
MANUEL
ZAYAS, Madrid
La
noticia sorprendió, por qué negarlo:
la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento)
estudiará la legalización del cambio
de sexo de personas diagnosticadas como transexuales.
Así lo dijo en días recientes Mariela
Castro Espín, directora del Centro Nacional
de Educación Sexual (CENESEX), al corresponsal
en La Habana del diario mexicano La Jornada.
Según sus palabras, la iniciativa permitiría
que se legalicen las operaciones, así como
el cambio de identidad de esas personas. La propuesta
fue presentada ante dos comisiones parlamentarias:
la de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología
y Medio Ambiente; y la de Atención a la
Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos
de la Mujer, y recibió respaldo unánime.
Actualmente, el proyecto está en fase de
consulta, antes de su presentación como
propuesta de ley, y su discusión plenaria.
La noticia fue publicada por La Jornada, el 9
de enero de 2006. Según la fuente, la iniciativa
se presentó en diciembre último.
Sin embargo, tanto el Parlamento como los medios
de comunicación oficiales mantienen un
silencio sepulcral, dando al asunto importancia
de secreto de Estado. Y es lógico: hay
que pensar, trazar directrices.
De someterse la propuesta al pleno asambleario,
sería la primera vez que en Cuba se discuta
públicamente sobre los derechos de los
transexuales, lo cual, por una relación
irremediable, metería en agenda la defensa
de los derechos de los homosexuales.
Después de eliminar la discriminación
racial, de las mujeres y de los discapacitados,
"¿Cómo no lo vamos a hacer
también con las expresiones sexuales diversas?
Esta revolución no se puede dar el lujo
de esa incongruencia", dijo Castro Espín.
¿Quién es Mariela Castro Espín?
La directora del Centro Nacional de Educación
Sexual nació en el seno de una familia
acomodada, de jerarcas políticos y militares.
Como sus apellidos indican —salvo demostrarse
lo contrario—, es hija del matrimonio que formaron
el general de Ejército Raúl Castro
Ruz, ministro de las Fuerzas Armadas y segundo
secretario del Comité Central del Partido
Comunista de Cuba, y Vilma Espín Guillois,
presidenta de la Federación de Mujeres
Cubanas y miembro del Consejo de Estado. Siguiendo
la línea familiar: es sobrina del presidente
vitalicio, el Comandante en Jefe Fidel Castro
Ruz. Esto no es una acusación, sino un
hecho.
La biografía pública de Castro Espín
dice que fue educadora de círculos infantiles,
que se licenció en educación en
la especialidad de psicología y pedagogía,
e hizo un máster en sexualidad. Desde hace
cinco años ocupa el puesto de especialista
principal del CENESEX.
Por su formación académica y vínculo
familiar con el poder, ella es, sin dudas, la
persona más autorizada y con mayor competencia
para hablar de sexualidad en Cuba, la más
avisada sobre lo que sucede en el mundo en tal
sentido. Viajes no le faltan. Parece gozar de
cierta impunidad, por sus frecuentes apariciones
en la prensa extranjera, haciendo crítica
de la homofobia y en defensa de los derechos de
los homosexuales y transexuales.
Menciono lo de impunidad no porque el asunto en
sí sea reprochable —al menos para mí—,
sino porque ha sido la única persona que,
desde el mismo poder, ha salido al espacio público
cubano a defender esos derechos, según
recogen agencias de noticias de medio mundo, nunca
las nacionales. Hasta ahora, si algo no se ha
permitido, es caer en la grave falta de un revisionismo
histórico. En la foto de familia hacia
el extranjero, su cara es la única amable.
El
posible voto unánime
Algo que distingue a las votaciones efectuadas
en el seno de la Asamblea Nacional del Poder Popular
es que, casi siempre, o siempre, los resultados
de las mismas son unánimes. Es frecuente
ver las manos alzadas de todos sus miembros aceptando
una propuesta de ley sometida a votación,
dentro de una coreografía gestual que no
deja espacio al no, ni a la abstención.

Cuando en los años noventa se pidió
a los diputados pronunciarse sobre el aumento
de las condenas a personas que infringieran tales
y más cuales leyes, en varios delitos tipificados
como graves y que incluían la pena de muerte,
sólo una mano se alzó de las del
rebaño para decir que no, que no podía
aceptar aquello. Fue la del reverendo Raúl
Suárez, director del Centro Memorial Martin
Luther King, quien explicó que, desde su
posición de religioso, no podía
apoyar ni aplaudir la imposición de la
pena capital.
Si algo da placer a los funcionarios del poder
en Cuba son las estadísticas y la unanimidad.
Así de simple. O de complejo: lo que se
plantea ahora difícil para los que presiden
la Asamblea y sus respectivas comisiones, es redactar
un texto legal para legalizar el cambio de sexo,
y hacer ver a sus diputados que deben aprobarlo,
que los homosexuales no son perversos, ni enfermos,
y que dando el paso adelante, Cuba se convertiría
en el "primer país del mundo, incluidos
los países desarrollados, en legislar en
favor de los transexuales". Esto último
lo dicen las agencias extranjeras.
