
Amarilis
Cortina Rey
LA
HABANA - Afirmar que el comunismo es bueno desde
un país democrático no tiene gracia.
Lo gracioso es vivir en Cuba y decir que te
gusta, por ejemplo, viajar en un camello, no poder
estudiar la especialidad
por la cual se siente vocación, alimentarte
con los pocos y malos
productos que venden por la libreta de racionamiento,
que raciona al extremo
que la gente sólo puede comer unos pocos
gramos de carne de res unavez
al año.
No
poder entrar a los hoteles del país porque
uno es ciudadano del país. No poder
matar una res de su propiedad para comer su carne
aunque el dueño del animal
o su familia se mueran de hambre. No tener acceso
a la literatura que se
desee o a la información que se busca.
Tener que fingir constantemente y educar
a los menores en esa falsedad para poder conservar
el empleo mal remunerado
o no troncharle a ellos la futura carrera que
le asigne el Estado.
Vivir
constantemente con el temor a enfrentar la justicia
por cualquier negocio
ilícito que haya que hacer para conseguir
algunos alimentos extras, o un
desodorante, un paquete de café, un tubo
de pasta dentífrica u otros productos
necesarios para la vida, porque si no se consiguen
fuera de la ley establecida
no hay cómo obtenerlos.
No
poder vender los mangos del árbol del patio
propio porque te multan, ni vacacionar
en ningún sitio del país ni fuera
de él, como tampoco se puede salir
y regresar a Cuba como lo hacen los ciudadanos
de otros países.
Llegar
a un hospital y ser atendido por un médico
que, además de hambriento y amargado,
no dispone de los medicamentos ni los equipos
necesarios para atenderte
debidamente y calmar el mal.
Tener
que depender de los familiares que lograron salir
del país para comer alimentos
con aceite o bañarse con jabón o
comprar un par de zapatos, entre otros
productos que sólo se venden en dólares.
Tener
toda esperanza, la única esperanza de mejorar
la vida y ser libre dependiendo
del sorteo de visas estadounidenses o de una salida
hacia cualquier
otro país del mundo.
Y
concluyo la lista porque sería interminable.
Todo
esto sucede hace más de 43 años.
A cambio de tener hospitales y médicos,escuelas
con televisores y algunas salas de computación
por los que no hay que
pagar.
Pues
bien, si alguien lo duda, más del 99 por
ciento de la población cubana está
contenta de vivir así, y lo acaba de expresar
en una consulta popular en la
que firmó, escribió sus nombres,
apellidos y números de carné de
identidad.
No
es gracioso.
Lo
barato sale caro. Yo prefiero que me dejen trabajar,
que no me pongan trabas,
que brote la iniciativa del cubano, muy poderosa,
y que me cobren el hospital,
los médicos, los estudios. Pero déjame
ser libre.