y universales
que nos tragamos con el placer del aceite de resina
en el liceo.
Por
fortuna, la literatura es otra cosa, mi estimada
Corín, y usted lo sabe. Ernest Hemingway,
boxeador, cazador, pescador y escritor en la primera
línea de batalla, es su antítesis,
porque comunicaba algo así como la inmortalidad
de la victoria: sentimientos, acción y
una indomable voluntad de ser. Y no sólo
se trata de salirse o adentrarse de la realidad,
sino que la imaginación va acompañada
de una cierta credibilidad que perdura en el tiempo
y en las generaciones venideras, que son en definitiva
las que consagran al escritor y la palabra.
Usted
dirá Corín en su descargo, que es
otro público, una proyección diferente
en la sociedad, que lo suyo es un juego y su verdadera
pasión es vender, pero es inevitable no
apostar al compromiso de la vida con la literatura
o a una Historia que no será lavada por
el detergente de la propia Historia.
Le concedo que usted viaja en un cómodo
carruaje de la sociedad light y que para gustos,
los colores, y que en el amor como en la guerra,
todo es válido, y además en este
año dos mil tres ya somos más de
6 mil millones de seres humanos en la Tierra,
y usted tiene lo suyo en el mercado global desde
hace varias décadas.
UN CLOSET DE SENTIMIENTOS
¿Usted sabía? que Lao Tse dijo:
“no tiene el alma ningún secreto que no
revele su conducta” como para pensar, ¿no
cree? Pero usted se ha empecinado en lo contrario
a la literatura y al arte, que desde tiempos inmemoriales
rescatan lo mejor del ser humano, sin olvidar
que el arte es vida, muerte, miedo, polvo, risa,
sacrificio, sentimientos y todo el closet humano
a su disposición.
Su éxito más que indudable, pareciera
inevitable. Y no es la única en este mundo
rosa, de realidades pueriles y animada por el
submundo de los acontecimientos que adquieren
relevancia, protagonismo y el sello de betseller
inclusive.
Patricia
Cornwell, tiene 45 años, usa el pelo corto,
es de ojos azules, delgada, más bien enjuta,
divorciada, ex cronista policial, de poca cultura
literaria, es hoy una bestseller en Estados Unidos
con sus novelas policiales trucadas con la fea
realidad, el crimen y la crueldad de una sociedad
que ella califica de violenta. Soy rica, ella
misma se describe, célebre, joven, no me
siento segura en ninguna parte, porque soy un
blanco ideal para el secuestro o el asesinato.
“Recibo cartas de presos que tienen mi foto en
su celda y que no dejarían de buscarme
cuando salgan”. Su mundo novelado es el de los
sicópatas y de la gente solitaria. Ella
también forma parte de este universo que
describe, la rodea y vive, ya que el marido de
una agente del FBI, madre de dos hijos, intentó
matarla porque había mantenido relaciones
amorosas con su mujer.
Edgar Allan Poe, dice Borges, quien lo cultivó
también el género policiaco, es
el padre de la novela policial y está vinculada
a lo fantástico. Chesterton es conside-rado
uno de los maestros, pero hoy reina más
que todo la violencia en este género, que
no se apiada ni de sí mismo.
LA VIDA REAL EN ROSA
Quizás la novela rosa y esta patología
literaria, son recursos extremos de la realidad,
la desnudan con los viciosos resortes del morbo
y la trapisonda, y la extrapolan con el oficio
inicuo de la marginalidad. Hay quienes sostienen
que no le hacen mal a nadie y que Corín
Tellado es una “inocente pornógrafa,” como
dice el escritor cubano, Guillermo Cabrera Infante,
que le tocó pasar por la vida, con su implacable
máquina de hacer historias.
