
Con
su libro sobre la prostitución devela la
‘apacible’ imagen del turismo en la siempre amada
isla de Cuba
Manuel
Gayol Mecías
manuel.gayol@laopinion.com
19 de noviembre de 2006
Con
un haber impresionante de más de 15 libros
publicados, cursos, participaciones profesionales
e importantes galardones literarios y de periodismo
en Cuba y el extranjero, el escritor cubano Amir
Valle (Guantánamo, 1967) se destaca no
sólo por lo prolífico de su obra
a una edad en la que muchos escritores reconocidos
comienzan a dar los primeros pasos, sino principalmente
por la calidad de sus textos en una variedad de
géneros como el cuento, la novela, la crítica,
el ensayo y su quehacer periodístico.
Es
esto último, el periodismo, lo que ha marcado
la obra literaria de este escritor; el interés
y deseo por escarbar en las miserias sociales
del mundo para transmitir su desacuerdo y rebeldía.
En
realidad, Amir ha mostrado una irrefrenable inclinación
por develar las entrañas de las más
difíciles situaciones existenciales, apegado
a una profunda solidaridad con el dolor y las
desigualdades que sufren los seres humanos. Los
marginales y, en específico, la mujer como
objeto degradado son los personajes que están
presentes en buena parte de su obra. En su interés
se presenta una sed de indagación, en grado
bien objetivo, que incide en su manera de investigar,
imaginar y escribir la realidad circundante.
Cristiano
convencido, este escritor inagotable aúna
la fuerza de la fe con su talento literario, y
con ello se convierte en un escalpelo incesante
que hurga en el fenómeno de la prostitución
para hacer surgir, de manera fehaciente y conmovedora,
una buena parte de la pudrición que subyace
en la siempre amada isla de Cuba.
La
prostitución, según el oficialismo
revolucionario, fue erradicada y prohibida en
Cuba a partir del año 1959. Pero el flagelo
resurgió y se desarrolló tan ampliamente
que hoy en día una gran parte del turismo
que va a la isla busca el disfrute del sexo.
De
aquí su último libro titulado Jineteras,
una investigación sociológica sobre
las prostitutas en Cuba que le tomó alrededor
de 10 años, publicada por la Editorial
Planeta en febrero pasado, y que se puede considerar
un libro de consulta por el rigor en las pesquisas
y las descarnadas confesiones que saltan de los
testimonios, historias y reportajes que contiene.
“Éste es el gran libro sobre las jineteras”,
dice la contraportada, “como llaman en Cuba a
las mujeres que ejercen el En esta ocasión,
Amir Valle nos revela las variadas situaciones
y entramados que se entrecruzaron en su texto
y en su vida durante un proceso de años
hasta llegar a la versión actual de este
libro, que no tiene fin, porque los buenos libros
nunca terminan de hacerse, sino que se rehacen
girando con el mundo.
En
estos momentos el escritor cubano se encuentra
en Alemania, con su esposa Berta y Lior, su hijo
menor, y todos aspiran a regresar a Cuba en el
momento en que lo decidan, contradiciendo así
las reglas del juego que siempre el gobierno cubano
le ha impuesto a los cubanos que logran viajar
al extranjero y pretenden seguir viviendo en la
isla, el de salir autorizado por un límite
de tiempo y con la posibilidad de regresar si
la Administración comunista lo estima conveniente.
Pero Amir, por su parte, está en contra
de todo esto y con su actuación y su voz
irreverente, siempre se ha definido como un hombre
libre.
1.-
Amir, para comenzar la entrevista, ¿podrías
definir el término jinetera si es que éste
tiene un origen histórico o netamente popular?
Es decir, ¿por qué a las prostitutas
en Cuba se les empezó a llamar así?
Amir Valle: Hay unas cuantas versiones sobre el
surgimiento de este término, pero el más
extendido, y creo que el más adecuado,
responde a ese espíritu siempre bromista
del cubano, a eso que Mañach llamaría
“espíritu de choteo”, y además,
aunque no lo parezca, demuestra el grado de cultura
del pueblo cubano, porque es un término
que se creó en el pueblo y luego se convirtió
en vox populi. En tiempos de la colonia los mambises
eran jinetes que cabalgaban contra el Ejército
español para luchar por su libertad. En
tiempos actuales, justo cuando surge el término,
a principios de los años 90, el país
que más enviaba turismo a Cuba era España
y, en ciertos espacios intelectuales de la isla
se hablaba, incluso, de una “segunda colonización”,
debido, entre otras causas, a la proliferación
de empresas españolas, hoteles regidos
por españoles, convenios comerciales, etc.
Al ser los turistas, digamos, “más alcanzables”,
por su presencia mayor y por la facilidad de hablar
el mismo idioma (el segundo país emisor
de turismo a Cuba era Canadá), comenzó
a decirse que las prostitutas cubanas que pululaban
en las calles de Cuba eran “amazonas”, “jinetas”,
“jineteras” que cabalgaban contra el turista español,
otra vez, como en el siglo XIX, para “luchar”
por su libertad. Así nació el término,
y estoy casi seguro que por su sonoridad, porque
sabemos que el cubano lleva la música en
la sangre, se prefirió y se extendió
la palabra “jinetera”, más sonora y hasta
más original. Quiero señalar, también,
y por eso lo entrecomillé antes, que fue
precisamente por esos años cuando se hizo
popular otro término que hoy es muy usado:
“luchar”, no utilizado ya en su sentido de “combatir”,
sino más cercano a “resolver”. Hoy el cubano
no dice: “Tengo que buscarme la vida”; dice: “Tengo
que luchar la vida”. Y ese, en apariencias sencillo
cambio, visto desde la perspectiva del pensamiento
social, significa algo muy duro: la vida en Cuba
se ha convertido en una lucha cotidiana, lo cual
nada tiene que ver con la panacea, con el paraíso
que algunos insisten en ofrecer como imagen de
la vida en la isla.
