
San
Antonio María Claret
Obispo de Santiago de Cuba, fundador.
Patrón de tejedores
Por
MGuatyMarrero
24
Octubre - San Antonio María Claret
Nació
en Sallent en 1807 y trabajó en un principio
como tejedor, entrando más tarde en el
seminario. Ordenado de sacerdote en 1835, no tardó
en hallar su camino como predicador popular (1843).Recorrería
Cataluña durante cinco años, pasando
más tarde a Canarias.
Años
más tardes y por voluntad expresa del Papa
que había palpado la labor misionera de
Claret, es nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba,
donde realiza una pastoral en la que dio todo:
dinero, comodidades, descanso y hasta su misma
sangre. Lamentable era el estado de la Isla de
Cuba, cuando se hizo cargo de ella el Arzobispo
Claret.
El clero, escaso y deficiente; frecuente el comercio
de esclavos negros; la inmoralidad, especialmente
entre los dirigentes europeos era general. A dos
meses de su llegada, logró una gran reforma
en las costumbres del pueblo: los confesionarios
estaban a todas horas ocupados, el concubinato
se va extirpando, se arreglan matrimonios desunidos,
se reparten miles de comuniones, los sacramentos
son administrados a cientos de fieles, en fin,
una obra tan intensa que necesitó colaboradores,
formando así a las Religiosas de Maria
Inmaculada.
Trabajó
incansablemente, sin arredrarle el sinfín
de dificultades de todo orden que a cada paso
se oponían a su apostólica labor;
perseguido constantemente por los enemigos de
la Religión y de la Patria. En la ciudad
de Holguín un asesino le descargó,
con una navaja de afeitar, un terrible golpe que
le rasgó la mejilla hasta el hueso y le
hirió en el brazo.
"Cuando
salí de la iglesia -es el propio Santo
quien nos lo cuenta- se me acercó un hombre,
como si quisiera besarme el anillo, pero, al instante,
alargó el brazo armado con una navaja de
afeitar y descargó el golpe con todas sus
fuerzas.”. Pero yo llevaba la cabeza inclinada
y con el pañuelo que tenía en la
mano derecha me tapaba la boca, en lugar de cortarme
el cuello, como intentaba, me rajó la cara,
o mejilla izquierda, desde la frente a la oreja
hasta la punta de la barba, y de escape me cogió
el brazo derecho. Restablecido milagrosamente,
consiguió el indulto para su desgraciado
verdugo y, más aún, le pagó
el viaje para que pudiera regresar a su tierra.
Nuevamente los odios, en especial por parte de
los propietarios de esclavos, le asaltaron. Por
quince veces se atentó contra su vida.
A
pesar de que le encantaba Cuba, otro atentado
a su vida hizo que el Papa lo trasladase a España
nuevamente, donde la Reina Isabel II le reclama
y le nombra como Confesor. La labor apostólica
continuó en Madrid tanto dentro como fuera
de palacio, transformando la vida de miles de
fieles. Muchos inconvenientes le advinieron al
Arzobispo de este nombramiento, pero todos los
resistió y los superó heroicamente.
El 18 de septiembre de 1868, es destronada Isabel
II y proclamada la República. Claret, desterrado
con la Corte, pasa a Francia; poco después
se despide de la reina y marcha a Roma.
Asistió
al Concilio Vaticano en Roma en 1870. En el mismo,
pronunció un memorable discurso que fue
muy bien recibido, comentado y elogiado. En Francia,
los monjes cistercienses del monasterio de Fuente
Fría le hospedaron, y allí, después
de haber escrito por orden del superior de su
comunidad su autobiografía, enfermó.
Falleció el 24 de octubre de 1879. Tenía
apenas 63 años. Después de su muerte,
se le han atribuido numerosos milagros.
Fue calumniado y admirado, festejado y perseguido.
Y entre tantas maravillas, como luz suave que
todo lo ilumina, su devoción a la Divina
Madre.”.
Nota-
No se ha podido comprobar que las PREDICCIONES
atribuidas a éste santo sobre Cuba sean
ciertas.