Por si algún diputado no lo entiende, habrá
que precisar que existe un informe de un tal Alfred
Kinsey, realizado entre 1937 y 1948 —el más
extenso estudio realizado sobre la sexualidad
masculina—, y que dicho informe arrojó
la cifra de que entre el 10 por ciento y el 13
por ciento de todos los hombres que viven en una
sociedad son homosexuales.
Habrá que repetirle al ilustre diputado
que en 1979 un grupo de metodología estadística,
dirigido por un tal Paul Gebhard, refrendó
esos datos con resultados parecidos, y que es
necesario legislar también para las minorías
que, según los datos porcentuales del estudio,
incluyen a muchos.
Y habrá que decirle que también
entre los diputados de la Asamblea hay homosexuales,
aunque él no lo sepa ni ningún diputado
lo diga. Y explicarle al dedillo qué cosa
es eso de los transexuales, y que de lo que se
trata aquí no es de aprobar las uniones
ni el matrimonio entre personas del mismo sexo,
como han hecho otros países, sino de aprobar
el cambio de sexo, y sobre todo de convertirse
en el primer país del mundo que logra tal
objetivo. Y punto.
¿Lo
que se avecina?
Después de silencios oficiales de toda
índole, incluidos principalmente los que
ejercen los medios de comunicación en Cuba
sobre la homosexualidad —hablo de la televisión,
la radio, las agencias y los periódicos
nacionales controlados por el Comité Central
y sus dependencias derivadas—, la sociedad cubana
mirará incrédula cuanto acontezca.
Al fin y al cabo, es una sociedad homófoba
por naturaleza y por partida doble —recuérdese
que en el país existe otro mal endémico,
y es, o ha sido (ya no sé) la homofobia
revolucionaria—.
Para
salvarse de la vergüenza de tener que dar
explicaciones ni hacer el ridículo, el
Comandante en Jefe ordenará la tirada de
miles —¡¡¡millones!!!— de ejemplares
de un manual de comportamiento cívico frente
al homosexual, el transexual y los bisexuales,
manual que seguramente encargará a los
periodistas oficiales y cuanto especialista haya.
Se convocará a un plan de lucha y erradicación
de la homofobia, se formará personal para
combatirla, se educará al policía
en el respeto y la tolerancia, se darán
charlas en la televisión y se decretará
y anunciará a mil voces: "Cuba, primer
país libre de homofobia". En definitivas,
¿no es el cubano el pueblo más culto
del mundo?
Igualmente de probable es que nada de eso ocurra.
Hasta ahora la única que ha hablado es
Mariela Castro Espín. Y, ¿qué
ha dicho Mariela?
Cambio en la letra
En el año 2004, en un dossier sobre homosexualidad
publicado por la revista Alma Mater —de casi nula
circulación en la Isla, pero el único
hasta la fecha en analizar el fenómeno—,
la especialista señaló:
"Yo no cuento con datos estadísticos
ni otras informaciones científicas para
demostrar que hay mayor tolerancia, porque de
ese tema en específico no hay investigaciones
en nuestro país. Sin embargo puedo acercarme
a ese fenómeno desde la percepción
que como profesional y como individuo tengo. Creo
que, ciertamente, desde la década de los
noventa hay una mayor aceptación de la
presencia de personas homosexuales por parte de
la población y de las instituciones públicas.
Eso no quiere decir que la contradicción
esté resuelta a niveles micro y macro sociales".
Y en otra parte de la entrevista, titulada Más
relajados, no más tolerantes, acotó:
"En la Constitución de la República
todas las personas están amparadas, independientemente
de su raza, su sexo, su edad… y, obviamente, ese
amparo incluye a las personas homosexuales, aunque
no de manera explícita (cuando se explicita
algo así se está reconociendo la
necesidad de evitar algún tipo de discriminación
como la racial, la de la mujer). Por eso, en mi
modesta opinión, cuando algún día
se le vayan a hacer cambios a la letra de la Constitución,
incluiría, explicitaría, la orientación
sexual, así como se hace con la condición
racial, femenina o etárea".
"Esto no lo considero una urgencia, pero
sí creo que en nuestras leyes debemos ser,
con respecto a ese asunto, más claros,
más evidentes, no sólo para proteger
de la discriminación a estas personas dentro
de las instituciones públicas, sino también
dentro de la institución familiar, porque
es allí en muchas ocasiones donde por primera
vez resulta transgredida la persona homosexual".
Para resumir sus palabras: ha dicho muy claro
que haría falta un cambio en la letra constitucional,
relativo a la eliminación de la discriminación
por orientación sexual y que no existen
estudios sobre la homosexualidad en Cuba.