2.-
En entrevistas anteriores has contado la manera
tan singular en que un hombre del público,
en uno de tus encuentros literarios, te habló
de esa primera versión de tu investigación,
porque había visto algo por internet, y
se refirió a ella como Habana-Babilonia.
Tengo entendido que fue ahí cuando decidiste
que tu trabajo se llamaría así:
Habana-Babilonia. Sin embargo, el libro en su
última versión por la Editorial
Planeta salió con el título de “Jineteras”,
en seco. ¿Me gustaría que explicaras
un poco esta diferencia?
AV.: Yo envío el libro al Premio Casa de
las Américas, en 1999, con el horroroso
título de Sade nuestro que estás
en los cielos ó Prostitutas en Cuba. Era
el título original porque yo me decía
que aquellas mujeres y todos los personajes vinculados
a ese sucio negocio le estaban cantando una eterna
canción al Marqués de Sade. He prometido
no referirme a los detalles del asunto, pero obviamente
le hicieron una jugarreta sucia al libro para
que no se alzara con el premio, y lo marcaron.
Y ya se sabe, si Ud. quiere que algo sea difundido,
diga que está prohibido. Cuando yo fui
a recoger las tres copias del libro, un mes después,
me devolvieron solo una: las otras dos jamás
aparecieron. No niego que me entró la paranoia,
ese bicho que los cubanos tendremos que arrancarnos
algún día, porque me dije: “La Seguridad
del Estado debe estar leyendo el libro”. Y quizás
lo haya leído, y hasta imagino, con fruición,
no lo niego, que se hayan pasado el libro mano
a mano, disfrutándolo. Pero lo único
que me consta es que una de esas copias fue fotocopiada
y empezó a circular por la isla, de modo
clandestino, en una enciclopedia digital que alguien
preparó, con la mayoría de los libros
prohibidos en la isla. Lo que sucede es que en
esa enciclopedia de libros prohibidos yo era el
único autor que seguía viviendo
en Cuba. Y el que pirateó el libro tuvo
la indecencia de colocar, incluso, la página
final donde uno pone todos sus datos, siempre
que manda una obra a un concurso.
Me
cayó “un 20 de Mayo”: mensajes electrónicos,
cartas, llamadas a cualquier hora, y hasta visitas
para saber si era verdad que yo estaba en Cuba
porque, me decían algunos, “solamente a
un loco o a un suicida se le ocurre escribir algo
así y quedarse”. Fue, realmente, hermoso.
En menos de un año recibí más
de dos mil mensajes de personas que habían
leído el libro por aquella vía y
me agradecían su escritura. Hoy, pues todavía
sigue leyéndose del mismo modo, ahora alentado
por todas las prohibiciones oficiales que sobre
el libro se han hecho, conservo más de
seis mil mensajes. De modo que si aparece el pirata
que copió el libro sin mi permiso y lo
hizo circular en versión digital, tendré
que agradecerle que lo haya hecho, pues hoy mis
lectores son decenas de miles, sin exagerar, dentro
de la isla. Y lo he dicho en otras entrevistas:
a esos funcionarios estúpidos que lanzaron
la censura sobre Habana-Babilonia, tengo que agradecerles
que me hayan convertido en uno de los autores
más perseguidos por los lectores de la
isla, cuando antes era conocido, pero sólo
en el entorno literario.
Gracias
a esa circulación alucinante y gracias
a mi hermano Guillermo Vidal se produjo el cambio
del nombre. Ya, por decir las cosas que decía,
y por escribir lo que escribía, el ministro
de Cultura había “aconsejado” a los directores
provinciales eliminar mi nombre y el nombre de
Antonio José Ponte de todos los listados,
los eventos, las publicaciones del país.
Pero en Las Tunas vivió uno de los más
grandes intelectuales que ha tenido la isla en
la segunda mitad del siglo XX: el narrador Guillermo
Vidal, un hombre poseedor, además, de una
integridad descomunal. Y Guillermo, a quien me
unía una hermosa hermandad, llegó
a decir que si no se me invitaba a presentar el
libro con el que yo había ganado un premio
convocado por una institución de Las Tunas,
sencillamente él no asistiría a
la feria y si tenía que hacer una feria
alternativa en su casa, para que yo asistiera,
la haría. Finalmente, me ratificaron la
invitación y allí sucedió
eso que cuentas: el hombre se levanta, me pide
que lea fragmentos de Habana- Babilonia y yo me
digo: “Carajo, me ha confundido con otro”, se
lo hago saber y el hombre insiste: “¿Pero
usted es Amir Valle?”, y cuando le digo que sí,
el hombre me dice que era mi obra, que se llamaba
Habana-Babilonia, me contó dos historias
del libro y se puso a elogiar la parte ensayística.
La verdad es que aquel título me pareció
tan genial que decidí quitarle el anterior.
Lo
del cambio a Jineteras ya fue un proceso editorial,
y me alegro que me lo preguntes porque es algo
delicado. A Planeta no le gustó mi título
por razones comerciales, que comprendo, pero yo
había leído una novela sobre el
tema, escrita por la periodista Lissette Bustamante,
y publicada en España con el título
Jineteras y soy muy respetuoso con eso de los
derechos de autor. Mi agente literario y yo se
lo hicimos saber a Planeta, pero parece que ellos
tenían alguna cobertura legal que les permitió
insistir y publicar mi libro como Jineteras. Debo
decir que tenían razón: el libro,
con ese título, ha vendido muy bien y ha
tenido buen impacto.
3.-
¿Por qué y cómo surgió
en ti la idea de escribir un testimonio de estas
características y envergadura, sabiendo
incluso el riesgo que correrías no sólo
por tener que indagar durante mucho tiempo en
ese bajo mundo de la prostitución y la
corrupción, sino también por los
obstáculos que podrían surgir de
las propias estructuras del Gobierno? ¿Cuál
fue la idea germinal?