La
extensión de Corín Tellado, es en
la actualidad, sin duda, el culebrón de
las telenovelas, en su mayoría con una
trama trucada, maniquea de la vida en blanco y
negro, del malo y el bueno, el bien y el mal,
y el amor que siempre triunfa después de
pasar el Niágara en bicicleta, ejercicio
nada despreciable para quien practica el socorrido
adagio: quien quiera celeste, que le cueste.
En el transcurso de la telenovela vive y vibra
en toda su intensidad, el mundo patológico
y sale a flote lo peor del ser humano, con chispas
de generosidad en contrapunto, aunque el lado
oscuro de la fuerza humana brinda un banquete
al telespectador, que atina a decir: ¡viste!,
y mira hacia el lado donde cree encontrar la respuesta
en la vida real.
Esa
confusión entre realidad y ficción,
trastoca patrones de la vida de la gente común
y corriente, cuya escalera social pareciera crecer
como mala hierba a través de la pantalla
que le hipnotiza e idiotiza, haciéndole
soñar con lo inalcanzable, en el mejor
de los casos, al tiempo que le incita a practicar
un amor deformado, de raíz violenta y a
todas luces enajenado.
EL CULEBRÓN PONE A SOÑAR DESPIERTO
El culebrón pone a soñar despierto,
introduce la falsa adrenalina de la violencia
cliché, hurga en el último piso
del yo hasta violentar la conciencia más
tímida y menos alucinada, alimentándola
de las sobras de la felicidad.
Lo que sucede, dice la gente, es que entretiene,
es poco edificante, pero divierte, y en el escenario
mayor del folletín moderno a fines del
siglo XX y en el pleno corazón de Washington,
surgió la gran novela rosa en la Casa Blanca,
con algo del porno del protagonismo y de la mano
maestra de una intrigante agente literaria neoyorkina,
Luciane Goldberg.
Luciane
fue la maquiavela que urdió que Linda Tripp
grabara las conversaciones con Mónica,
cuyo “traje azul de amor”, se mantuvo lejos de
la tintorería, como prueba, de que sí
hubo algo con propiedad donde lo impropio y equívoco
hizo de las suyas.
Contó
con todos los resortes de la publicidad, del marketing
y del escandaloso oficio milenario de la intriga
en dosis reparadoras para los insomnes apetitos
del morbo. La historia comenzó ingenuamente
en Internet y fue socavando los cimientos del
propio Presidente Bill Clinton, se instaló
en el Congreso, recorrió los Estados de
la Unión, circunvaló el mundo, entre
la incredulidad, la mofa, el descaro y el aporte
lingüístico, -no de la protagonista
solamente-, sino en el estricto sentido del término,
cuando acuñó el eufemismo de “contacto
impropio” por sexo sin penetración.
En
ese instante único, preciso, brillante,
irrepetible del derecho norteamericano, Corín
Tellado simplemente desapareció, como si
nunca hubiese escrito una sola palabra. Sucede
que la realidad mágica puesta en acción
por los grandes protagonistas de nuestra historia
cotidiana, superan cualquier novelón, porque
la gente está viendo la tragicomedia en
el capítulo diario de la TV y de Internet.
El amor, desde tiempos inmemoriales, y eso lo
sabe Corín Tellado, ha remecido los tronos
y traseros más bien puestos, en todos las
épocas y direcciones. Si hasta Troya ardió
por el rapto de Helena por parte de Paris. Cleopatra,
la diosa del Nilo, prefirió ajustarse el
cinturón, antes que volar junto con su
imperio, y su amor con Marco Antonio, la Historia
lo recuerda con encomio. La princesa Diana de
Gales, siglos más tarde, le arrancó
el corazón al mundo con su amor de novela
trágica y que culminó con una escena
fatal junto con su príncipe azul árabe,
en el “Puente del Alma”, París, donde solo
queda el recuerdo, de quien siempre vivió
como en un naufragio hasta que las olas la alcanzaron.
La Historia suele ser novela y viceversa, porque
la ficción es la suma más precisa
de todas las realidades y azares.