Diario
Las Américas, 18 de noviembre de 2005.
LA
HABANA (AFP) - Nacieron durante la crisis de los
años 90 y viven en las grietas del mercado
negro y la corrupción: los "nuevos
ricos" de Cuba son ahora los enemigos más
peligrosos del socialismo de Fidel Castro, quien
promete cortar sus redes subterráneas de
ingresos.
Algunos,
por clásicos, se les conoce a primera vista:
profusión de alhajas de oro, teléfonos
celulares, autos recargados de aditamentos, casas
con muebles brillantes.
Pero
otros son profesionales sobrios, con centenares
de horas de vuelos internacionales, que el "sector
emergente de la economía" (dolarizado:
hoteles, restaurantes, tiendas, empresas de comercio
y servicios) les dio cabida durante la crisis
de los 90, y que la voz popular los bautizó
como "los gerentes".
En
julio de 1993, ante una crisis que hizo caer la
economía un 37% tras la desaparición
del bloque soviético, el Gobierno cubano
aprobó una serie de medidas de reactivación
"con elementos de mercado".
Se
legalizó el curso del dólar, se
permitieron remesas del exterior en divisas, se
autorizó el trabajo por cuenta propia y
algunos servicios privados (alquileres, pequeños
restaurantes), se dio prioridad al turismo internacional
como locomotora de la economía y el mercado
agropecuario, espacio regido por la oferta y la
demanda.
Todo
ello fue simultáneo a la caída en
flecha de la moneda nacional y el salario real,
la expansión horizontal del mercado negro
(muchos implicados, pero muy pocos organizados),
el robo, despilfarro y desvío de recursos
estatales, según explicó Castro.
Gerentes,
campesinos privados, intermediarios comerciales,
propietarios de pequeños restaurantes y
talleres, rentadores de habitaciones a extranjeros,
funcionarios corruptos, comenzaron a tener ingresos
muy superiores al de los trabajadores.
Un
nuevo rico gana "50 veces mas" que un
médico especialista que trabaja en un hospital
estatal o que presta servicios en otro país,
afirmó Castro.
La
pirámide social se invirtió y muchos
jóvenes desestiman la posibilidad de realizar
estudios universitarios ante un futuro incierto,
o una vez graduados, intentan emigrar.
Sus
ingresos, cuentas bancarias o ahorros "bajo
el colchón", los ubicaría en
un punto medio en la escala social de otro país,
pero en la realidad cubana, los "nuevos ricos",
como los nombró Castro, abren una brecha
social con un alto costo político, económico
y social para el socialismo que quiere el gobernante.