AV: Soy un periodista frustrado. Es una de las
deudas que la Revolución tendrá
que pagarme alguna vez. Elegí estudiar
la carrera porque uno de mis modelos de ese tiempo,
Hemingway, elogiaba la necesidad de ejercer el
periodismo para consolidar el oficio de la escritura,
y ya mi sueño era llegar a ser un gran
escritor. Luego le cogí amor al periodismo
y empecé a soñar con hacer el “gran
reportaje”. Cuando me gradué tuve suerte,
me mandaron a cumplir el servicio social en Cienfuegos
[ciudad cubana al centro de la isla] y allí
me pusieron a cubrir lo que, por esa época,
eran las únicas “obras de choque de la
Juventud”, las más importantes del país:
la construcción de la Central Electronuclear
de Juraguá y de la Refinería de
Cienfuegos. Asistí, como testigo de primera
fila, al desastre constructivo, a las mentiras
y a la manipulación informativa en torno
a esas dos obras, fui censurado por querer decir
la verdad, tuve problemas y encuentros desagradables
con el poder que hoy no quiero recordar. Y el
día que un funcionario del Partido Comunista
me dijo: “No puedes olvidar que a ti te formamos
nosotros, y que los periodistas cubanos deben
ser los portavoces ideológicos del Partido”,
tuve bien claras cuáles eran las reglas
del juego si quería seguir como periodista.
El
pago por mi silencio sobre lo que supe de cómo
se encaró políticamente esas dos
“obras de choque” fue enviarme a trabajar a la
Corporación Cubanacán, un lugar
envidiado y anhelado por muchos. Allí terminé
de abrir los ojos. Eran tiempos en que no había
desarrollo turístico y solamente existía
Cubanacán y el Intur, que no tenía
tanta fuerza. Y en esos lugares se concentró
la naciente “nueva burguesía”, que estaba
integrada, salvo raras excepciones, por familiares
de dirigentes revolucionarios, militares y demás.
Allí tuve mi primer gran choque con la
prostitución cuando vi que algunas de las
lindísimas modelos con las que trabajábamos
para hacer la publicidad (muchachas de entre 18
y 25 años) eran pleiteadas y compradas
por los jefes de las divisiones de Cubanacán,
y algunas más “avispadas” se prestaban
para “atender oficialmente” a los empresarios
que venían a Cuba para hacer negocios.
Muchas de ellas eran mis amigas y luego me contaban
cosas. Así empecé a tener interés
en contar aquello, escribir una novela sobre el
tema. Y buscando información descubrí
que aquel quizás sería ese “gran
reportaje” que siempre soñé escribir.
La coincidencia de que Cubanacán decidiera
mandarme a un curso de superación a México,
que me encontrara en el mismo aeropuerto con una
amiga de la Vocacional [escuela especializada
en diferentes carreras y profesiones] donde estudié,
y que esa amiga fuera una de las prostitutas más
renombradas de La Habana, hizo lo demás
y permitió la mayoría de los contactos
que utilicé luego para bajar hasta este
submundo y llegar donde otros no llegaron antes.
Recuerdo
que, a fines de 1998, cuando terminaba de escribir
el libro luego de varios años de recopilar
información, mi amigo Pablo Vargas (quien
fue la única persona que leyó pedazos
enteros del libro en ese momento) me dijo que
era una bomba, que si yo estaba loco. Pablo siempre
ha sido así conmigo, como un padre, y aunque
intentó prevenirme de lo que vendría,
hice lo que casi siempre hacen los hijos con los
padres: sonreír y no hacer caso. Seguí
escribiendo, sin miedo, jamás he sentido
miedo al escribir algo. Y creo que esa falta de
miedo se debe a que hubo algo de ingenuo en la
escritura del libro: yo quería llamar la
atención, honestamente, creyendo que podría
resolverse el asunto si se hacía conocido,
entendiendo que la enfermedad que no se conoce,
no puede curarse. No pretendí criticar
nada, simplemente llamar la atención sobre
un fenómeno que me parecía preocupante
y del cual, en esos años, nadie hablaba.
Los problemas más graves los tuve con algunos
elementos de ese mundo, pues a pesar de mis contactos,
a pesar del apoyo que recibí de muchos
amigos que vivían de ese negocio, y a pesar
de mis cuidados para no ofender y perturbar la
tranquilidad de nadie, hubo altercados violentos
de los cuales no salí muy bien parado.
Las violaciones de todos mis derechos como ciudadano,
que se impusieron a partir de la censura invisible
que se decretó sobre el libro, fue algo
posterior a su escritura.
4.-
¿Es cierto que el fenómeno de la
prostitución en Cuba obedece a que el gobierno
se “hace de la vista gorda”, como se ha llegado
a decir, para dejar el camino abierto a un determinado
turista que va buscando sexo, y así “romper
el embargo”?
AV.: Creo que esa fue una de las barrabasadas
cometidas que en mi libro llamo “ceguera oficial”,
pero sólo una. Yo mismo fui testigo, en
1992, de una gira que hicimos en Cubanacán
con cierto empresario español que venía
acompañado de un famoso jefe de Seguridad
de una zona turística de mucho renombre
en España. Ese jefe de Seguridad nos contó
personalmente, estando en un yate, en un cayo
virgen cercano a Santa Lucía, que uno de
los objetivos de su viaje era asesorar a los jefes
de seguridad de las instalaciones de Cubanacán
en cómo aprovechar a las prostitutas de
modo que, en vez de convertirse en una carga,
sirvieran para que el turista gastara más
dinero dentro de la instalación. También
recuerdo que los directivos incitaban el uso de
“la sensualidad” de nuestras mujeres para garantizar
un mayor impacto publicitario y no se me olvida
que eso comenzó a hacerse de modo tan abierto
que la propia Vilma Espín tuvo que intervenir
por “la imagen denigrante de prostituta que se
le está dando a la mujer cubana en el exterior”.
Ese conflicto nos lo explicó Abraham Maciques,
por entonces el presidente de Cubanacán,
en una reunión convocada para “ablandar
la imagen” de la mujer en nuestra publicidad.
Recuerdo también a cierto funcionario de
mucho poder, que luego sería ministro de
Turismo, criticando nuestro trabajo porque habíamos
puesto una muchacha blanca en un anuncio publicitario.