Un único caso
En las recientes declaraciones al corresponsal
de La Jornada, ofreció los siguientes datos
en referencia a los transexuales: "De 74
personas que en todo este tiempo se han hecho
estudios y tenemos identificados como transexuales,
sólo hay 25 diagnosticados, 23 de hombre
a mujer y dos de mujer a hombre… algunos están
muy bien; a otros les resulta más difícil
su situación. Esos 25 están esperando
su oportunidad de operarse. Se van poniendo viejos
y quieren morir con su sexo cambiado".
En 1995, cuando estudiaba periodismo y colaboraba
con la agencia de noticias Prensa Latina, tuve
la oportunidad de entrevistar al doctor J.C.R.,
entonces profesor de una facultad de ciencias
médicas, que estuvo al frente de la única
operación de cambio de sexo en Cuba, realizada
en 1988.
El caso del único transexual operado oficialmente
en la Isla fue presentado en un congreso de urología
que tuvo lugar en La Habana. Enseguida, agencias
de noticias extranjeras informaron que en el país
del machismo rampante y con dirigentes de amplia
tradición homófoba, se había
logrado aquello.
Como
es lógico, el doctor y todo el equipo médico
debió ser llamado a consulta, investigado
y sancionado. La operación no fue ilegal
en sí, dada la ausencia de una legislación
que prohibiera el cambio de sexo. J.C.R. me lo
contó en una sala del Hospital Manuel Fajardo,
pero me pidió que no publicara nada. Lo
hago ahora, más de diez años después,
sabiendo que del caso se ha hablado públicamente.
"Las autoridades decidieron suspender las
operaciones hasta que se explicara adecuadamente
el fenómeno a la población",
dijo la sexóloga a La Jornada. Y parece
que las explicaciones del fenómeno llegarán
ahora, 18 años después.
Castro Espín calificó la represión
a los travestis de hace dos años con estos
términos: "todo el mundo entró
en la misma bolsa", los policías actuaron
"desde la ignorancia y desde el prejuicio",
"su actitud no respondía ni a la política
ni a la ley, porque ésta no penaliza a
una persona que se disfrace de otro sexo".
Una anécdota: en 1994, 13 hombres y 5 mujeres
crearon la Asociación Cubana de Gays y
Lesbianas, que se reunió periódicamente
en un parque habanero hasta 1997, cuando desapareció
—la agrupación, no el parque—.
En una de las típicas concentraciones de
multitudes, de esas que tienen lugar cada 1º
de mayo, el grupito salió a desfilar, portando
la bandera del arcoiris, el más internacional
de los símbolos homosexuales, y que es
también el de la tolerancia. Después
de que los aguerridos cubanos que los rodeaban
descubrieron el significado de aquel estandarte
y que en realidad se trataba de "invertidos"
—perdónese el uso de la jerga homófoba—,
comenzaron los insultos y hasta los golpes.
El mundo hoy
Para Cuba, según el mapa geopolítico
al uso, el mundo comienza en Venezuela: allí,
los avances del colectivo gay, lésbico,
transexual y bisexual (GLTB) han sido notables
en los últimos años.
Heisler Vaamonde, al frente del Movimiento Gay
Revolucionario, fundado en 2002, asegura que "ya
no se persigue en los locales de ambiente, se
nos tiene en cuenta, se apoya el Día Internacional
contra la Homofobia y el Orgullo Gay. Sin embargo,
seguimos siendo rechazados socialmente porque
la homofobia es muy grande en Venezuela… Es evidente
que nuestra orientación sexual quiere ser
parte de este cambio, y que desde luego, no la
contradice. Es la hora de que la revolución
haga que de la homofobia se pase al respeto a
todas las orientaciones sexuales".
El activista dijo recientemente a El Periódico
Gay, de circulación gratuita en España,
que entre las propuestas llevadas al Parlamento
están la presentación de un proyecto
de ley para la igualdad y no discriminación
por orientación sexual, la creación
de la defensoría GLBT y una reclamación
de laicidad del Estado, aunque descartó
que por el momento la legalización de uniones
entre personas del mismo sexo fuera prioridad.
"Tenemos el apoyo explícito del presidente
Chávez y de los partidos de izquierda.
No estar en la Asamblea Nacional nos resta capacidad
de presión, pero ya no hay excusa: toda
la cámara es de izquierdas y tienen el
deber moral y electoral de cumplir con nosotros",
refirió Vaamonde, quien se presentó
como candidato al Parlamento en las elecciones
del 4 de diciembre pasado.
Los funcionarios cubanos deben haber tomado nota
para no parecer retrógrados. Aunque no
hay constancia de que lo hayan hecho. Deberían
también mirar hacia el resto del mundo,
donde hay varios países que legalizaron
las uniones entre personas del mismo sexo y la
adopción (Holanda, Bélgica, Canadá
y España, en éste último
se emplea el término legal de matrimonio,
con los mismos efectos tanto para homosexuales
como heterosexuales), y otros que reconocen las
uniones (Noruega, Alemania, Inglaterra, Argentina,
Colombia, algunos estados de Estados Unidos),
así como otros donde se avanza y seguramente
pronto se legislará (Sudáfrica e
Israel).