El hombre dijo: “Tiene que ser una negra, bien
sabrosa y con un c… de elefante. Ese cartel va
dirigido a España y a los ‘gallegos’ les
gustan las negras”. Nadie va a convencerme, entonces,
de que esos fueron deslices, de que no había
detrás de todo una estrategia para atraer
al turismo, a costa de lo que fuera.
Luego
pude entrevistar a personas que me dieron las
pruebas de que, efectivamente, se utilizó
la prostitución para atraer el turismo,
aunque fuera de modo oportunista encubierto en
estas campañas. Otros entrevistados me
dijeron que era un problema menor y hasta un funcionario,
con un descaro total, me dijo que “Cuba tiene
otros problemas más graves que resolver
que le impiden dedicarse a ponerle cinturón
de castidad a cuanta jinetera hay por ahí”.
Todavía continúa esa ceguera: ahora
dicen que ha disminuido, llevan casi cinco años
diciéndolo, y resulta que ahora el fenómeno
es más dañino, pues antes las prostitutas
estaban en las avenidas, en las zonas turísticas
adonde el cubano de a pie no podía llegar,
pero ahora, como las han reprimido allá,
se han trasladado a los barrios y operan desde
allí, convirtiéndose en una figura
más de la fauna social que abunda en la
marginalidad cubana con la que cohabita, día
a día, el pueblo cubano. La jinetera no
es despreciada ya, como en épocas anteriores
se despreciaba a las prostitutas; ahora son figuras
de éxito en una sociedad depauperada social,
moral y económicamente. Y por desgracia
hoy no se les cuestiona nada porque ellas, también,
están luchando su vida, a su modo.
Y
aunque algunos parecen olvidarlo, quiero precisar
que el gran culpable de esa ceguera es el propio
Fidel Castro. En Cuba, bien lo sabemos, todo lo
que él condena se hace condenable, y por
eso, en aquel discurso en el que él reconoció
que en Cuba había prostitutas, pero que
eran las prostitutas “más sanas y preparadas
del mundo”, se le dio luz verde al pensamiento
conformista y se extendió como concepto
la permisibilidad; es decir, había que
preocuparse, pero no tanto, porque si “el Jefe”
lo tomaba tan a la ligera, ¿para qué
preocuparse de más?
5.-
La perspectiva oficial es que no existen drogas
en Cuba, o que al menos el Gobierno no las permite,
de aquí que grandes cantidades no pudieran
entrar en una isla cerrada, vigilada fuertemente,
¿cómo es posible entonces que las
drogas pululen en todo el país y sea un
elemento inseparable, digamos, del jineterismo?
¿Te importa, por favor, ahondar un poco
en este tema?
AV.: El primer intento de desmentido contra Habana-Babilonia-Jineteras
fue ese: en Cuba no había drogas. Un editor
al cual le presenté el libro, un viceministro
que me dijo acercarse a mí “como un asunto
personal” (técnica de presión muy
utilizada por el gobierno hacia la intelectualidad),
y un periodista de esos que hoy salen en la mesa
redonda en Cuba, se atrevieron a decir que yo
mentía. Apenas un año después,
en primera plana del Granma, se reconocía
oficialmente que el fenómeno se les había
ido de las manos y que a Cuba habían entrado
en esos años cantidades asombrosas de droga,
algunas de las cuales pudieron ser detectadas
y decomisadas. Yo podría hacer otro libro
sobre ese tema, y tendría que responder
muchas preguntas que todavía no he podido
responderme. Por ejemplo: viví hasta el
2005 en la calle Perseverancia de Centro Habana,
una calle que sólo tiene cuatro cuadras.
Es la misma cuadra donde vive mi querido amigo,
el escritor Pedro Juan Gutiérrez. Y no
lo menciono por gusto. La pregunta sería:
¿por qué dos escritores de dos generaciones
distintas, con dos formaciones intelectuales distintas,
dan fe en sus libros de la existencia de la droga,
la prostitución, el mercado negro? Recuerdo
que en una “recogida policial” contra el mercado
de la droga, solamente en una cuadra de mi calle
se encontraron dos casas de fabricación
de droga y se recogió medio centenar de
vendedores. Eso es público, lo vio la gente.
Y los que fueron presos eran mis vecinos. La pregunta
que me hice entonces fue ésta: ¿por
qué no se detuvo a quienes todos conocíamos
como jefes de las bandas de la droga en aquel
barrio? De los cinco que conocíamos solamente
uno sigue preso. Lo que me consta es que esos
jefes, casualmente, eran informantes de la policía,
y ya se sabe bien a quién responde la policía
en Cuba. Es una cadena de corrupción que
va desde la base hasta esos cielos donde están
los grandes personajes de la política cubana.
Yo mismo, estando en Cubanacán, fui amigo
de algunos “hijitos de Papá” que se burlaban
de mí cuando yo mencionaba que en mis barrios
la marihuana era más popular que los cigarros
Populares. “Eso es prehistoria”, me decían.
Y gracias a mi noviazgo de varios meses con la
hija de un general cuyo nombre siempre apareció
vinculado a la creación de la empresa turística
Gaviota S.A, tuve mi primer “vuele” con lo que
ella llamó “cocaína directo de la
mata”. Nunca supe cuál era la mata, pero
me vi frente a otro de esos nubarrones que uno
siente que alguna vez, alguien, le debe despejar,
cuando ella me confesó que se la robaba
a su padre. Hoy esa “hijita de Papá” tiene
su propio negocio en un país de Europa.
¿Mi opinión?: ellos juegan con este
tema, igual que han jugado con todo, en función
de la política; cuando les conviene, lo
aprovechan y lo permiten, y cuando no, lo combaten,
porque me queda claro que tienen toda la infraestructura
para poner un freno al fenómeno, incluso
en el ámbito regional.
6.-
Amir, en la página 47 de tu libro, preguntas
a uno de tus entrevistados: ¿por qué
él cree que siempre se piensa que los chulos
son negros? Y de aquí se desprende otra
pregunta: ¿crees tú que ciertamente
ha existido racismo en Cuba durante estos años
de revolución, que incluso sea considerado
un gran tema y merezca un estudio significativo
como éste, de Jineteras?
AV.: Creo que esa es una de las asignaturas pendientes
de la Revolución. Recuerdo que hace unos
años, en el último Congreso de la
Unión de Escritores, luego de que un grupo
de artistas negros demostraran, con ejemplos bien
palpables, la existencia de conceptos discriminatorios
dentro de varias instituciones del esquema de
propaganda ideológica del país (TV,
radio, cine, básicamente), el propio Fidel
reconoció que el racismo era un gran problema
a resolver y que el error de la Revolución
había sido creer que se eliminaría
simplemente al establecer como ley la supresión
de la discriminación racial. Lo que me
sorprende es que un hombre como él, supuestamente
un genio de la estrategia social, haya pensado
que un fenómeno del pensamiento social
y el comportamiento social de tanta complejidad
como el del racismo, se eliminaba así,
con ponerlo en una ley. O fue una ingenuidad o
fue cinismo. Y creo más en esta última
variante cuando veo que el discurso político
ha utilizado con muchísima frecuencia las
pocas ventajas que se le ha dado a la población
negra para fomentar el odio contra quienes quieren
un cambio en el país, para convertir en
“enemigos de raza” a los enemigos del actual proyecto
cubano de Revolución. Un simple estudio
de la estructura de real poder político
en la isla echa por tierra cualquier tesis sobre
la igualdad del negro y la mujer en Cuba. Ese,
como escritor, ha sido uno de mis temas preferidos:
la marginalización del negro cubano dentro
del proceso revolucionario, y fue uno de los motivos
que se me dieron para impedir la publicación
en Cuba de mi novela Las puertas de la noche.
7.- En Cuba, por parte de la población,
se ha justificado siempre la corrupción,
como necesidad imprescindible de supervivencia.
Pero esto lo maneja el Estado como un gran problema
político que le ha creado el embargo o
bloqueo. Viéndolo más allá,
¿piensas que la “supervivencia” justifica
realmente el grado de corrupción y la forma
de ver la vida del cubano de hoy? ¿La prostitución
de todo tipo, la bolsa negra, la indolencia ante
los demás y el consumismo, entre tantas
cosas, son realmente necesarios para sobrevivir
en la isla?
AV.:
Lo que más me preocupa de la situación
social en Cuba hoy no es su aspecto económico,
sino los cambios profundos ocurridos en la conciencia
social. El desastre económico que es hoy
Cuba podrá solucionarse, confío,
con más rapidez de la que muchos piensan.
Pero para recuperar los valores morales que se
han perdido pasarán muchos años.
He visto cómo, 15 años después
de la caída del muro de Berlín,
esos traumas de la conciencia social sobreviven
en la población alemana que vivió
en la antigua RDA en tiempos del comunismo. Y
el cambio más terrible es ese: la creencia
de que no se es corrupto cuando uno se ve obligado
a delinquir para poder comer, para poder sobrevivir
en una sociedad podrida. Yo lo he llamado “marginalización
de la sociedad” y he dicho que el cubano hoy es
un ser marginal y que la sociedad es marginal.
Es tan lamentable la pérdida moral que
significa que alguien te diga que compra en el
mercado negro la comida necesaria para mal alimentarse
una buena parte del mes, como es lamentable y
bochornoso la amoralidad que significa que los
gobernantes le echen toda la culpa de esa situación
al bloqueo (que existe, nadie puede negarlo) y
no a su falta de gestión y a la negativa
de fomentar facilidades para que la industria
nacional y la iniciativa privada ayuden a paliar
la crisis.
Pero
no se puede olvidar algo: en Cuba todo está
preparado para que el control del país,
hasta en sus movimientos mínimos, quede
en manos de Fidel Castro y su grupo de poder.
Si quieres sobrevivir utilizando las estructuras
creadas por el gobierno, debes acatar sus leyes
y aún así tienes que “luchar” la
vida. Y es simple, o luchas tu vida en los ámbitos
de la ilegalidad, de la doble moral, de la corrupción
social, o sencillamente te mueres. No justifico
nada, pero la corrupción social que hoy
existe en Cuba, a todos los niveles, es una prueba
de esa teoría biológica que explica
cómo el ser vivo lucha, bajo cualquier
condición, por la conservación de
la especie.
8.-
¿Crees que el jineterismo (con todo lo
que conlleva: drogas, alcohol, asesinatos, extorsión,
soledad, desamparo, desamor, etc.), sea producto
de un rompimiento o división de la familia,
como célula social, y también a
la falta de una moral y cívica desde las
mejores tradiciones cubanas y universales; por
ejemplo, te menciono como causa de rompimiento
familiar y falta de orientación de valores
las escuelas en y al campo, las becas en Cuba
y en el extranjero, el “amor libre”, etc.?
AV.:
Todo forma parte de esos cambios en la conciencia
social de los que te hablaba antes. Y fíjate
que todo parece estar englobado en un mal más
amplio: la doble moral, y te aclaro que, aunque
se manifiesta en algunas otras sociedades, la
doble moral es una regularidad como fenómeno
social extensivo en todas las sociedades totalitarias.
Resulta lógico: te ves obligado a vivir
en una sociedad que te impone leyes que no compartes
pero que debes obedecer; si te enfrentas, te aniquilan
social o físicamente, y entonces te ves
lanzado de cabeza a fingir que acatas las leyes
porque crees en ella. Pienso que la doble moral,
de algún modo, es también una forma
de rebeldía: es la única libertad
que tienes, la libertad de manifestarte en contra
de lo que se te ha impuesto, aun cuando sea a
la sombra de tu vida íntima, en secreto.
El
jineterismo (y otros males de la Cuba actual),
efectivamente, encuentran su caldo de cultivo
en el rompimiento de la familia como célula
social, en la pérdida de esa moral y esa
cívica que caracterizaba a la sociedad
cubana antes de la Revolución del 59, pero
también en el impacto que en materia de
pensamiento y conciencia social significó
la implementación de una sociedad totalitaria
con todo lo que esa sociedad trae de populismo,
ateísmo y fascismo. Y, es obvio, tampoco
hay que olvidar el impacto de la depauperación
económica. Todo eso puede responderse con
otra pregunta: ¿dónde está
hoy la sociedad civil en Cuba? Por suerte, recuperar
esa sociedad civil puede ser un proceso muy rápido,
una vez ocurrido el necesario cambio en la isla;
pero por desgracia, los resultados del funcionamiento
de esa sociedad civil dentro de la conciencia
social del pueblo cubano será un proceso
mucho más largo.
9.-
¿Realmente en Cuba existe ese flagelo de
la prostitución infantil? ¿Por qué
unos cuantos de tus entrevistados no quisieron
tocar fondo en este tema? ¿Es demasiado
el riesgo y el horror que se corre en ello?
AV.: Siempre que toco este tema empiezo por hacer
una pregunta: ¿a qué edad se es
mayor según la norma internacional? La
respuesta: a los 18. Cuba ha querido negar siempre
la prostitución infantil y, sin embargo,
de las 12 mil jineteras que fueron capturadas
en la operación de 1995, se dijo que más
de un 20% eran menores de 18 años. Estadísticamente
eso quiere decir que 2,400 de aquellas jineteras
eran menores de edad. Entonces, ¿hay o
no hay prostitución infantil? En mis estudios,
en los cuales también hice un fuerte trabajo
con la estadística, obtuve un resultado
preocupante: en 1997 el promedio de edad de las
jineteras oscilaba sobre los 24 años; ya
en el 2001 en otro estudio realizado por una investigadora
de la Iglesia Bautista de Cuba (del ala oficialista
de esta Iglesia) el promedio había descendido
a los 17 años, con mayor incidencia en
muchachas y muchachos estudiantes de 11 y 12 grados.
Hay
prostitución infantil visto desde esa perspectiva,
y lamentablemente, algunos cerebros enfermos propician
la prostitución infantil de niños,
aunque en mucha menor escala. Las causas del silencio
de mis entrevistados está en tres caminos:
el primero, creo es el esencial: quienes se atreven
en Cuba a ese asqueante negocio son delincuentes
sin ningún tipo de escrúpulos, gente
muy temida dentro de la marginalidad porque son
capaces, incluso, de matar y tienen el poder y
los contactos suficientes, en el mundo de la marginalidad,
para hacerlo sin consecuencias legales; el segundo,
negarlo es estúpido, es la existencia de
un código penal muy fuerte para ese tipo
de delitos; y el tercero tiene que ver con la
sensibilidad social: para el cubano, por suerte,
un niño sigue siendo algo para amar, para
cuidar, para venerar incluso, y hasta dentro del
mundo de los delincuentes es mal visto el uso
de niños para los delitos y existen leyes
no escritas en la marginalidad que los protegen,
que los mantienen al margen hasta que tienen uso
de conciencia y pueden decidir por sí mismos.
10.-
¿Cómo se puede explicar que la corrupción,
y en particular, la prostitución, no haya
hecho mella en la inteligencia y la sensibilidad
de unos cuantos reconocidos intelectuales cubanos,
todavía dentro de la isla desde hace muchos
años, y que no hayan tomado una postura
decorosa, para denunciar las causas verdaderas
de este fenómeno?
AV.: Para ser honesto, debo decir que la mayoría
de los intelectuales cubanos se han hecho eco
y han manifestado su preocupación ante
esos problemas, ante la pérdida de valores,
ante los cambios que se estaban produciendo en
la conciencia social del cubano. He sido testigo
de ello. Y es asunto bastante común en
las conversaciones privadas y públicas
en el escenario cultural cubano. Pero hasta para
eso el gobierno tiene una solución: las
instituciones y las entidades creadas para “atender”
esas quejas, se convierten en bunkers cerrados
de los cuales sale a la luz, exclusivamente, lo
que conviene, lo que no afecta a la política
oficial, y no en cualquier momento, sino cuando
el Gobierno estima que es conveniente. Por eso
ese pensamiento intelectual sobre esos fenómenos
se ha quedado en la nada, en la invisibilidad.
Sería injusto no mencionar, dentro de ese
movimiento del pensamiento social cubano de hoy,
los espacios ganados por (o cedidos a) las revistas
Temas y Criterios, en las que se ha publicado
mucho de lo mejor que sobre estos asuntos (la
corrupción, el racismo, la discriminación,
la marginalidad, etc.) se ha escrito en la isla.
Pero sucede lo mismo: las revistas se agotan el
mismo día, no circulan más, y lo
fundamental: no salen del país, pues ofrecerían
una pésima imagen. Es un mecanismo de censura
muy útil: se le da la ilusión al
intelectual de que es escuchado y es publicado,
pero se invisibiliza su criterio hasta que desparece.
Lo
único que sí creo puede criticárseles
es que no hayan logrado rebasar esas barreras,
unos porque creen que ya han hecho lo suficiente
diciéndolo al gobierno y se sientan a esperar
con paciencia milenaria, otros por miedo a la
represión, otros porque creen que utilizar
otros escenarios es “prestarse a manipulaciones
del enemigo”, y así por el estilo. Yo escribo
de esos males, no para criticar; escribo de eso
porque vivo en esos barrios y sufro esas cosas,
y como soy un escritor realista no puedo escribir
de otro modo. Y en los últimos años,
cuando a través de mi obra me he abierto
espacios en los medios de prensa, tanto de Cuba
como del exterior, he empezado a buscarle una
explicación a por qué mis libros
pueden ser considerados “críticos”; he
empezado a buscar una relación entre el
pensamiento existente en esos libros y mi propio
pensamiento. Pero creo que la intelectualidad
cubana, por cobardía, conveniencia o fidelidad
a la Revolución, ha perdido su protagonismo
como generador y motor del pensamiento social
de la isla.
11.-
¿A qué atribuyes la degeneración
que ha habido en Cuba desde hace tantos años:
a la autocracia de Fidel Castro, al grupo de sus
colaboradores, a esa generación que tomó
el poder en el año 1959, a la presencia
histórica de Estados Unidos (en su relación
de amor y odio con la isla) o al miedo, el choteo
y la indolencia de un pueblo consigo mismo? ¿Estás
de acuerdo de que si se diera la transición,
un cambio sustancial, Cuba volvería a la
democracia real algún día? ¿Cómo
ves este cambio, cercano o será otro proceso
también dramático y penoso para
el pueblo?
AV.: Cada una de esas preguntas merecería
un ensayo bien enjundioso, de modo que intentaré
sintetizar: en mis estudios sobre la personalidad
de Fidel Castro (cuyo resultado es la novela Las
palabras y los muertos, que publicará Planeta
en el 2007), he llegado a la conclusión
de que el gran mérito de su vida es haber
logrado lo que se propuso: ser alguien que removió
la historia del siglo XX. Es el mérito
que nadie podrá quitarle. Es el ser más
camaleónico que existió en ese siglo,
un hombre sin más credo que el del poder:
cuando tuvo que ser matón fue matón;
cuando tuvo que enfrentarse al sistema que creó
a los matones se hizo líder de la oposición
estudiantil; cuando tuvo que ser ateo abandonó
hasta el recuerdo de su formación religiosa;
cuando ser comunista era una peste, dijo no haber
creído jamás en el comunismo y cuando
ser comunista le garantizó el mantenimiento
del poder bajo la égida soviética,
dijo que siempre había sido comunista.
En ese sentido, su hermano Raúl ha sido
más consecuente. De Raúl siempre
se supo qué esperar, pero de Fidel jamás.
Incluso un hombre muy cercano a él en los
primeros tiempos, tomando café en mi casa
de La Habana, me dijo que la decisión de
aliarse a la URSS no había sido forzada
por Estados Unidos como muchos pensaban. A él
y a otros más el propio Fidel les dijo:
“Puestos a escoger entre dos imperialismos, el
norteamericano y el ruso, es más inteligente
elegir el que queda más lejos”. Luego,
si analizas la concentración del poder
que tuvo en sus manos hasta hace unos meses, es
infantil e ingenuo exculparlo. Como es ingenuo
exculpar a Estados Unidos y a todas sus presidencias,
que no han logrado establecer una política
inteligente en relación con Cuba y han
propiciado la permanencia de Fidel en el poder.
Como, a pesar de estar amordazado, controlado
y desinformado totalmente, tampoco se puede exculpar
al pueblo cubano por su inopia y su mansedumbre
medrosa, que a pesar de su inconformidad mayoritaria
con la situación no ha logrado sacar fuerzas
para sacudirse del yugo de Fidel y el totalitarismo.
El
que Cuba llegue a ser una democracia real alguna
vez dependerá de los políticos.
El cubano hoy es un animal apolítico porque
ninguno de los políticos que ha conocido
les ha resuelto sus problemas. Y el cubano no
acaba de reconocer que la culpa es de él
mismo, que siempre esperó por la llegada
de un Mesías, de un caudillo, en vez de
confiar en las instituciones democráticas
más que en el hombre, que siempre es imperfecto.
El cubano está herido de política.
En ambas orillas. Y por eso hacer política
resultará difícil, especialmente
luego de que los cubanos hayamos visto cómo
en ambas orillas se lucra a costa de nuestro sufrimiento.
Hará falta una cuota de honestidad y de
transparencia aplastante, y paciencia, mucha paciencia.
Y sí, creo que Cuba volverá a ser
una nación democrática, donde funcione
la democracia, aunque en lo personal piense también
que el cubano es más cercano a la anarquía
que a la democracia.
Ese
cambio, por desgracia, será penoso y largo.
Ha sucedido así en todas las naciones que
salieron de sistemas totalitarios: España
ahora es que está saliendo del bache en
el cual la hundió Franco; los países
del ex campo socialista no acaban de alzar cabeza;
la propia Rusia sigue empantanada con tantos problemas
sociales como tuvo durante el socialismo, con
la diferencia de que ahora el mundo puede conocerlos.
Deberán pasar años porque el país
ha tocado tan a fondo en sus aspectos sociales,
económicos y morales que hará falta
hacer mucho. Lamentablemente, no lo veo cercano:
lo que está sucediendo en Cuba apunta a
un reacomodo del sistema y de sus personajes de
poder, no a su desaparición.
12.- Es conocido que eres creyente, y que sostienes
una fuerte fe en Cristo, por lo que debes estar
al corriente de las relaciones entre las religiones
y el gobierno. De este tema me surgen varias preguntas,
por ejemplo: ¿en qué medida la Iglesia
Católica y las demás religiones
cristianas (protestantes), así como las
manifestaciones de la santería, están
conscientes y tratan de combatir este trasfondo
de pudrición y corrupción generalizada
en Cuba? ¿Cómo es que estos sectores
espirituales luchan contra la institucionalización
que hace el gobierno del materialismo, del aborto
y de cómo se enfrentan al “apartheid” que
sufren los cubanos? ¿Es cierto que hay
extranjeros que van a la isla a iniciarse en la
santería y pagan en dólares?
AV.:
Creo que todas las iglesias en Cuba se han dedicado,
honestamente, a combatir esos fenómenos
dentro de la hermandad cristiana por algo obvio:
todos los males sociales que hoy afectan la isla
van contra la moral cristiana, están enfrentados
a la verdadera razón de vida de alguien
que ha conocido el amor de Jesucristo. Algunas
Iglesias se han atrevido a pronunciarse contra
esos males y han llamado a los culpables por sus
nombres, pero ya hablamos de eso en otra pregunta:
el Gobierno invisibiliza esas críticas,
de modo que su efecto se queda exclusivamente
en el marco de los que seguimos a Dios. Las Iglesias
en Cuba no tienen ninguna voz, ninguna presencia,
en los medios oficiales. Y excepto algunas tímidas
revistas de escasísimo alcance, todo su
accionar queda dentro de las mismas Iglesias.
Y el Gobierno cubano, lo ha demostrado, no le
hace caso a ninguna de sus críticas. Por
suerte, la membresía crece y ese influjo
de rescate de la moral, de la necesidad del civismo,
va siendo escuchado por más cubanos. Es
una forma de frenar, al menos un poco, el vaciado
de cerebro que ha hecho el Gobierno cubano mediante
la politización de la sociedad.
Me
da mucha gracia cuando algunos ilusos piensan
que el Gobierno ha priorizado a la religión
afrocubana por encima de la Iglesia tradicional
en Cuba: la católica y la protestante.
No se han dado cuenta de que todo responde a una
estructura de poder: la santería no está
organizada internacionalmente, no cuenta con los
medios de propaganda que sí tiene la Iglesia
Católica. Al Papa se le escucha en todos
lados (y hasta se le hace caso); los líderes
internacionales de la Iglesia Protestante tienen
influencias fuertes en muchos partidos políticos
y naciones donde predomina ese credo; al jefe
de la religión yoruba (no me sé
su nombre) sencillamente nadie lo menciona, no
existe. Fidel Castro no le da poder a la Iglesia
cubana (sea cual sea su denominación) porque
sabe que históricamente ha tenido en el
pensamiento social un poder que los gobiernos
mismos no han tenido, y se sabe que él
no está dispuesto a perder terreno de modo
tan inocente.
Sobre
tu última pregunta: es cierto, incluso
se ha convertido en un negocio turístico
que los extranjeros vayan a Cuba, se “hagan santo”
y paguen en dólares por ello. Hace poco
leí en una entrevista, en la revista Consenso,
a un babalao cubano reconocer que se estaba imponiendo
la corrupción dentro de quienes oficiaban
en esos cultos de origen africano.
13.-
¿Cómo pudiera explicarse que el
Gobierno cubano, cuando lo ha entendido necesario,
ha penetrado y controlado las distintas manifestaciones
activas de la oposición que han existido
históricamente en la isla, y en lo que
se refiere a la corrupción, las drogas
y las jineteras no haya podido lograr lo mismo,
permitiendo que se convirtieran en un fenómeno
proliferado y sistemático?
AV.: Quizás se deba a lo que te comentaba
en una pregunta: hay cosas priorizadas dentro
de la batalla política de la Revolución,
y ellos saben bien que las prostitutas no tumban
un gobierno, o al menos hasta este momento de
la historia no ha sucedido, que yo sepa. Jamás
voy a olvidar un hecho real, sucedido allá
en Santiago cuando yo estudiaba en la Vocacional.
Se despertó una pequeña ola de terror
porque una banda de delincuentes que se hacían
llamar “Los diez negritos” secuestraban niñas
y niños de las escuelas primarias, las
violaban, y al menos uno de ellos había
muerto porque le cosieron la boca para que no
pudiera llorar. Durante meses Santiago estuvo
asolada por aquel miedo. Pero la banda cometió
un pequeñísimo error: pintó
una svástica en la tumba de un mártir
de la Revolución en el cementerio Santa
Ifigenia. Dos días después los habían
capturado a todos. La moraleja es bien clara.
También,
para ser justos, la disidencia puede ser controlada
más fácil que la corrupción
por una causa simple: hoy son pocos los que se
atreven a dar la cara. Eso se mantiene a raya
con un poco de control (y el Gobierno sabe bien
de esas cosas). Pero para frenar la prostitución,
la delincuencia, el mercado negro, el influjo
de la doble moral, hay que hacer cambios rotundos
en la sociedad, pues no basta con recoger un poco
de jineteras hoy, o de vendedores de droga: cuando
pasen un par de semanas habrá otras tantas,
o más, prostituyéndose, vendiendo
droga, etc.
14.- Ahora, para terminar, Amir, sabemos que estás
en Alemania disfrutando de una beca que te han
concedido para escribir, debido al reconocimiento
que te has ganado como escritor; además,
estás junto con tu esposa e hijo; pues
bien, nos puedes hablar un tanto de qué
clase de beca es, y de qué te propones
en el futuro inmediato?¿Podrás realmente
regresar a Cuba? ¿Piensas que el gobierno
pudiera tolerar tu libro y tu presencia en el
país?
AV.: La beca la otorga el P.E.N Alemán
(de la Asociación Internacional de Poetas,
Ensayistas y Novelistas) a través de su
programa Writers in Exile, proyecto creado para
ofrecer este tipo de ayuda a escritores con trayectoria
reconocida que tengan problemas en sus países
de origen y necesiten permanecer un tiempo alejado
del país, o alejarse definitivamente en
otros casos. En las circunstancias actuales, luego
de todas las acusaciones internacionales que he
hecho contra el gobierno cubano desde que decidieron
no otorgarme mi permiso de entrada al país,
luego de la publicación de Jineteras precisamente
en una editorial que ellos consideran enemiga;
y luego del anuncio de mi próxima novela,
más dura que Jineteras, también
en Planeta, regresar es casi un suicidio, de modo
que he decidido seguirle exigiendo a Cuba mi derecho
a entrar y salir del país, pero cuando
yo lo considere conveniente, y no cuando ellos
digan, como es hoy con todos los cubanos. La prueba
de que no estaban dispuestos a tolerar mi libro
y mi presencia en Cuba es esa: aprovecharon un
viaje mío al exterior para no dejarme regresar.
Un amigo escritor, el también novelista
Raúl Antonio Capote, dice que yo soy un
mal ejemplo, pues las autoridades creen que puedo
resultar “contagioso” si la intelectualidad de
la isla ve el respeto que uno se gana, dentro
y fuera del país, cuando mantiene una posición
como la mía: de independencia desde el
pensamiento intelectual.
Amir, ha sido una satisfacción haberte
entrevistado. Asimismo agradezco la atención
que le has prestado a esta entrevista, y el hecho
de que con ella se pueda constatar ese alto grado
de humanismo que emana de tus respuestas tan transparentes
y esclarecedoras. En fin, te damos las gracias
por todo el tiempo que nos has concedido, y que
es precioso.
|
|